sábado, diciembre 15, 2007

IRINA PALM (Crítica)

IRINA PALM
Dirección: Sam Garbarski
Interpretación: Marianne Faithfull, Miki Manojlovic
Megacoproducción: Bélgica, Alemania, Luxemburgo, Reino Unido, Francia
2007


El nieto de Maggie (Marianne Faithfull) está enfermo y va agotando poco a poco los recursos económicos familiares y a la vez, las posibilidades de curación. La protagonista debe decidirse por un costoso tratamiento médico fuera del país, por una forma poco ortodoxa para una abuelita de ganar dinero transformándose en Irina Palm, y por un enamoramiento inesperado en un lugar sórdido en el que se supone que nadie cree en el amor.



De entre la disidencia festivalera de la pasada Berlinale 57º, surgió un aplaudido trabajo, Irina Palm: original, atrevido, emocionante, auténtico y con buen sentido del humor. Un trabajo fruto de una mezcla de talentos frescos, empezando por el director Sam Garbarski (polaco de origen, criado en Alemania, residente en Bélgica y que optó por rodar en inglés) continuando con su ayudante (griego que creció en Alemania y que ahora vive en París), y pasando por su director de fotografía (un belga que vive en Francia), su diseñador (un italiano que vive en Luxemburgo), o el supervisor del guión en inglés que es sueco.

Entre todos y con cámara al hombro, han conseguido contar una historia dramática y a la vez jocosa, tratando el tema de la masturbación con mucha habilidad y sin una pizca de pornografía.

Pero el buen hacer no se debe solamente al equipo técnico, sino que la magia y el equilibrio descansa en el papel de Maggie vs. Irina Palm, una rockera que destila pudor, humildad, honradez… a veces desesperación, dolor, resignación… y finalmente, un inimaginable e inaudito morbo. Dándole la réplica, nos encontramos con un no menos portentoso Miki, el enigmático dueño del “Sexy World” que acabará mostrándonos toda su fragilidad contenida.

Acompañados por una buena música, por divertidos juegos de palabras, por escasos pero brillantes diálogos, miradas portentosas, algún toque almodovariano, momentos conmovedores pero no sensibleros, más de una bofetada a la hipocresía, el culto a la discreción británica y en definitiva, lo que venimos llamando en Supernovapop, una de esas perlas festivaleras.

viernes, diciembre 07, 2007

ARMA FATAL (Crítica)

ARMA FATAL
Director: Edgar Wright
Interpretación: Simon Pegg, Nick Frost, Timothy Dalton…
UK
2007


Celosos del mejor agente de policía de Londres Nicholas Angel (Simon Pegg), sus superiores lo destinan a la tranquila y en apariencia, libre de toda actividad criminal villa de Sandford, donde su talento no se luzca tanto y deje de abochornar al personal. Allí le esperan fiestas tradicionales, reuniones de vecinos y como compañeros de oficina una cuadrilla de lerdos entartados a cual más incompetente. Nicholas sospecha de tanta mansedumbre pero intenta adaptarse a su nueva vida en compañía de su colega Danny Butterman (Nick Frost), tranquilón y lleno de buenas intenciones e impaciente por conseguir sus quince famosos minutos de acción al lado del héroe. Los conseguirá.
De los creadores de la popular Zombies Party (2004) una personal “romzomcom” (comedia romántica de zombies) que era a la vez una continuación de su premiada comedia de situación de Channel 4, Spaced llega con un parodiado y desafortunado título (suena a petardo palomitero) lo mejor de las islas en los últimos tiempos, Arma Fatal.
Ya en su anterior trabajo Wricht pasó un género típicamente americano como lo es el de zombies, por el filtro de la sensibilidad y el humor británicos. Ahora han querido repetir prácticamente el mismo proceso pero con el cine de acción: una gran película de género a la inglesa sobre los “bobbies” con toda la tradición de los Monty Python, de los Benny Hill, de los Little Britain, etc etc etc

Desde la presentación de los apellidos de los personajes Danny Butterman (el hombre de la mantequilla), Shooter (tirador), Weaver (costurero), Hatcher (criador) hasta ridiculizar –y a la vez homenajear- clásicos como Harry El sucio, French Connection, Arma Letal, La jungla de cristal… y sobre todo, las citadas en la cinta: Dos policías rebeldes 2 y Le llaman Bodhi.
Estructurada en dos actos, y pese a que la primera parte es de un ritmo bastante lento, el espectador no se aburre en ningún momento porque la técnica de Wricht resulta imparable y sorprendente, colocando la cámara en sitios insospechados, jugando con los flashbacks, desmesurando los tópicos…Todo acompañado por una banda sonora súper potente (The Supergrass, The Troggs…) y que nos recuerda a estilos que pueden ir desde Brian de Palma en Vestida para matar a Tony Scott en El fuego de la venganza.
En resumen, buena mezcla de persecuciones, peleas, explosiones, tiroteos, puñetazos, sangrerío, acción, mucha acción, y armas, muchas armas.

Sin duda, la comedia del puente apta para todos los públicos.
Publicada en http://www.supernovapop.com/, diciembre 2007

miércoles, diciembre 05, 2007

EL ATARDECER (Crítica)

EL ATARDECER
Dirección: Lajos Koltai
Interpretación: Claire Danes, Vanessa Redgrave, Patrick Wilson…
EEUU
2007


Cuando Ann Lord (Vanessa Redgrave) está en su lecho de muerte, confiesa entre la vigilia y el sueño, algunos secretos de juventud a sus hijas, que sorprendidas, tratan de identificar y buscar los nombres de aquellas personas que cita y que al parecer, siempre han formado parte, no de la vida, sino más bien de la memoria de su madre.

Inauguramos un nuevo género: la adaptación snuff. Porque a pesar del gran elenco que reúne la cinta: dos parejas de madres e hijas en la vida real (Vanessa Redgrave y Natasha Richardson, Meryl Streep y Mamie Gummer), Glenn Close, Eileen Atkins, Patrick Wilson, Claire Danes… es decir, actores y actrices de sobrada trayectoria en teatros, pequeña y gran pantalla; a pesar de estar adaptada por el ganador del Pulitzer Michael Cunningham (Las horas) y la propia autora de la novela Susan Minot; a pesar de estar dirigida por uno de los mejores directores de fotografía que ha dado el cine húngaro en los últimos años junto a István Szabó (Mephisto, Cita con Venus, Sunshine, Conociendo a Julia…); a pesar del vestuario de la oscarizada Ann Roth (El paciente inglés, Las horas, En un lugar del corazón, El talento de Mr. Ripley…); a pesar de la maravillosa fotografía (a cargo de otro húngaro de nueva generación, Gyula Pados)… El atardecer no convence. Y es que tenemos la impresión de que se nos hace de noche viendo como se muere una vieja. Sencillamente insoportable. ¡Casi dos horas muriendo!

El resto, son rollos y rollos de cinta blandengue que intentan justificar cómo dos amigas estuvieron enamoradas del mismo hombre cincuenta años atrás y que tras un accidente, las dos
lo dejaron escapar. Un “pues ahora, ni pa ti ni pa mi” en toda regla. Y que años más tarde, ya cada cual con su respectiva familia, volvieron a encontrarse, pero no era tampoco la ocasión.

En fin, que hasta los estómagos más melosos es posible que se agrien durante la proyección.


Publicada en http://www.supernovapop.com/, diciembre 2007

lunes, diciembre 03, 2007

MI HERMANO ES HIJO ÚNICO (Crítica)

MI HERMANO ES HIJO ÚNICO
Dirección: Daniele Luchetti
Interpretación: Elio Germano, Ricardo Scamarcio, Angela Finicchiaro
Coproducción: Italia-Francia
2007
100 min


En la década de los 60 Italia sufría una revolución social, política, económica y también, agónica. En una provinciana y triste Sabadia viven dos hermanos: Manrico (Ricardo Scamargo) que representa al líder local de la izquierda, y Accio (Elio Germano) un adolescente rebelde y problemático en busca de un poco de acción y que se une al partido neofascista sin demasiada convicción, pero con la energía de los que saben que van a contracorriente. Entre ambos aparecerá la novia, seducida primero por la izquierda, y luego, por la derecha.

Del director y guionista Daniele Luchetti nos llega la adaptación de “il fasciocomunista” de Antonio Penacchi, bajo el título Mi hermano es hijo único. Ya en su ópera prima Mañana sucederá (Domani accadrà, 1988) el italiano planteó temas políticos, sociales y filosóficos con mucha ironía, presentándonos una especie de road movie por la Toscana del XIX de dos desertores del imperio austrohúngaro, suma de situaciones memorables y de personajes excéntricos.

En Mi hermano es hijo único, Luchetti arremete con humor contra tirios y troyanos a diestro y a siniestro, recordándonos la irrealidad del centro moral e ideológico (o se está a favor del pecado o de la virtud, o a un lado de la zanja o al otro), que uno puede ser leal pero no incondicional; que Italia, como España, siempre fue tierra de fanáticos y que a veces positivamente, han sido éstos los que han removido las conciencias de la gran masa floja y mansurrona. Sabemos de repúblicas siniestras que parecen dictaduras y de monarquías que garantizan en cambio la libertad individual. Y es que aquella izquierda -la de la película- basada en la lucha de clases, parece ahora errática en medio de una especie de mesocracia, de difusa clase media, y se agarra contranatura a nacionalismos y marginalismos hacia la deriva separatista, el guerracivilismo, y si apuramos, la secesión. Y luego está la derecha, dicen que ahora en el centro, -un centro igual de difuso que la clase media-, pero no facha sino liberal, que reaccionan contra los señoritos progres, porque ellos se suponen que ya no son señoritos ni progres, claro, pero tampoco carcas…mmm

Al final resultó, que los dos hermanos no eran tan diferentes.

Pero dijo Jesús: a los tibios de corazón Dios los vomitará de su seno.

Así pues… absténganse de ir al cine los tibios de corazón.



