sábado, agosto 20, 2011

DÉJAME ENTRAR (adaptación)




DÉJAME ENTRAR
JOHN AJVIDE LINDQVIST
(Trad. Gema Pecharromán)
Ed. Espasa Calpe, Madrid, 2008




- La euforia de los cazadores era de los otros; el terror de la víctima, suyo. Pág. 16

- Pobres de las personas que están solas en un mundo sin belleza… Alguna compañera que estaba embarazada. Un chico que no asumía su responsabilidad. Así estaban las cosas. Continuamente. Todos pensaban nada más que en sí mismos y en lo suyo. “Mi” felicidad, “mi” éxito era lo único que se oía. Amor es poner la vida a los pies del otro, y de eso son incapaces las personas de hoy día. Pág. 25

- Esto es Suecia. Cógete una silla y ponla en la acera. Siéntate en la silla y espera. Si esperas suficiente llegará alguien a darte dienro. O a hacerse cargo de ti de alguna manera. Pág. 154

- Él se quedó mirándole la nuca. ¿Qué es lo que pasa? Aquel pensamiento ya se le había ocurrido a Oskar abajo, en el sótano, cuando estuvo recogiendo las botellas y se secó la sangre de la mano con un trozo de tela del cuarto de la basura, que Eli era una vampira. Eso explicaba un montón de cosas. Que nunca saliera de día. Que pudiera ver en la oscuridad, cosa que él sabía de sobra que podía hacer. Además de un montón de cosas: la manera de hablar, el cubo, la agilidad, cosas que sin duda podían tener una explicación natural… pero es que, además, estaba la forma en que había chupado la sangre del suelo, y lo que realmente le congelaba las entrañas cuando pensaba en ello: ¿Puedo entrar? Dime que puedo entrar. Pág. 215

- Lacke la vio cuando con sus últimas coronas se compró un paquete de Prince rojo en el kiosco del Amante, de camino a casa de Gösta. Había estado durmiendo toda la tarde y se sentía como Raskolnikov: el mundo: el mundo era borrosamente irreal. Echó una ojeada a la instantánea de la oveja y asintió para sí. En su estado actual no le parecía raro que la policía se dedicara a detener ovejas. Pág. 307