sábado, agosto 07, 2010

BLADE RUNNER (adaptación)


BLADE RUNNER ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Philip K. Dick
Edhasa, Barcelona, 2000



- Ese había sido el incentivo básico de la inmigración. El androide era la zanahoria, y la lluvia radiactiva el látigo. La ONU hizo que emigrar fuera fácil, y difícil –cuando no imposible- quedarse. Permanecer en la Tierra significaba la posibilidad de ser clasificado en cualquier momento como biológicamente inaceptable, una amenaza contra la herencia prístina de la estirpe humana. Una vez calificado “especial”, un ciudadano quedaba, aunque aceptara la esterilización, al margen de la historia. Cesaba de pertenecer a la humanidad. Y sin embargo, aquí y allá había personas que se negaban a emigrar: eso constituía una irracionalidad sorprendente incluso para los interesados. Lógicamente, todos los normales tenían que haber emigrado ya. Quizás, a pesar de su deformación, la Tierra seguía siendo familiar e interesante. O quizá quienes permanecían imaginaban que la nube de polvo terminaría por caer. De todos modos, miles de personas se habían quedado, agrupadas en su mayoría en zonas urbanas donde podían verse físicamente, y animarse mutuamente con su presencia. Estos parecían relativamente cuerdos; pero además –una dudosa adición- había en los suburbios, virtualmente abandonados, seres ocasionales y peculiares. Pág. 22

- Pensó también en su necesidad de un animal verdadero. Una vez más se manifestaba el odio que le inspiraba su oveja eléctrica, que debía cuidar y atender como si estuviera viva. La tiranía de los objetos, pensó. Ella no sabe que yo existo. Como los androides, carece de la capacidad de apreciar la existencia de otro ser. Jamás había pensado antes en la semejanza entre los animales eléctricos y los andrillos. Un animal eléctrico era una forma inferior, un robot de menor calidad. O a la inversa, un androide era una versión altamente desarrollada del seudoanimal. Las dos ideas le resultaban repulsivas. Pág. 41