Publicada en http://www.supernovapop.com/, diciembre 2007

domingo, noviembre 25, 2007

CAMINO DE TRINCHERAS (Reseña)


CAMINO DE TRINCHERAS.
KARI HOTAKAINEN
Edición española: Meettok
Traducción: Ursula Ojanen, Rafael García Anguita
San Sebastián, Marzo 2007


El pasado mes de octubre tuvo lugar en Madrid la presentación de “Camino de trincheras” sexta novela del finlandés Kari Hotakainen, Premio Finlandia 2002, Premio Consejo Nórdico 2004 y recientemente traducida al español. El autor, acompañado de sus traductores y editor, contó sorprendido a Generación XXI cómo a pesar de que el tema central de la novela es la soledad, los lectores se ríen.
De narración chapliniana, la obra cuenta la historia de una familia que se destruye y a la vez, la historia de la propia Finlandia que se reconstruye, y aunque puede que desde fuera, las anécdotas de su protagonista resulten cómicas, sabemos también, que se trata de uno de esos hombres que aún pagan el precio de la guerra. Hombres obligados a rehacer todo con prisas sin tiempo para los sentimientos.
El autor confesó compartir con su protagonista más de una característica (buscaba también una casa y es un buen cocinero) pero que siempre escribe junto a dos premisas: un libro basado en más del 27% de experiencia propia es malo, y las personas que intentan ser amenas suelen ser pesadas.
A partir pues, de dos posibles inicios 1944 y 2000, el lector se encuentra con Matti y compartirá con él la energía por reconquistar a su esposa, la necesidad del cariño de su hija, sus ansias por encontrar la casa perfecta, su agresividad frente a cualquier tipo de obstáculo… Todo conformando una metáfora perfecta del sentido trágico (e hipotecado) de la vida a principios del XXI.


lunes, noviembre 05, 2007

EL CASO WELLS (Crítica)

EL CASO WELLS
Dirección: Andrew Lau
Interpretación: Richard Gere, Claire Danes, Kadee Strickland, Avril Lavigne
EEUU, 2007, 101 min


Tenemos a una rubiaza de 17 años con cara de ángel que desaparece un buen día de la faz de la tierra sin dejar rastro. Tenemos a un agente federal especializado en sadomaso, pederastia y todo tipo de delitos –que no juegos- sexuales, cuyos métodos políticamente incorrectos le llevan a la jubilación anticipada. Y tenemos a una segunda rubiaza, algo más madurita, que va a sustituir al prejubilado y que tiene dos semanas para resolver el caso, aprender la instrucción, y hacer frente a sus propios fantasmas.

Cuando ya parecía que en el género, teníamos a Zodiac este año dándolo todo, llega a las pantallas un tal Andrew Lau de dudosa procedencia asiática, y con ganas de hacerle la sombra a David Fincher. Nacido –dicen- en Hong Kong y también conocido como Andrew Lau Wai-Keung, inició su carrera como asistente de dirección en Shaw Studio y gracias a que el tipo se lo curró, empezó a considerársele como posible director. Dicen que hay pocos como él manejando cámaras portátiles para las escenas de acción y que sus mezclas de artes marciales y efectos especiales con ordenador (“The stormriders” y “A man called hero”) son bastante logradas. Por lo demás, sabemos que hace poco fue nombrado Cinematógrafo Asiático del Año en el Festival de Cine de Pusan (la segunda ciudad más grande de Corea del Sur y conocida -por lo visto- por unos manantiales termales que son la leche).
De Richard, pues no sabemos ya si decir algo, puesto que hace unas semanas lo teníamos en el Festival de Cine de San Sebastián acompañado de su mujer Carey Lowell, presentando “La gran estafa” (la peli, no es un juicio de valor al festival) del director sueco Lasse Hallström en la sección Zabaltegui Perlas y recibiendo de manos de Aitana Sánchez Gijón el premio Donostia a su trayectoria. Da la impresión que a estas alturas no se le resiste ningún tipo de género ni de papel: de oficial, de caballero, de gigoló, de yuppie, de músico, de novio plantado… musicales, romántico, drama, clásicos, thriller… otoño, verano, invierno…
El film, no cuenta algo que no sepamos o imaginemos (o hayamos visto en You Tube) sobre la capacidad del ser humano cuando se trata de torturas, vejaciones, maltratos, mutilaciones, violaciones… Debate entre jueces y psiquiatras que intentan dilucidar cuando somos unos degenerados, hasta que punto, unos enfermos, o simplemente, unos hijos de puta.

Publicada en http://www.supernovapop.com/, octubre 2007

viernes, octubre 05, 2007

NO BASTA UNA VIDA (Crítica)

NO BASTA UNA VIDA
Dirección: Ferzan Ozpetek
Interpretación: Luca Argentero, Pierfrancesco Favino, Marguerita Buy…
Producción: Italia, Francia, Turquía
2007

Una pandilla de amigos intenta continuar las reuniones que les unía cuando eran jóvenes, resistiéndose a los cambios. Es el joven Lorenzo el que consigue agruparlos a su alrededor cada noche, y será el joven Lorenzo el que finalmente, con su ausencia, conseguirá que la amistad entre todos, permanezca.

El director turco Ferzan Ozpetec nos vuelve a emocionar con una de esas historias a caballo entre la risa y el llanto. Nacido en Estambul, se trasladó a la universidad de Roma a finales de los años 70 y se inició en el cine como ayudante de dirección de Maurizio Ponzi. Su primer largometraje, Hamán el baño turco (1997), fue un ejemplo de cómo reconstruir la historia y la vez, la propia vida. En El último harén (1999), historia de pactos y de amores, nos trasladó a principios del siglo XX en vísperas de la caída del imperio otomano. Será a partir de El hada ignorante (2001) cuando el director se sensibiliza ante la pérdida del ser querido y la forma, a veces insospechada, de superarlo. La cinta recibió el Premio a la mejor película en el Festival de Cine Gay y Lésbico de Nueva York.
Su último trabajo, La ventana de enfrente (2004) drama melancólico y seductor en el que los protagonistas se estudiaban a través de la ventana, conquistó a todo aquel amante de la imagen, atrapándole en una narración igual de lenta que de intensa.

Ahora, Saturno contro, título que mencionamos por ser quizá más adecuado que la traducción española, Ozpetek recoge la herencia de la inolvidable Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992) y de su antecesora Reencuentro (Lawrence Kasdan, 1983), mostrándonos todo ese magma de sentimientos que resultan implacables con el paso del tiempo: hastíos conyugales, necesidades de afecto, adicciones y soledades varias, frustraciones y desencantos, que toman sentido o sinsentido, depende del lado del prisma, cuando nos sobreviene la tragedia. Lo uno deja de tener importancia, mientras aquello otro la recupera, y los personajes, dóciles a los destinos no se sabe si de las estrellas, lo cierto es que se readaptan y sobreviven. Eso si, con otra mirada, con otro gesto.

Film pues altamente recomendable al carácter melancólico en este periodo otoñal y lluvioso.



lunes, septiembre 10, 2007

SOLOS (Crítica)

SOLOS
Dirección: José Glusman
Interpretación: Adrián Navarro, Sergio Boris
Argentina
2007


Luis (Adrián Navarro) entrado en los 40 y con cierto barniz metrosexual ha sido abandonado por su atractiva novia, poeta y chica del tiempo. Enrique (Sergio Boris), algo más joven que el anterior pero oxidado por un matrimonio de doce años, ha sido expulsado por enésima vez del domicilio familiar por no controlar sus celos. Ambos solos y desamparados, se ven obligados a convivir temporalmente.

Llegado de la actuación y de la publicidad, José Glusman se estrena con su primer film, presentándonos una de esas tragicomedias que viene a incluirse a la lista de las “argentinadas” de los últimos tiempos y que ya empiezan a no ser tan graciosillas.

De cualquier modo, la cinta puede que resulte algo provechosa para aquellas lectoras de Supernovapop que no se hayan criado entre hermanos y que aún no se hayan atrevido a irse a vivir a un piso de 30 metros cuadrados con el novio. Ellas serán las bienaventuradas que descubran uno de los grandes enigmas de la Humanidad ¿qué hacen los tíos cuando están solos?

Para una, que se ha criado entre ellos, nunca tuvo especial interés asomarse a la ventanita del vestuario de los chicos. Hecho que seguramente privó a mi adolescencia de cierto misterio pero que la aprovisionó de notable ventaja.

Suma pues, de los tópicos más tópicos y más patéticos, en donde los protagonistas nos muestran todas y cada una de las pautas del macho cabrío tras el abandono de la hembra:
1) Llamar a los colegas o colega y quedar
2) Comprar hielos
3) Autoconvencerse de que no necesitan a las tías
4) Hablar de las pécoras con las que acaban de romper, pero sólo para cerrar capítulo.
5) Abrir nuevo capítulo y tirar de agenda.
6) Descubrir que no hay ninguna amiguita disponible
7) Autoconvencerse de que no necesitan a las tías
8) Recurrir a las putas
9) Inseguridad en la propia potencia sexual
10) Tirar de viagra
11) Llorar y confesarse con las putas
12) Despedir y pagar a las putas
13) Autoconvencerse de que no necesitan a las tías
14) Ver fútbol
15) Y por último, a falta de pan, buenas son tortas…

Lo dicho, nada nuevo bajo el sol.

viernes, julio 20, 2007

CUATRO MINUTOS (Crítica)

CUATRO MINUTOS
Dirección y guión: Chris Kraus
Interpretación: Monica Bleibtreu, Hannah Herzsprung
Alemania
2006


En una cárcel de mujeres, la señora Krüger (Monica Bleibtreu) ofrece sus clases de piano como válvula de escape para las reclusas. La última compañera de celda de Jenny (Hanna Herzsprug) se acaba de suicidar y mientras ella, impasible, le roba los cigarrillos y afirma no haber visto ni oído nada. A partir de entonces, Jenny va a formar parte del programa musical de la vieja maestra, un encuentro entre dos titanes: la fuerza bruta y la disciplinada resistencia.

Con numerosos premios a su guión y a sus actrices, nos llega el segundo trabajo del director alemán Chris Kraus, Cuatro minutos, título traído del tiempo real que dura su pieza musical protagonista. Un escritor y periodista que llega a la cinematografía con la confianza del buen narrador y que nos ofrece una historia singular, sacada de un breve artículo de prensa y que se ha transformado posiblemente, en la próxima candidata para representar al cine alemán en los Oscar. Un cine que vuelve a mostrar las secuelas del nazismo en aquellas gentes de a pie que simplemente, se rindieron al terror. Algo que ni siquiera nos extraña, porque bien sabemos que muchos de los apellidos más brillantes de Hollywood escondían descendencia judía.

Jenny, no es uno de esos diamantes en bruto que la historia del celuloide nos ha enseñado a pulir; ella representa a esos niños talento que enamorada del hombre erróneo y violada por el padrastro que le ayuda a triunfar, decide dar portazo a todo y agredir a aquello que le rodea, incluyéndose a sí misma. Suma de sensibilidad, talento, soledad y furia, la joven se reencuentra con la música a través de la profesora de piano e intentará volver a formar parte de los buenos en el microcosmos de los malos. Las envidias, las diferentes traiciones y las condiciones de las cárceles germanas, se harán cargo de su nueva caída.

Mientras, el espectador descubre los pasados tan afines que unen a las dos mujeres, traumatizadas a su modo, y que a través del piano muestran, se reconocen, y a la vez curan, todas sus heridas.

Cinta llena de pasión y energía, que simboliza la lucha entre lo viejo y lo nuevo, lo clásico y lo moderno, y que pone de relieve la supremacía del contagio en el choque entre culturas, con la inevitable (y necesaria) mezcla entre acordes y melodías: la fusión de Mozart con el trash metal o de Beethoven con el jazz. Síntoma siempre de crecimiento y no de empobrecimiento.

