viernes, octubre 05, 2007

NO BASTA UNA VIDA (Crítica)

NO BASTA UNA VIDA
Dirección: Ferzan Ozpetek
Interpretación: Luca Argentero, Pierfrancesco Favino, Marguerita Buy…
Producción: Italia, Francia, Turquía
2007

Una pandilla de amigos intenta continuar las reuniones que les unía cuando eran jóvenes, resistiéndose a los cambios. Es el joven Lorenzo el que consigue agruparlos a su alrededor cada noche, y será el joven Lorenzo el que finalmente, con su ausencia, conseguirá que la amistad entre todos, permanezca.

El director turco Ferzan Ozpetec nos vuelve a emocionar con una de esas historias a caballo entre la risa y el llanto. Nacido en Estambul, se trasladó a la universidad de Roma a finales de los años 70 y se inició en el cine como ayudante de dirección de Maurizio Ponzi. Su primer largometraje, Hamán el baño turco (1997), fue un ejemplo de cómo reconstruir la historia y la vez, la propia vida. En El último harén (1999), historia de pactos y de amores, nos trasladó a principios del siglo XX en vísperas de la caída del imperio otomano. Será a partir de El hada ignorante (2001) cuando el director se sensibiliza ante la pérdida del ser querido y la forma, a veces insospechada, de superarlo. La cinta recibió el Premio a la mejor película en el Festival de Cine Gay y Lésbico de Nueva York.
Su último trabajo, La ventana de enfrente (2004) drama melancólico y seductor en el que los protagonistas se estudiaban a través de la ventana, conquistó a todo aquel amante de la imagen, atrapándole en una narración igual de lenta que de intensa.

Ahora, Saturno contro, título que mencionamos por ser quizá más adecuado que la traducción española, Ozpetek recoge la herencia de la inolvidable Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992) y de su antecesora Reencuentro (Lawrence Kasdan, 1983), mostrándonos todo ese magma de sentimientos que resultan implacables con el paso del tiempo: hastíos conyugales, necesidades de afecto, adicciones y soledades varias, frustraciones y desencantos, que toman sentido o sinsentido, depende del lado del prisma, cuando nos sobreviene la tragedia. Lo uno deja de tener importancia, mientras aquello otro la recupera, y los personajes, dóciles a los destinos no se sabe si de las estrellas, lo cierto es que se readaptan y sobreviven. Eso si, con otra mirada, con otro gesto.

Film pues altamente recomendable al carácter melancólico en este periodo otoñal y lluvioso.