En definitiva, buena dosis de suspense, intriga, ambición, ternura, potencia audiovisual y belleza natural.


PUBLICADA EN http://www.supernovapop.com/, JULIO 2007

viernes, julio 13, 2007

CAPOTE VS. CAPOTE: de la recreación a la creación (Reportaje) by MAR GÓMEZ HORTELANO



CAPOTE VS. CAPOTE: de la recreación a la creación

El estreno de "Infamous", el último intento norteamericano que reconstruye cinematográficamente uno de los periodos más fascinantes de la vida de Truman Capote, nos sirve de excusa para ofrecer una especie de retrospectiva no sólo del escritor y su relación con el arte cinematográfico sino también de las diferentes adaptaciones que se han venido realizando de sus obras y de sus biografías.

EL GENIO

Nacido en Nueva Orleáns el 30 de septiembre de 1924 Truman Streckfus Persons, niño precoz interesado (a pesar de su pobre entorno) por la literatura, la pintura, el cine y el baile, se crió en Alabama con cuatro ancianos parientes de sus padres que no lograron al parecer, entenderse nunca ni como pareja ni como progenitores. Se acostumbró al aislamiento y al chismorreo transformándolos con los años en un particular estilo de llegar, oír, vencer, escribir y finalmente vender, a los que le rodeaban.
De sus primeros escritos a los ocho años hasta sus primeros cuentos publicados a los 17, hay, sobre todo, dos diferencias: los kilométros de distancia que van de Alabama a Nueva York, y la adopción del apellido del segundo esposo de su madre: Capote. A los 21 años formaba parte de la nómina de periodistas The New Yorker y dos años más tarde escribiría “Otras voces, otros ámbitos”, obra que a pesar de los detractores hacia el tema de la homosexualidad lo consagraría como escritor y lo etiquetaría como heredero de Poe. Tras algunos títulos más que incluyen libros de viaje, colecciones de entrevistas y selecciones de cuentos, publicaría en 1958 “Desayuno en Tiffany´s”, la obra que lo catapultó a la fama.

EL DESAYUNO

Novela llevada al cine por Blake Edwards en 1961 y que su guionista, George Axelrod se encargaría de edulcorar notablemente. Por ejemplo, la confesada bisexualidad del personaje de Holly se transforma en Audrey Hepburn tan sólo en cierta ligereza infantil sexual y moral; al personaje del escritor en cambio, interpretado por George Peppard, se le añadió el hecho de estar mantenido por una adinerada algo mayor que él; y el happy end de Hollywood es entresacado de una misteriosa pero simple fotografía de la chica de provincias en Africa.
Personajes pensados en principio para Marilyn Monroe y Steve Mcqueen, dieron finalmente a sus actores un éxito quizá inesperado pero absolutamente merecido.
El estilo de Capote, siempre mordiendo la mano que le daba de comer, criticando a una sociedad que le agasajaba, se mantuvo intacto a pesar de la mezcla de géneros: comedia romántica y/o drama urbano. Candidata al mejor guión adaptado, a la mejor actriz y a la mejor dirección artística, conseguiría las estatuillas a la mejor BSO y a la mejor canción por el tema de “Moon River” de Henry Manzini.

LA FAMA

La relación de Truman Capote con el cine no acababa más que empezar, ejerciendo como guionista (The Innocents, de Jack Clayton en 1961) e incluso como actor (Un cadáver a los postres, de Robert Moore en 1976), fue sin duda su relación con toda la fauna del Hollywood clásico lo que le condujo del éxito literario al éxito social. Fauna que se mostraría recelosa cuando se leyó en “Plegarias atendidas”, obra inconclusa que destapaba todas las intimidades y vergüenzas del personal.
Personaje arrabalesco, odiado y querido a la vez, Capote no dudó en exponerse él mismo a su propio autoanálisis y en “Música para camaleones”, nos ofrece retratos con una brutal y suicida honestidad.

LA NOTICIA

Cuando en 1959 leyó la noticia de los asesinatos de la familia Clutter le faltó tiempo para marchar a Kansas con la intención de un reportaje pero que finalmente, daría a luz “A sangre fría”, un nuevo género resultado de la mejor calidad literaria y del mejor periodismo, o lo que fue bautizado como Nonfiction Novel y aunque no es cierto que fue el primero en ficcionar hechos periodísticos (“Operación masacre” del argentino Rodolfo Wals ya narraba crímenes de estado) si puede considerársele el padre del Nuevo Periodismo.

LA NOVELA

Capote diría a su editor y al mundo, que viajó a Holcomb con el propósito de realizar un estudio psicológico de cómo afectaron emocionalmente los asesinatos de la familia Clutter en la comunidad, una comunidad correcta y religiosa, en la que todos confiaban en todos. Cuando las gentes se mostraron reacias a hablar de los acontecimientos fue cuando decidió investigar a fondo y concebir “la gran obra de arte”.
Estructurada en cuatro amplios capítulos (Los últimos que los vieron, Personas conocidas, Respuesta, El rincón) el escritor describe minuciosamente cada carácter y cada vida, costumbres, creencias, profesiones, ambiciones, no sólo de los componentes de la familia asesinada (los padres Herb y Bonnie, su hija Nancy y su hijo Kenyon) sino de sus dos hijas mayores, establecidas ya fuera de la casa familiar, de sus parejas, de sus familias políticas, de la mejor amiga de Nancy, de su novio Bobby Rupp, de su perro Teddy, de los trabajadores contratados en la granja… y paralelamente e intercalando narraciones, nos introduce en los perfiles de los dos asesinos Dick Hickcock y Perry Smith: sus orígenes, sus problemas familiares, sus “trayectorias” penitenciarias, sus sueños frustrados…
Finalmente, y con igual meticulosidad, nos retrata a los policías y los detectives encargados de esclarecer el caso.
Aunque en algunas de sus páginas, hace mención a cierto periodista, la novela nos llega a través de un narrador omnisciente, que teniendo en cuenta las publicaciones posteriores, nunca fue imparcial.
El gran problema al que Truman hizo frente con su escritura, fue esperar durante casi cinco años (deseándolo y temiéndolo a la vez), el mejor y el más desgarrador de los finales literarios. Publicada en 1965 y dedicada a los escritores Jack Dunphy, su pareja en aquel momento, y a Nelle Harper Lee, su amiga de la infancia, supuso la consagración definitiva de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, reconocimiento que pagaría con su propia vida.

LAS VERSIONES

Curiosamente, revisando en la historia del celuloide encontramos una película española del mismo 1959, con el título “A sangre fría. Trampa al amanecer”, dirigida por Juan Bosch, e interpretada por unos jovencísimos Arturo Fernández y Carlos Larrañaga. Film que nada tiene que ver con la novela de Capote aunque se adscriba al escaso cine negro del cine español.

La primera versión pues, será la dirigida por Richard Brooks en 1967 “In cold blood”, buena muestra de thriller psicológico con Scott Wilson y Robert Blake encarnando a los protagonistas Dick y Perry. Narra desde sus salidas de prisión con la condicional hasta su ejecución en la horca, pasando por la planificación y realización de los crímenes, y su personal road movie por los Estados Unidos y México. El propio Capote participó junto al director en la elaboración del guión, un guión centrado en perfilar la personalidad de unos asesinos de medio pelo, con la ambición de robar una “imaginaria” caja fuerte y que acabarían cometiendo los crímenes como resultado de una infantil rabieta más que por maldad profesional.

Un remake de este trabajo lo encontramos en 1996 “A sangre fría”, film dirigido por Jonathan Kaplan con la actuación de Kevin Tighe, Sam Neill, Eric Roberts y Anthony Edwards. Más cercano al drama, hace hincapié en las trágicas consecuencias de los secuestradores.

Ambos trabajos pueden considerarse las adaptaciones más fieles de la novela del norteamericano, aunque cada una aprovecha el momento del estreno para poner sobre la mesa la polémica de moda: la pena de muerte, las negligencias policiales, la vida en las cárceles, la neutralidad de abogados y fiscales…

Por todo, la primera cinta que rescata datos biográficos de Truman Capote, es “Una navidad diferente” (Truman Capote´s one Christmas, 1996), dirigida por Tony Bill e interpretada por Henry Winkler y Katherine Hepburn. En ella se cuenta la infancia de Buddy, un niño de ocho años que vive en una granja familiar de Alabama. Aunque con cierto tinte de comedia, no duda en reafirmar las malas relaciones entre padre e hijo, cuestión que el propio autor confesaría en numerosas ocasiones.

Fue en los 60 cuando el biógrafo Gerald Clarke conoció a Truman Capote en una fiesta que daba, precisamente, George Plimpton, el otro biógrafo, y fue a partir de entonces cuando decidió transformarlo en personaje.
Un amigo y por aquel entonces actor, leyó la biografía y le ofreció el guión al director Bennet Miller, un guión que por supuesto, estaba obligado a prescindir de buena parte del libro de Clarke. A partir de esta especie de cruce de relaciones e intereses, se puso en marcha la maquinaria para crear el “Capote” del 2005. El equipo, desde el director de fotografía a la diseñadora de vestuario, tuvo claro desde el principio el efecto sensibilizador que debía transmitir la película. Para ello, crearon un estilo reposado, emocionalmente distante, evitando los rojos y los azules, escuetos diálogos, tonos apagados, planos limpios y escrupulosamente ordenados. Rodada en Winnipeg, ajustada temporalmente entre la caída de la hoja y la llegada de la nieve, exalta la personalidad del verdadero protagonista Perry Smith: sensible, romántico, ojeroso, retenido en la celda de las mujeres, atormentado por dolores físicos, pasados hostiles y sueños de grandeza. A su lado, Philip Seymour Hoffman, dio vida al Capote más humano.

Casi paralelamente, se rodaba “Historia de un crimen”, la última secuela que se ha estrenado con notable retraso para evitar la coincidencia cartelera. Con su sobreabundancia de colorido, su música navideña, su beat generation, y como no, su arrollador protagonista Toby Jones, único responsable de las carcajadas en la platea. El director, Douglas Mcgrath, exprime esta vez la biografía de Plimpton y nos regala un elenco difícil de imitar. Encarnando a varias de las amistades del escritor (Gore Vidal, Slim Keith, Jack Dumphy, Nelle, Babe Paley, Bennett Cerf, Diana Vreeland…), son ellas mismas las que van salpicando la narración con sus comentarios, dignos la mayoría, de ser cincelados en mármol.
Como recuerda Nelle Harper Lee (Sandra Bullock), en toda llama roja, siempre hay un toque de azul, y la cinta, a pesar de su excentricidad, nos rebela finalmente, unos personajes que se esfuerzan en esconder sus particulares miedos y miserias. Mención especial merece, la dramática secuencia de las ejecuciones, momento “retocado” por la literatura de Capote, porque ahora sabemos que Perry nunca pidió perdón.
Dicen que aquel 1959, murieron seis personas. Visto lo visto, y leído lo leído, bien podemos decir que fueron siete, porque Truman Capote, ese hombrecito obligado a ser fuerte e hijo de una dama de Park Avenue, se consagró a partir de entonces al alcohol, según él, el suicidio de los corazones débiles.
PUBLICADO EN www.supernovapop.com, JULIO 2007

jueves, julio 12, 2007

NEXT DOOR (Crítica)

NEXT DOOR
Dirección y guión: Pal Sletaune
Interpretación: Kristoffer Joner, Cecilie A. Mosli, Julia Schacht, Anna Bachewiig
Coproducción: Dinamarca, Suecia, Noruega
2005
Cuando John (Kristoffer Joner) tropieza en el pasillo con su vecina Anne (Cecilie A. Mosli) no se imagina que tras las puertas de los antiguos apartamentos le espera un mundo de fantasías sexuales y violencia primitiva. Tres mujeres atrapadas entre la ficción y la realidad que desatarán en el joven sus instintos más perversos.
Si hace unas semanas les recordaba aquello de que lo verde estaba al otro lado de los Pirineos, ahora les anuncio que el sado nos llega del otro lado de los Alpes (por si viajan este veranito).

Como mujer independiente, de los 90, modelna, y que lee a Houellebecq, acudí al pase de prensa sin achicarme, auque algo extrañada de que no hubieran enviado a algunos de mis compañeros (chicos ellos todos). Había leído que el director nórdico traía influencias de Polanski, Cronenberg y David Lynch. Bien por los dos primeros pero por el tercero… bastante tenemos con uno para aguantar, encima, sucedáneos.

Pero no. He de confesar que no estuve a la altura de las circunstancias y que, definitivamente, el sado no es for me. Aunque inicié la película muy decidida y muy echada pa´lante, poco a poco acabé arrugándome en la butaca hasta dar casi con el culo en el suelo. Porque aquello no era el manotoncito de Gilda, no, eran hostias como panes al estilo de Bud Spencer y Terence Hill. Y a una no le entra en la cabeza que te apetezca el manoseo mientras te revientan las narices.

Luego resulta, y aquí es donde viene la parte Lynch, que a la hora y pico de metraje suponemos que todo ha sido una especie de “pensamientos impuros” y que las dos damitas con enredos en el pelo y con un claro síndrome de Diógenes (entre otros) son producto de la malvada, pervertida y necrófila mente del protagonista. Y encima, con los últimos minutos de cinta pretende apuntarse al cine de denuncia con el tema de la violencia de género, insinuado a base de pinceladas entre secuencias. Es decir, churras con merinas.

No. Decididamente (y con riesgo de ser tachada de “neocons”) así NO se hace.

PUBLICADA EN www.supernovapop.com, JULIO 2007

miércoles, julio 04, 2007

JINDABYNE (Crítica)

JINDABYNE
Dirección: Ray Lawrence
Interpretación: Laura Linney, Gabriel Byrne
Australia
2006


Una vez que Stewart (Gabriel Byrne) llega con sus amigos a un recóndito lugar en las montañas australianas dispuestos a pasar un fin de semana de pesca, se encuentran con el cuerpo de una joven aborigen flotando en las aguas. Aunque afectados en un primer momento, todos deciden continuar con los planes de su ansiado fin de semana. Pero ni la comunidad ni sus propias parejas parece que están dispuestos a perdonar tal “hazaña”.

Del reputado director Ray Lawrence nos llega Jindabyne, su tercer trabajo y su tercera adaptación (Lantana del 2002 ganó el premio al mejor guión adaptado -entre otros- del Australian Film Institute, y en 1985 ya había debutado con Espérame en el infierno basada en la novela de Peter Carey). Esta vez el australiano recupera un relato de apenas diez páginas del magnífico y corrosivo Raymond Carver “So much water so close to home” (publicado en España como “Tanta agua tan cerca de casa”) y lo transforma en más de dos horas de metraje. Y aun siendo cierto que añade y traslada (desde el río Naches a Jindabyne) la historia, la esencia literaria del escritor se mantiene intacta: parejas cortocircuitadas que se castigan y se destruyen aparentando normalidad.

Si bien todos sabemos lo que deberíamos hacer porque desde pequeños se nos educa para distinguir lo ético y lo correcto, es bastante más honesto el confesar que llegado el momento, no fuéramos capaces de actuar como lo hacen nuestros protagonistas. Ésa es la tarea del buen guionista: poner contra las cuerdas la moral del personaje y con ello cuestionar la propia moral del espectador. Desde Lantana, Ray Lawrence insiste en empujarnos al laberinto que supone las relaciones humanas, y en Jindabyne lo hace igualmente: una niña que tras la pérdida de su madre afronta la muerte como si fuera un juego infantil y perverso, unos padres y abuelos resignados que han decidido vivir el mismo drama por separado, un joven enamorado de una ex-lesbiana y que curiosamente (o no, por aquello de haber tenido que afrontar más de un reto) es la primera conciencia honrada, la familia aborigen desgajada de la comunidad. En suma, desequilibrios emocionales en todas sus variantes.

Mención especial merece la desabrida actuación de la pareja protagonizada por Laura Linney y Gabriel Byrne, que como si hubieran sido absorbidos por las adustas aguas que los rodean, se esfuerzan por mantener a flote una relación sentimental que nos recuerda irremediablemente al manotón del ahogado.

Cinta hecha a base de pausas, de ahogados silencios, de miradas en busca de comprensión, de cosas por decir, de insondables panorámicas que inquietan en vez de relajar, porque intuimos que las verdades siempre corroen desde el interior.



PUBLICADA EN http://www.supernovapop.com/, julio 2007

jueves, junio 21, 2007

AVRIL (Crítica)

AVRIL
Dirección y guión: Gérald Hustage-Mathieu
Interpretación: Sophie Quinton, Miou-Miou, Clément Sibony, Nicolas Duvauchelle, Richaud Valls…
Francia, 2007


En un convento de dominicas de la bella Normandía, la joven novicia Avril (Sophie Quinton), criada desde pequeña entre las monjas, se prepara para tomar sus votos. Pero la monja-madrina (y finalmente madre) que le cuida le confiesa que vino al mundo junto a un niño dado en adopción. Avril irá en busca de su hermano, de su verdad, encontrándose por el camino con Pierre (Nicolas Duvauchelle), mezcla de instinto y fragilidad a lo James Dean, y que inevitablemente, desvía el camino hacia la santidad de la joven.


Pero que difícil es ser monja con unos ojos azules y unos rizos rubios como los de Sophie Quinton. La actriz y musa de los dos cortos anteriores (La chatte andalouse, 2002 y Peau de vache, 2001) del director francés, encarna uno de esos personajes del que sin duda, estará agradecida toda la vida. De mirada franca y suave resistencia, Avril nos lleva a esos espacios desnudos (arena, agua y cielo) en el que la cámara torna pincel y los actores, colores vivos. A veces, no se dirige y simplemente pasa, y en un único plano, Avril se nos sonroja y Pierre se nos pone nervioso. Imágenes cargadas de sensualidad y erotismo, hermosas, limpias y luminosas, que nos recuerdan aquello de que lo verde siempre estuvo al otro lado de los Pirineos… un cine, el francés, vanguardista y desinhibido, una tierra, la France, de poetas y artistas, que provoca que una sienta el haber nacido en tierra de toreros y que esté obligada siempre a escribir como si entrara a matar.

Es ya la segunda monja cinematográfica que nos visita este año (allí quedó Santa Teresa con su gran polémica y con su director un poco encabronado) y podría decirse que ambas comparten discurso: la fractura que sufre una institución, la Iglesia, que se resiste al cambio, y que exige una pureza imposible, a sabiendas que sospechosos pasados se esconden detrás de sus muros.

Avril, desbordada de sensibilidad y simbolismo, apuesta por el “menos es más”, con un equipo reducido a la mínima expresión, diez bobinas de película, un entorno salvaje como es Camarga, apenas una par de cajas de accesorios, y desde luego, el valor de la subjetividad. Porque tener que subrayar necesariamente (por lo revelador) los gustos musicales de su director y guionista al entendido lector de Supernovapop, desde Christophe a María Dolores Pradera, le resulta a la que firma algo más que embarazoso. Pero allá va y que no se diga que no hay coraje torero: Abril para vivir, para cantar, para sentir, para soñar…

Cinta sólo apta para amantes de cantautores ochenteros.
Publicada en www.supernovapop.com, junio 2007

jueves, junio 14, 2007

HISTORIA DE UN CRIMEN (Crítica)

HISTORIA DE UN CRIMEN
Dirección: Douglas McGrath
Interpretación: Toby Jones, Sandra Bullock, Daniel Craig
USA, 2007


Nueva York, 1959, club Morocco. El pequeño gran hombre Truman Capote (Toby Jones), acompañado siempre de toda la elegancia femenina de Manhattan, disfruta de la voz de una encantadora Kitty Dean (Gwyneth Paltrow) que rememora temas de Cole Porter.
A la mañana siguiente, el escritor lee en las páginas del New York Times la noticia en la que se describen los asesinatos de los miembros de la familia Clutter, en Kansas.
Capote y su gran amiga de infancia y escritora Nelle Harper Lee (Sandra Bullock) viajaran en busca de datos y detalles que configurarían su célebre novela “A sangre fría”, un viaje hacia el autoconocimiento y la autodestrucción.


No se tiene porqué salir siempre del cine con fiebre. A veces, es bueno acudir al espectáculo por el espectáculo mismo. Por ello, el personaje de Truman Capote que da vida el actor teatral Toby Jones (El velo pintado, La última primavera, Orlando), mezcla de Boris Izaguirre y Elton John, convence y encanta. Divertido, ingenioso, arrollador, siempre derrochando frivolidad y cinismo, y siempre ávido de experiencias y de juegos.

Cualquier comparación es odiosa e injusta. Pero recordar el biopic exitoso que encarnó Philip Seymour Hoffman en el Capote de Benneth Miller, es inevitable. Aquél estaba algo más comedido, éste, descaradamente exagerado. El real, nunca sabremos. Pero en cualquier caso, “verdaderos” resultan los dos. El último es una adaptación de la novela “Truman Capote” de George Plimpton; el primero lo fue de Gerald Clarke. De ahí sus matices y sus diferencias.

Con respecto al papel de la novelista y ganadora del Pulitzer por su obra “Matar a un ruiseñor”, Nelle Harper Lee, tal vez gane en interpretación y en autenticidad la reciente Sandra Bullock que su antecedente Catherine Keener, quizá demasiado rígida y austera para una escritora de cuentos infantiles.

Pero si hay un personaje central alrededor del cual giran todos, es el del asesino Perry Smith, caracterizado en las tres versiones de distinto modo. En la primera versión de los años 60 que se hizo de A sangre fría, dirigida por Richard Brooks, aparecía un Robert Blake inestable e inseguro, dando la impresión de que el crimen fue más bien fruto del desconcierto que de la maldad. De la interpretación tímida, tristona, sensible y ya con cierto toque homosexual en la versión de 2005 nos llega la visión de un buen chico, enfermizo, mitad blanco mitad cherokee, y con evidentes traumas psicológicos.
El chico Bond (Daniel Craig) se nos presenta emocionalmente como una roca y físicamente como un armario empotrado, y es el que sin lugar a dudas, más ha necesitado de la humanidad novelesca de Capote para hacérnoslo menos monstruo.
La cinta, en cualquier caso y como también lo fueron las anteriores, es imprescindible porque el reparto abarca todo tipo de cinefilia.




Publicada en www.supernovapop.com, Junio 2007

sábado, junio 09, 2007

RAPADO (Reseña)


RAPADO, Martín Rejtman.
Interzona Editora, Buenos Aires, 2007


Del escritor y cineasta argentino Martín Rejtman se reedita como obra casi de culto, lo que fue su primer libro de cuentos, una docena de retazos de vida de unos jóvenes, con sus extravagancias y sus normalidades, narrados a través de un género tan escurridizo como infravalorado.

La austeridad emocional de Carver, el tono nostálgico de Cheever, la ironía y la lucidez de Chéjov, o la narración minimalista de los films de Ozu, componen el universo Rejtman, no pudiendo distinguir si sus relatos son la continuidad de sus películas o éstas la continuidad de aquéllos.

Rejtman, se reafirma como adalid de su generación, ésa que en palabras de Scott Fitzgerald ya no sueña con llegar a ser un gran dictador o escritor, o dirigente religioso…
PUBLICADA EN Generación XXI, junio 2007


miércoles, junio 06, 2007

MEMORIAS DE QUEENS (Crítica)

MEMORIAS DE QUEENS
Dirección y guión: Dito Montiel
Interpretación: Robert Downey Jr., Shia Labeouf, Chazz Palminteri, Dianne Wiest
USA
2007


Flaurie (Dianne Wiest) llama por teléfono a su hijo para informarle de que su padre está gravemente enfermo. El hijo es un escritor de éxito que vive en Los Ángeles, Dito (Robert Downey Jr.), que tras 15 años de ausencia, se ve obligado a volver al barrio de Astoria, en el distrito de Queens en el que nació y creció. A Dito le atrapan todos los recuerdos de aquellas juventudes, vividas más allá del bien y del mal.

Tarea imposible parece, dejar atrás algunos pasados por muchos kilómetros que uno ponga por medio. La historia que nos cuenta Dito Montiel, su historia, puede que estemos más que hartos de verlas en las barriadas de las grandes polis, ésas tan multiculturales, tan multirraciales, tan multilingües y tan multipobres. Historias de drogadictos, de putas, de maltratos, de ajustes de cuentas, y sobre todo de desesperanza. Consecuencias todas, de eso que llaman los asistentes sociales: familias desestructuradas.

Cuenta su director Dito Montiel (músico, escritor, poeta, hijo de padre nicaragüense y madre irlandesa), que más que filmar una autobiografía, quería atrapar el espíritu de su libro “A guide to recognizing your saints”, centrarse en un par de personajes y que el espectador palpase la emoción de ese trozo de vida escondido en su memoria. Desde luego lo consiguió. Porque de Memorias de Queens se sale con el estómago encogido. Evitando mostrar lo obvio (meter la cámara en medio de agujas hipodérmicas) e intentado subrayar la posible belleza de los primeros amores, el dolor se cuela en cada fotograma.

Los responsables del logro, son los actores, que han sabido interiorizar la indiferencia del hijo, el cansancio de la madre, la amargura del padre, la frustración del amigo, la resignación de la novia… En definitiva, todas y cada una de las aristas de los perdedores.

Destacar sin lugar a dudas el rescate de Dianne Wiest, una de las musas de Woody Allen y una de las grandes en los pequeños papeles.
Publicada en www.supernovapop.com, Junio 2007

jueves, mayo 31, 2007

ENTRE MUJERES (Crítica)

ENTRE MUJERES
Director: Jon Kasdan
Interpretación: Adam Brody, Meg Ryan, Kristen Stewart
USA
2007


Carter Webb (Adam Brody) es un joven que, como la mitad de los que viven en Los Ángeles, quieren ser escritores (la otra mitad, actores) pero en uno de esos inesperados cafés-trampa es abandonado por Sophia (Elena Anaya). Tras hablar con su madre, decide viajar a Michigan para cuidar de su abuela y cicatrizar su corazón. Aunque su intención es no meterse en líos y tratar de escribir un best seller, la cosa se le complica con las rubias que viven enfrente.


Tengo un amigo, cuyo nombre por supuesto no revelaré, que presume de la heroica hazaña sexual de haberse liado con dos hermanas en la misma noche, no simultáneamente, si no que primero acompañó a la pequeña a casa, y se lió, y unas horas más tarde acompañó a la mayor, y volvió a liarse.

Nada más ver Entre mujeres, me acordé de él, porque hasta físicamente tiene cierto parecido con Adam Brody, esos baby faces que nunca parece que rompen un plato porque lo suyo son vajillas enteras. En la cinta, el jovencito se lía con la madre y con la hija, el más difícil todavía y por lo que seguro que dan más puntos que con las dos hermanas de mi amigo.

Descubrimos a Adam Brody en esa serie superpija O.C. que desplazó a la del oeste que venían poniendo los veranos, y el tipo no ha cambiado de registro (inocente, dulzón, sensible) a ver cuando llegue a los cuarenta, si engordando o quedándose calvo, le vemos en otro tipo de papeles.

El regreso de una de las novias de América, Meg Ryan, que tras ponerla Contra las cuerdas (Charles S. Dutton, 2004) no había hecho comedia romántica desde Kate and Leopold (James Mangold, 2002) y los primeros pasitos de Elena Anaya por la cinematografía norteamericana (que por lo menos no hace de latina, y por lo menos, sabe inglés) son quizá los únicos reclamos para meterse en el cine.

martes, mayo 29, 2007

LA GANADORA (Crítica)

LA GANADORA
Dirección: Jane Anderson
Interpretación: Julianne Moore, Woody Harrelson, Laura Dern
Producción: Jack Rapke, Steve Starkey, Robert Zemeckis
USA, 2007


En aquellos maravillosos años 50 americanos en los que un boleto para un concurso en el que regalaban una tostadora aún podía significar algo en una familia numerosa, se sitúa la acción de esta extraordinaria película. Evelyn Ryan (Julianne Moore) madre de diez hijos y esposa del mayor desgarra colchas que se ha visto en mucho tiempo en la historia del Cine, hace frente a las necesidades de su prole con ingenio, agudeza, y todo el optimismo y la paciencia del que el ser humano puede estar dotado.

¿Alguien podía imaginarse que se podía criar a los hijos con palabras?

Con el encanto y la nostalgia de las recreaciones del gran Woody Allen (Dias de radio), con la sencillez y con la originalidad con la que su productor Robert Zemeckis marca sus trabajos (Forrest Gump) llega La ganadora, adaptación de la novela “The Prize Winner of Defiance, Ohio” que es a su vez la biografía de Evelyn Ryan.

El cine norteamericano no ha padecido nunca el complejo “de autor” que empobrece al cine español, y por eso, a veces, nos da en las narices con una historia que hubiera pasado sin pena ni gloria por este mundo y que ahora va directa a las alfombras rojas. Los directores dirigen, los guionistas escriben, y los productores producen, y todos, de vez en cuando, leen. Y no les importa apropiarse de la vida de otro si éste tiene algo mejor que contar.

Hubo una época en la que las mujeres, siempre tachadas de volubles y sentimentales, no podían firmar sus propias hipotecas ni acceder a una cuenta bancaria. A veces, entre estas mujeres aparecían algunas con ganas de aventura y de trasgresión disfrazadas de ingenuidad. Pero tropezaban y se enamoraban del típico aspirante a artista destinado irremediablemente a caer en la tropa de los hombres corrientes. Perros del hortelano que ni comen ni dejan comer, representados aquí por el marido, el cura, el lechero, los policías… y que ante su vil comportamiento, una se sorprende susurrándole a la protagonista: “mátalos de una vez, descuartízalos a todos, hazlos trocitos pequeños y mételos en el hermoso congelador que ganaste en el último premio”.

Esta película es un homenaje a esas madres, cabeza (y corazón) de familia, que se les ocurrió responder a la amargura de los zapatazos y los portazos de su consorte con rimas y aliteraciones.

Y cuando una obra nos hace pasar de la carcajada al nudo en la garganta en una misma secuencia… es que estamos delante de una de las buenas.



lunes, mayo 14, 2007

ALTA SOCIEDAD (Crítica)

ALTA SOCIEDAD (CHROMOPHOBIA)
Dirección: Martha Fiennes
Interpretación: Clive Carter, Kristin Scott Thomas, Penélope Cruz, Ralph Fiennes, Ben Chaplin
Coprod: USA/UK/Francia
2007
136 min



Drama implacable que envuelve a sus protagonistas en situaciones que amenazan con tambalear su estabilidad social y emocional, en un mundo de riqueza y poder en el que el origen y la posición ya no son suficientes para salvaguardar y asegurar los privilegios de las generaciones venideras. Retrato del Londres contemporáneo fundamentado en los valores americanos de dinero, belleza y éxito.

Cantaba la Polla Records en “Qué hacen ahora en Londres”: Aquí la BBC, con lo último de lo último, lo muy muy y lo más más, y lo tope de lo tope, muñequitos…

Entre jardines zen, decoración minimal, psicoanalistas (las) con bigote, zapatos de Manolo Blahnik, bulimias residuales, obras de arte, clases de yoga, insatisfacción sexual… se mueven los protagonistas-muñequitos de Alta Sociedad, película de corte elegante, inteligente y honesta que escarba en los trapos sucios de los que dicen lavarlos dentro de la propia casa.

Una maravillosa Kristin Scott Thomas, seductora, chic, en el papel de galerista y madre del XXI y que sostiene mayormente el guión de una debutante directora como es Martha Fiennes. Una apenas reconocible Penélope Cruz interpretando a una prostituta enferma y madre soltera. Un camaleónico Ralph Fiennes, nominado dos veces a un Oscar por El paciente inglés y La lista de Schindler, encarnando esta vez, al profesor culto y sensible. Un padre retirado en una vieja mansión rodeado de naturalezas vivas y muertas, que esconde el gran secreto de la cinta y que acabara redimiendo todos sus pecados. Un hijo caprichoso y malcriado, rockero desfasado, que aún cree que la llamada desde arriba arregla cualquier imprevisto. Además, el típico periodista oportunista y el no menos típico, asistente social.

Todos se enredan cada vez más entre la apariencia y la soberbia, el elitismo y el puterío, la traición y la vergüenza.

Todo nos recuerdan aquello de “los ricos también lloran” y aquello otro de “las penas con pan, son menos”.

Cinta pues, para entretenerse y acudir al cine sin demasiadas expectativas.
Publicada en Generación XXI, mayo 2007

domingo, mayo 13, 2007

ZODIAC (Crítica)

ZODIAC
Dirección: David Fincher
Interpretación: Jake Gyllenhall, Mark Ruffalo, Robert Downey Jr.
EEUU
2007

Soy Zodiac. La pesadilla de 2º curso de David Fincher.

Noviembre de 1969. En el área de la Bahía de San Francisco comienzan a sucederse toda una serie de homicidios. El asesino envía a todos los medios de comunicación unas notas auto-responsabilizándose de todos ellos y unos mensajes cifrados amenazando con más. Sólo se recuerda un caso igual en toda la historia: Jack el destripador y al malvado Conde Zaroff en la ficción de 1932.
Será un dibujante del San Francisco Chronicle (Jake Gyllenhall) el que finalmente intente dar caza al cazador.
Cuando a David Fincher le propusieron crear una película que le llevaría a volver por los pasos de Zodiac, no dudó en zambullirse en más de diez mil documentos que componen los archivos del caso sin resolver por antonomasia: el comportamiento violento y destructivo de un asesino nunca atrapado que se autoinculpó de más de 13 víctimas y de otras 2 docenas que se sospechan, el caso que alcanzó proporciones míticas en la América de los años 70, el que trajo de cabeza durante más de 20 años a las autoridades de cuatro jurisdicciones, el que inspiraría los libros de “Zodiac” y “Zodiac Unmasked”, unos diarios escritos en primera persona por el mismo Robert Graysmith, un dibujante de chistes malos en aquellos tiempos.


El director que ya nos había presentado magistralmente en Seven una de un asesino en serie, confiesa que su último trabajo va más allá del género. Hay en sus protagonistas algo que reside en todos nosotros: la capacidad de ser consumido por un hecho con tal intensidad que día tras día, noche tras noche, año tras año… te resulta imposible deshacerte de ello. Llegar a su psicología, articular cinematográficamente sus emociones, graduar el comportamiento humano que va de lo anormal a lo malévolo, interpretar la fuerza destructiva del hombre y canalizar la histeria colectiva. Todos estos objetivos son logrados en este drama apremiante y verosímil que encaja al espectador en la butaca durante más de dos horas.

Encapuchado y armado con un cuchillo de monte unas veces, con una Luger 9 milímetros otras, Zodiac desestabiliza las vidas del periodista más osado Paul Avery (Robert Downey Jr, Buenas noches y buena suerte, Gothika, y la serie de la Fox-TV Ally Mcbeal), del detective más tenaz, mitad Colombo mitad Harry El Sucio, Dave Toschi (Mark Ruffalo, Collateral, Ojalá fuera cierto, Olvídate de mí) y del dibujante convertido a escritor Robert Graysmith (Jake Gyllenhall, nominado por su interpretación en Brokeback Montain de Ang Lee).

La cinta, aun conservando algunas de las señas de identidad del universo de Fincher (el paso del tiempo a través de las imágenes ralentizadas de un edificio en construcción…) presenta la originalidad y la genialidad de enfrentarnos a dos conflictos: cuando la infamia eclipsa a la fama, y cuando se quiere saber lo que no se puede.
Publicada en www.supernovapop.com, mayo 2007

sábado, mayo 12, 2007

ELLOS Y ELLAS (Crítica)

ELLOS Y ELLAS
Director y guionista: Bart Freundlich
Interpretación: Julianne Moore, Maggie Gyllenhaal, David Duchovny, Billy Crudup
USA
2007
114 min


Neoyorquinos del XXI se enfrentan a los retos del amor, del matrimonio, de la paternidad, de la infidelidad, de los celos, de las “exigencias” de las carreras artísticas y de los “peajes” de las aspiraciones profesionales… Una actriz de éxito (Julianne Moore), un pringado como marido (David Duchovny), un cuñado, mejor amigo y más pringado aún (Billy Crudup) y una novia de 7 años que quiere casarse y ser madre (Maggie Gyllenhall). Risas, mentiras, cuernos, lágrimas, pedos, sexo, chistes, terapias, tópicos y los inconvenientes de aparcar en Manhattan.

Ellos, con la misma madurez que un adolescente pero con la cuenta corriente de un treinteañero.
Ellas, con aspiraciones de artistas y escritoras pero con ganas de cumplir con la tradición matrimonial y maternal.
Ellos, con la fantasía sexual de poder tener un revival con la tía buena con la que salieron en la universidad aunque ahora esté ya casada.
Ellas, con la esperanza de encontrar una polla enorme que logre borrar la sutil diferencia entre sexo y sexo placentero pero que por el día no aburra.

Película de guapos y guapas, divertida, fresca, inocente, sencilla, sincera, que va a pegar muy bien en esta época primaveral de juegos florales en parques y terrazas, de love is in the air, de oportunas conquistas con vistas al verano, de renovaciones sentimentales y/o de vestuario…

Sus protagonistas, de sobra conocid@s por tod@s, encantadores en sus interpretaciones e irresistibles en sus papeles, representan sin problema todo ese magma de conflictos personales y emocionales que la treintena nos obliga a superar.

Ellos y ellas, sin lugar a dudas, la comedia y/o/para la cita de la semana.
Publicada en www.supernovapop.com, mayo 2007

jueves, mayo 10, 2007

KEANE (Crítica)

KEANE
Dirección: Lodge Kerrigan
Interpretación: Damian Lewis, Abigail Breslin, Amy Ryan
Productor ejecutivo: Steven Soderbergh
EEUU
2007
93 min



Desde la terminal de autobuses de Port Authority en Nueva York, William Keane (Damian Lewis) libra su propia batalla contra la esquizofrenia e intenta afrontar lo que parece el secuestro de su hija. En realidad, no sabemos si realmente la niña ha desaparecido o simplemente nunca existió y sólo es una creación fantasmal de su mente enferma. Lo cierto es que Keane va a reponer esa ausencia cuando encuentra a Kira (Abigail Breslin) y a su madre. El suspense ante las buenas intenciones de padre o las perversiones de enfermo nos conducen a un callejón, esta vez, con apertura subjetiva al final.

Su premiada ópera prima Clean, Shaven (1994) fue etiquetada como una de las mejores películas independientes dentro de las antologías neoyorquinas.
Prácticamente la misma trayectoria seguiría su segundo trabajo Claire Dolan (1998), y ahora nos presenta Keane, apadrinada por Steven Soderbergh como productor ejecutivo. Rodada con cámara en mano, lo que sin duda aumenta la cercanía y la sensación de realidad, Lodge Kerrigan nos introducen de lleno en el inestable mundo de la esquizofrenia, tomando prestados elementos del cine realista, con humanidad y sin efectismos. Para ello se ha servido del increíble talento de Damian Lewis, curtido en los escenarios teatrales y que dota al film de toda la angustia de la locura, de la triste sensación de aislamiento y de la insoportable amargura de la culpabilidad. Paranoia, ansiedad, alucinaciones, disociaciones, remordimientos, tensiones … hilo musical, estaciones, centros comerciales, cheque de estado, tugurios, vodka, cocaína, cerveza, soledad y sexo en los baños públicos, componen el retrato crudo y violento de la cinta.

El espectador se enfrenta minuto a minuto al conflicto de elegir sus propias emociones y juicios ante un personaje que no sabemos si apiadarnos de él o desearle la muerte… quizá lo uno vaya ligado a lo otro… Atemorizados por lo que prevemos que puede llegar a ser capaz, por un lado, compasivos al ponernos en su lugar, por otro.

Rodada en escenarios reales, con poca luz, con la sensación de tiempo real, construida en torno a su personaje central, presente en casi todos los planos, descubrimos toda la herencia cinematográfica de Rossellini, Cassavetes, Ken Loach, Lars Von Trier e incluso del propio Soderbergh en Traffic (2000).

Película pues, demoledora, hipnótica, minimalista, frágil e intensa que hace de Kerrigan un director a seguir.
Publicada en www.supernovapop.com, mayo 2007

viernes, abril 13, 2007

Nº 23 (Crítica)

NÚMERO 23
Dirección: Joel Schumacher
Interpretación: Jim Carrey, Virginia Madsen, Logan Lerman
USA, 2007


Sabed que vuestro pecado también os alcanzará…

Walter Sparrow (Jim Carrey) captura perros peligrosos con más o menos destreza –que para eso lleva ya unas cuantas de corte animalero- hasta que el día de su cumpleaños (ya se pueden imaginar la fecha) es mordido por uno de ellos, NED, un perro de presa de color blanco con papel propio: ser guardián de los muertos. A partir de aquí nuestro protagonista queda atrapado en la lectura de una novela regalo de su mujer que refleja y rescata, el presente y el pasado de su lector. Su esposa (Virginia Madsen) intentará evitar las supersticiones primero, calmar los ánimos después, para sorprendernos finalmente en un -poco creíble- arrojo de valentía y comprensión. Espirales obsesivas, tormentos y pesadillas, asesinatos inconfesados, sumas y restas, todo un magma de búsquedas que den explicación a los misterios novelescos de su propia vida.

Dicen que hay números con maldición y números con suerte. El 23 parece ser uno de los primeros. Nos conduce desde las letras del alfabeto a los cromosomas del genoma humano, pero lo importante para esta cinta es la fecha predicha por los mayas del fin del mundo o el number of the beast que cantaban Iron Maiden y que según este guión también esconde un 23. En suma: muerte, sexo, tormento, superstición, maldad, ocultismo… velas negras…

Joel Schumacher se ha permitido hora y media de fotogramas sugestivos inundados de blancos lechosos y rojos incendios según quiere conducirnos a la inocencia o a la lujuria. Movimientos de “cabeza caliente” subiendo vertiginosamente por una escalera para frenarlos en seco en el primer plano del actor. Todo para conseguir la elevación del tanto por ciento de ácido láctico en nuestros músculos y que según los estudios psicológicos puede llegar a inducirnos la pantalla cinematográfica.
Para ello, se ha surtido de la versatilidad de dos actores expertos: la belleza gélida y el impresionante talento dramático de Virginia Madsen (Entre copas de Alexandre Payne y la recién llegada El último show de Robert Altman) y el siempre socorrido buen hacer de Jim Carrey. A ellos se les debe en parte, que un guión lleno de carambolas y operaciones matemáticas se sostenga. Y que conste, que no lo decimos como reproche, porque a estas alturas, su director ya ha demostrado suficientemente que puede picotear en el género que le venga en gana, pero es que a veces el exceso de intriga termina con dolor de barriga.

Nº 23 es una muestra más del estilo que caracteriza a Schumacher, originalidad, rapidez de escenas y rodaje hollywodense.
Quién sabe si nuestros perros bautizados como Beckham o como Jordan puedan finalmente acarrearnos algún infierno numérico. Como oímos en Milenio: tatatachín, tachín, tachín


PUBLICADA EN www.supernovapop.com, ABRIL 2007


martes, abril 10, 2007

EL CORAZÓN DE LA TIERRA (Crítica)

EL CORAZÓN DE LA TIERRA
Director: Antonio Cuadri
Intérpretes: Catalina Sandino Moreno, Sienna Guillory, Philip Winchester, Bernard Hill…
Coprod: España-UK-Portugal
2007
En 1888 una compañía inglesa explota las minas de Ríotinto en Huelva. Cosechas, ganados, ríos y la salud de ancianos, mujeres y niños, sufre la agresión del dióxido de azufre que hace irrespirable la atmósfera de la tierra. Con la llegada del revolucionario Maximiliano, mineros, agricultores y gentes del lugar, se manifiestan protagonizando así el primer acto de reivindicación ecológica de la Historia.
La amistad entre la sobrina del director británico y una niña de la tierra, el amor entre su madre y el revolucionario, la traición de los soldados del ejército… forman parte de los hechos que acontecen en “el año de los tiros”.


Cuando una obra está dedicada “a los mártires…” de cualquier hecho histórico, saltan las alertas que nos previenen de que el objetivo de la cámara hará las veces de púlpito y que la personal visión y lectura del director tornará en testimonio.
El corazón de la tierra, megaproducción de 12 millones de euros que ha intentado reunir a un elenco tan variopinto de actores que no se sabe cual es el acento foráneo y cual el autóctono, nos presenta una historia con tintes de culebrón que aún pareciendo interesante y puede que bien contada en la novela, se nos hace larga y pesada en la pantalla. Personajes prototipos en cualquier revuelta social que van desde el revolucionario adalid de la protesta, con el discurso de los bienaventurados y el físico del primo de Los Chichos; a la bella maestra agitadora entre la inocencia y la cursilería; la jovencita aburguesada que por llevar la contraria abandera una causa que no es la suya; a la madre sufriente y doliente que tiene de lozana andaluza lo que Victoria Beckham; el concienciado y motivado de la tierra encarnando a la violencia primitiva, imberbe y paliducho, que no pondríamos nuestras vidas en sus manos ni hartos de vino y por fin, el disidente de la tropa que no dudará en abandonar su puesto si la cosa trae, además, algo de faldas.
El único personaje a destacar y a citar con nombre propio es el que hace de malo malísimo Mr. Crown (Bernard Hill), carácter, credibilidad y caché.

Todo lo demás no es rescatable, aún envolviéndolo en ese colorcillo sepia de las fotografías antiguas, deviene en saltos en el tiempo adelante y atrás que nos despistan más que nos informan, con panorámicas excesivas que imitan al documental de corte histórico-ecológico y que ponen en evidencia el despilfarro de recursos para semejante producto, pobre en investigación, en argumento y en datos.

Si lo que quieren es disfrutar de un western, alquílense a Eastwood; si necesitan documentación de la época, acudan a la biblioteca; si gustan de las telenovelas… tampoco vayan a verla.


PUBLICADA EN www.supernovapop.com, ABRIL, 2007

martes, marzo 27, 2007

HARSH TIMES. VIDAS AL LÍMITE (Crítica)

HARSH TIMES. VIDAS AL LÍMITE.
Director y guionista: David Ayer
Intérpretes: Christian Bale, Freddy Rodríguez, Eva Longoria
USA, 2007
120 min


El antiguo soldado Jim Davis (Christian Bale) intenta reinventarse tras su regreso de la guerra del Golfo, rellenando solicitudes para todos los cuerpos del ejército de los Estados Unidos. Quiere que su vida vuelva a la normalidad, casarse con su novia mexicana y eliminar de sus noches las pesadillas del horror de los combates. Su mejor amigo es Mike Alvarez (Freddy Rodríguez) quien también intenta buscar trabajo porque está siendo mantenido por su paciente novia Sylvia (Eva Longoria). La pareja de amigos salen cada mañana con sus trajes y sus buenas intenciones pero los obstáculos, la sociedad, la genética del vago o del asesino, les conducen por otros derroteros.

De casta le viene al galgo… David Ayer nació en el centro de Estados Unidos pero en plena adolescencia se trasladó a South Central en Los Ángeles. A los 18 años se alistó en la Marina y tras su licenciamiento se convirtió en guionista de Hollywood. Autor de la oscarizada Training Day (Antoine Fiqua, 2000) y de A todo gas (Rob Cohen, 2001), cinta imprescindible para los amantes del tuning, debuta ahora escribiendo y dirigiendo Harsh Times.
Su sello, para bien o para mal (dependiendo de los gustos) es lo que es, y no hay que darle más vueltas: corrupción, violencia, hip hop, tias buenas que gastan la misma talla de sujetador que de mala hostia, drogas, latas de cerveza, armas de todo tipo de calibre, velocidad, argot callejero, palizas, camisetas de tirantes y bíceps tatuados.
Rescatar a actores como Christian Bale, que a pesar de un malogrado acento chicano, engulle al resto del elenco, y ponerlo al mando de esta cinta, es sin lugar a dudas, una decisión acertada, puesto que ya demostró que nadie como él para correr desnudo tras una puta con una motosierra en la mano (American Psycho). El problema al que van a parar la mayoría de estos “musculator” es que luego nos resulten intragables en una de “para todos los públicos” como Arnold Schwarzenegger en Poli de guardería o Vin Diesel en Un canguro súper duro. Pero en cualquier caso, todo macho tiene derecho a sus 15 minutos de ternura.
Eso sí, como norma preventiva, si al entrar en un apartamento de soltero te tropiezas con una tabla de planchar y enfrente hay un saco de boxeo, excúsate diciendo que tienes que retocarte el maquillaje y echa a correr sin volver cabeza. Porque en los metros que separan lo uno de lo otro, se esconde posiblemente un psicópata.

En el caso concreto de Bale, encarnando aquí a esa especie de soldado del Apocalipsis, prototipos que van desde Michael Douglas en Un día de furia hasta Brad Pitt en El Club de la Lucha, a ratos humanos y a ratos animales, sobreviviendo a su particular tipo de infierno que a veces, (y es lo peor y es lo creíble) parece asemejarse más de lo que quisiéramos al de tod@s, y que acaban clamando piedad y pidiendo que les disparemos. Y lo haremos. Porque si sus acciones nos desahogan su muerte nos libera.


PUBLICADA EN www.supernovapop.com , MARZO 2007

jueves, marzo 22, 2007

DIARIO DE UN ESCÁNDALO (Crítica)

DIARIO DE UN ESCÁNDALO
Dirección: Richard Eyre
Interpretación: Judi Dench, Cate Blanchett, Bill Nighy
UK, 2007


En el centro de un secreto con derecho a traición se encontrarán dos mujeres atrapadas. Barbara Covett (Judi Dench) va anotando amargamente todo lo que ocurre a su alrededor en un diario que hará de testimonio de todos los pecados llevados a cabo en su escuela. Su mundo de soledad y rigidez salta por los aires cuando llega a las aulas de secundaria la joven profesora se arte Sheba Hart (Cate Blanchett) encarnando a la esperada y ansiada confidente, alma gemela y leal amiga de la vieja maestra. Los intereses se mezclan, los deseos se confunden, las fidelidades se quiebran.

Bien nos ha enseñado el séptimo arte que los rostros del psicópata pueden ser de lo más impensables y variopintos. Basada en la novela de Zoë Heller y nominada al Oscar como mejor guión adaptado (Patrick Marber) llega la intriga de Diario de un escándalo, dirigida con maestría por Richard Eyre y cuya potencia dramática y psicológica sacude al espectador taciturno que había olvidado aquéllas damas de hierro que gobernaban los patios del instituto y que nos han hecho a más de un@ quemarnos los dedos del cigarro. No es de extrañar que haya sabido exprimir al máximo las letras de la novela porque Eyre acumula un saco de premios como director teatral y se ha atrevido recientemente con la obra de Arthur Miller “El crisol”, protagonizada por Liam Neeson y por la que fue nominado a un Tony al mejor director.

Arropado por el bagaje de Judi Dench (nominada como mejor actriz) de más de 40 años de carrera en la pequeña y en la gran pantalla y los escenarios teatrales, da cuerpo y gesto a la abuelita veneno (implacable como M en la serie de James Bond) y que no gastará en escrúpulos al juzgar, manipular y finalmente, maltratar psicológicamente a aquellos que eviten su abrazo septuagenario.

La inocencia, la bohemia burguesa y el viciosillo irreprimible vendrán de la mano de Cate Blanchett (también nominada como mejor actriz de reparto), que ya nos había seducido como Galadriel, reina de los Elfos en El señor de los anillos de Peter Jackson y en La chica de mis sueños de Cherie Nowlan y hasta malherida y haciendo pipí sujetada por Brad Pitt en la reciente Babel. La justificación para su desliz es que el imperativo de matrimonio más hijos no abastecen el sentido de su vida. Y cómo no, la creemos y la perdonamos.
Atención pues al adolescente pecoso y pecaminoso Andrew Simpon que recibe la réplica, y que al parecer lleva toreando en las tablas de toda Irlanda desde los cinco años, y con tal inicio, y con tal maestra, esperamos más habladurías.

Destacar finalmente la BSO a cargo del también nominado Philip Glass. Su fuerza inunda unos fotogramas desnudos y nos hace tragable una de esas historias que todos hemos oído alguna vez, que nadie sabe nunca cómo sucedió, de la que simplemente un día se dejó de hablar, y que algún escritor, guionista o reportero malintencionado, la trae del pasado.


PUBLICADA EN www.supernovapop.com, MARZO 2007

miércoles, marzo 21, 2007

ENTREVISTA A MIGUEL CERECEDA

TEXTO: MAR GÓMEZ Y JORGE NAVARRO
FOTO: SARAH BIENZOBAS

Miguel Cereceda (Santander, 1958) es profesor titular de Estética y Teoría de las Artes en los departamentos de Filosofía y de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid. Obtuvo la cátedra de Filosofía de Bachillerato y fue también profesor de Sociología del Arte en la acreditada Facultad de Bellas Artes de Cuenca.
Miembro de la Junta directiva del Círculo de Bellas Artes y crítico de arte en ABC Cultural, con una cantidad ingente de artículos y colaboraciones en diferentes diarios, libros y catálogos, le entrevistamos en su despacho, en unas horas de tutoría entre clase y clase, recibiéndonos ya como ex profesor, en cierta manera orgulloso de sus pupilos y a la par combativo y dispuesto a echarnos por tierra cualquiera de nuestras tesis mal argumentadas.
El recuerdo de sus clases magistrales nos trae a la memoria el método socrático entre la ironía y el humor, el aprendizaje y el juego, algunos momentos de “trágame tierra”, diálogos ionescos, mil anécdotas que todavía hoy provocan nuestra risa y por supuesto, el inevitable cariño hacia esos maestros que nos dejaron su huella.
Nuestra charla llega con la resaca aún de ARCO 2007 y los fastos del Día Mundial de la Mujer Trabajadora, por lo que aprovechamos tal contexto para exprimir dos de sus libros más reputados: “El origen de la mujer sujeto” y “Problemas del arte contemporáne@. Curso de Filosofía del arte en 15 lecciones”.


Se dice que Arco 07 va a mejor después de 26 ediciones, pero su nueva directora habla de cómo otras ferias sin tanta experiencia, ganan posiciones al estar situadas en centros financieros como Londres o Miami. Si ésta es la premisa ¿tiene una feria en Madrid capacidad de competición internacional?
ARCO no deja de ser una feria comercial, es decir, responde a que haya una estructura económica que respalde ese mercado, no se trata de una bienal como las de Estambul o Sao Paulo. En ese sentido, la directora Lourdes Fernández, tiene razón cuando dice que efectivamente, hay ferias más jóvenes como la de Miami Basel o Frieze en Londres con una mayor repercusión comercial y mediática. ARCO es una feria de arte español contemporáneo presente fundamentalmente en España. Se han hecho esfuerzos por invitar a inversores y coleccionistas internacionales, pero a la hora de la verdad corresponde al mercado español. Quizá lo más sorprendente de ARCO no es la posición económica, sino la repercusión mediática y de visitantes que tiene, produciendo un fenómeno mediático y espectacular sorprendente, con gran relevancia en el panorama social y cultural español.

Ciertamente se habla de esa separación entre bienal y feria, pero si nos referimos al número de visitantes, ARCO cuadruplica a Basilea.
Efectivamente, lo que quiere decir que ARCO esta ocupando un espacio que quizá no le corresponde. Aparenta de cara al espectador medio español el gran escaparate del arte contemporáneo, cuando éste debería presentarse en los museos y en grandes exposiciones. Se ha intentado hacer en España bienales, pero no se consolidan. Para una bienal hay que generar una infraestructura importante que les permita tener continuidad.

Si el escaparate es mediático, si la compra es mediática ¿está atrapado el arte dentro de estrategias de marketing?
Si. En el mercado del arte todo pertenece a la estrategia del marketing. Una cosa es el arte como reflexión sobre los problemas de nuestra cultura y otra cosa es su mercado. Sin duda, lo primero no tendría existencia sin lo segundo, una industria cultural que lo respalde. Esto con el cine o con la música pop no plantea problemas. Sin embargo el arte, al suponerse más dedicado a reflexionar sobre grandes problemas, se le quiere redimir de su relación con el mercado. A la hora de la verdad, el cine y la música contemporánea han resuelto esta relación sin contradicciones. Lo mismo empieza a suceder con el arte, las artes plásticas o visuales están aprovechando canales que son evidentemente mercantiles.

¿La pintura y la fotografía siguen mandando?
Si porque la mayor parte de los coleccionistas que hay en España son pequeños, con una colección incipiente de apenas 20 o 30 obras y evidentemente, todavía responden a parámetros tradicionales de adquisición. La pintura pervive y se sigue vendiendo porque hay sofá y encima queda un incómodo espacio en blanco que el hogar burgués tiene que rellenar. La pintura o la fotografía satisfacen muy bien esa necesidad.

Pero los galeristas hablan de un nuevo cliente informado, culto y exigente que sabe lo que quiere ¿es que va el mercado por un lado y la teoría por otro?
La crítica tiene poco que ver y poco efecto sobre el mercado. La experiencia crítica en este aspecto es muy desoladora. Tu puedes criticar a Barceló pero ya está muy por encima de tus críticas, y puedes defender muchísimo a un artista que te entusiasma y tampoco tiene ningún efecto. El crítico tampoco es el juicio último en la Historia del Arte, está más interesado en los planteamientos de un artista o en las aportaciones intelectuales o formales que el trabajo artístico pueda desarrollar. El mercado tiene sus propias leyes y despliegues. Por ejemplo, Manolo Valdés, un artista que de repente se ha sobre valorado muchísimo, y que la crítica ya puede desgañitarse diciendo que no tiene mayor interés, pero el comprador al final busca revalorizar su adquisición ¿no?

Se dice que el arte en España es ya la tercera inversión por detrás de la inmobiliaria.
No lo sé, habría que ver cuanto se invierte en drogas (risas) u otro tipo de cosas. Es cierto que el mercado español está muy comprometido con el ladrillo y que el ladrillo ha llevado a una ampliación del mercado del arte. Te lo cuentan muchos galeristas: la gente compra ahora cuadros para poner en el adosado. Todo esto ha producido una proliferación sorprendente de galerías. En Madrid hay unas 150 galerías de arte contemporáneo funcionando, y dices “como es posible esto, si parece que no hay mercado”. Pues con 150 galerías, algo debe haber.

En tu obra“Problemas del arte contemporane@” afirmas cierta intromisión de la filosofía en el territorio del arte. ¿No ha sido siempre así?
La filosofía siempre ha sido referente para el arte, pero el arte no siempre ha sido referente para la filosofía. Para Spinoza, Leibniz o Descartes, el arte es una cuestión casi ajena. Después de la Revolución Francesa se reconsideran los problemas del arte como un problema filosófico fundamental. El desembarco de la filosofía en el mundo del arte ha producido cosas un poco patológicas que a veces suscitan la indignación de algunos historiadores del arte como si hubiera una invasión de su territorio. Podría mencionar casos de eminentes críticos o teóricos de arte contemporáneo que son filósofos; Fernando Castro, José Luis Brea, Guillermo Solana, tienen una formación filosófica. La propia filosofía se viene orientando hacia los problemas del arte desde el siglo XIX con Schelling y Hegel. En Schopenhauer y en Nietzsche esto es evidente. En el siglo XX, grandes filósofos como Heidegger o la orientación marxista, que es todavía más sorprendente, desembocan en una poderosa teoría del arte, Benjamín o Adorno se ocupan también de estas cuestiones. Esto no es abandonar los problemas tradicionales de la filosofía. Es una evolución concreta que se debe también a un cierto agotamiento, una cierta crisis de la filosofía. El discurso filosófico es siempre el discurso de una crisis. En filosofía no hay acumulación o crecimiento como en la ciencia y esa crisis lleva a replantearse todo desde el principio. La filosofía se esta ocupando de los problemas del arte porque en éste hay un modelo de conocimiento alternativo a los modelos de la ciencia y de la técnica.

En esta pérdida de referencia de los valores culturales ¿cuál es el papel entonces de la creación artística contemporánea?
A mi me gusta una expresión que utilizaba Eva Lootz hablando del arte como “pensamiento salvaje”, es decir, el arte tiene esa capacidad de anticipar cosas. A veces dice lo evidente, pero a veces dice cosas que no se han pensado suficientemente. En este sentido, el arte da a luz. La filosofía reflexiona sobre lo que el arte presenta o representa, no se convierte en una estética normativa que diga lo que el artista tiene que presentar o representar. Sin embargo, también forma parte de la industria del espectáculo y eso permite a críticos como Fernando Castro, hablar de bufonería del arte contemporáneo. Es decir, la característica principal es entretener, servir a los poderosos, como los bufones medievales, un arte boludo, en el sentido argentino. Con ello se pierde un elemento critico importante que a mi me gusta rescatar y reivindicar. Tal vez ese pensamiento salvaje es el que hace aparecer formas expresivas, reflexiones, pensamientos, sentimientos que no están suficientemente puestos a la luz y que es posible que sean lo más interesante del arte.

A propósito del Día de la Mujer Trabajadora oímos palabras como realización, independencia… pero la conquista no parece tal cuando el regalo más solicitado por nuestras alumnas al acabar la Selectividad es el aumento de pecho ¿no crees?
Si y no. Por un lado aparece una mujer mucho más crítica que a la vez que quiere un aumento de pecho quiere un aumento de sueldo. Es decir, que lo cortés no quita lo valiente y al feminismo clásico se ha sumado un feminismo que reivindica la belleza femenina, la seducción, la coquetería, sin que ello suponga necesariamente un compromiso con la sumisión al varón.

Entonces ¿se impone o no el paradigma de la mujer objeto?
Hay que trabajar en la línea colectiva de reivindicación de derechos de la mujer pero en lo que se refiere a las formas de seducción, yo no tengo claro si es una objetualización ya o no. Cuando uno habla con mujeres mayores, y hablo de una experiencia propia reciente, dicen que no les importa ya su inteligencia o su nivel económico sino que lo que echan de menos es su belleza, su poder de seducción. Esto tiene un componente de dominio sobre el otro puramente sexual y que tiene fecha de caducidad, pero no es sólo en la mujer, el homosexual vive la tragedia del mismo modo. Las formas de sexualidad son ricas y no deben subsumirse a la alienación femenina. Por supuesto que hay fenómenos objetivos que son compromiso de todos cambiarlos, por ejemplo ese 30% menos de la masa salarial. Hay que erradicar la discriminación en el mundo académico, adecuar la ratio entre profesores/as y alumnos/as, en esos departamentos que el porcentaje de alumnas son superiores y sin embargo los profesores son el 90% varones. Esto es un objetivo que hay que asumir entre todos. Pero el tema de la mujer objeto de hoy se encuentra también en el varón. El hombre también se ha objetualizado, se depila, se da crema, se perfuma, siendo quizás el modelo histerizado de la cultura contemporánea. En esa objetualización hay una voluntad de seducir al otro, de llegar al deseo del otro, heterosexual u homosexual…El hecho pues, de querer reivindicar la sexualidad es positivo, afirmar las formas más rotundas y más provocativas.

Pero en “El origen de la mujer sujeto” rescatas la idea de la seducción de la palabra, del poder del lenguaje…
Si pero a veces un buen par de tetas también es un signo lingüístico, como lo son unos tacones, como lo son unos pendientes… Hablamos de un mundo simbolizado. ¿Qué significan unos zapatos de tacón? Profesionalidad, seducción, coquetería… Acabamos precisamente de perder a Baudrillard que fue el primero que habló del sistema de los objetos como sistema lingüístico. Nos vestimos de una determinada manera y con ella decimos algo: “estoy disponible” o “no me molesten”. Uno representa con sus signos a un prototipo elegido por él mismo ¿detrás hay estrategia de seducción? Sin lugar a dudas. El despliegue lingüístico que es la apariencia encuentra otro despliegue que enlaza con el lenguaje, con lo verbal, donde el propio deseo se articula como lenguaje y esto es un hallazgo lacaniano: el inconsciente articulado como lenguaje, la estructura lingüística del deseo. Lo que se desea es el deseo del otro: qué me habla, qué me llama, qué me quiere… Esto es lo que nos lleva a autoanalizarnos y en casos patológicos a psicoanalizarnos ¿no? (risas)


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