jueves, junio 21, 2007

AVRIL (Crítica)

AVRIL
Dirección y guión: Gérald Hustage-Mathieu
Interpretación: Sophie Quinton, Miou-Miou, Clément Sibony, Nicolas Duvauchelle, Richaud Valls…
Francia, 2007


En un convento de dominicas de la bella Normandía, la joven novicia Avril (Sophie Quinton), criada desde pequeña entre las monjas, se prepara para tomar sus votos. Pero la monja-madrina (y finalmente madre) que le cuida le confiesa que vino al mundo junto a un niño dado en adopción. Avril irá en busca de su hermano, de su verdad, encontrándose por el camino con Pierre (Nicolas Duvauchelle), mezcla de instinto y fragilidad a lo James Dean, y que inevitablemente, desvía el camino hacia la santidad de la joven.


Pero que difícil es ser monja con unos ojos azules y unos rizos rubios como los de Sophie Quinton. La actriz y musa de los dos cortos anteriores (La chatte andalouse, 2002 y Peau de vache, 2001) del director francés, encarna uno de esos personajes del que sin duda, estará agradecida toda la vida. De mirada franca y suave resistencia, Avril nos lleva a esos espacios desnudos (arena, agua y cielo) en el que la cámara torna pincel y los actores, colores vivos. A veces, no se dirige y simplemente pasa, y en un único plano, Avril se nos sonroja y Pierre se nos pone nervioso. Imágenes cargadas de sensualidad y erotismo, hermosas, limpias y luminosas, que nos recuerdan aquello de que lo verde siempre estuvo al otro lado de los Pirineos… un cine, el francés, vanguardista y desinhibido, una tierra, la France, de poetas y artistas, que provoca que una sienta el haber nacido en tierra de toreros y que esté obligada siempre a escribir como si entrara a matar.

Es ya la segunda monja cinematográfica que nos visita este año (allí quedó Santa Teresa con su gran polémica y con su director un poco encabronado) y podría decirse que ambas comparten discurso: la fractura que sufre una institución, la Iglesia, que se resiste al cambio, y que exige una pureza imposible, a sabiendas que sospechosos pasados se esconden detrás de sus muros.

Avril, desbordada de sensibilidad y simbolismo, apuesta por el “menos es más”, con un equipo reducido a la mínima expresión, diez bobinas de película, un entorno salvaje como es Camarga, apenas una par de cajas de accesorios, y desde luego, el valor de la subjetividad. Porque tener que subrayar necesariamente (por lo revelador) los gustos musicales de su director y guionista al entendido lector de Supernovapop, desde Christophe a María Dolores Pradera, le resulta a la que firma algo más que embarazoso. Pero allá va y que no se diga que no hay coraje torero: Abril para vivir, para cantar, para sentir, para soñar…

Cinta sólo apta para amantes de cantautores ochenteros.
Publicada en www.supernovapop.com, junio 2007

jueves, junio 14, 2007

HISTORIA DE UN CRIMEN (Crítica)

HISTORIA DE UN CRIMEN
Dirección: Douglas McGrath
Interpretación: Toby Jones, Sandra Bullock, Daniel Craig
USA, 2007


Nueva York, 1959, club Morocco. El pequeño gran hombre Truman Capote (Toby Jones), acompañado siempre de toda la elegancia femenina de Manhattan, disfruta de la voz de una encantadora Kitty Dean (Gwyneth Paltrow) que rememora temas de Cole Porter.
A la mañana siguiente, el escritor lee en las páginas del New York Times la noticia en la que se describen los asesinatos de los miembros de la familia Clutter, en Kansas.
Capote y su gran amiga de infancia y escritora Nelle Harper Lee (Sandra Bullock) viajaran en busca de datos y detalles que configurarían su célebre novela “A sangre fría”, un viaje hacia el autoconocimiento y la autodestrucción.


No se tiene porqué salir siempre del cine con fiebre. A veces, es bueno acudir al espectáculo por el espectáculo mismo. Por ello, el personaje de Truman Capote que da vida el actor teatral Toby Jones (El velo pintado, La última primavera, Orlando), mezcla de Boris Izaguirre y Elton John, convence y encanta. Divertido, ingenioso, arrollador, siempre derrochando frivolidad y cinismo, y siempre ávido de experiencias y de juegos.

Cualquier comparación es odiosa e injusta. Pero recordar el biopic exitoso que encarnó Philip Seymour Hoffman en el Capote de Benneth Miller, es inevitable. Aquél estaba algo más comedido, éste, descaradamente exagerado. El real, nunca sabremos. Pero en cualquier caso, “verdaderos” resultan los dos. El último es una adaptación de la novela “Truman Capote” de George Plimpton; el primero lo fue de Gerald Clarke. De ahí sus matices y sus diferencias.

Con respecto al papel de la novelista y ganadora del Pulitzer por su obra “Matar a un ruiseñor”, Nelle Harper Lee, tal vez gane en interpretación y en autenticidad la reciente Sandra Bullock que su antecedente Catherine Keener, quizá demasiado rígida y austera para una escritora de cuentos infantiles.

Pero si hay un personaje central alrededor del cual giran todos, es el del asesino Perry Smith, caracterizado en las tres versiones de distinto modo. En la primera versión de los años 60 que se hizo de A sangre fría, dirigida por Richard Brooks, aparecía un Robert Blake inestable e inseguro, dando la impresión de que el crimen fue más bien fruto del desconcierto que de la maldad. De la interpretación tímida, tristona, sensible y ya con cierto toque homosexual en la versión de 2005 nos llega la visión de un buen chico, enfermizo, mitad blanco mitad cherokee, y con evidentes traumas psicológicos.
El chico Bond (Daniel Craig) se nos presenta emocionalmente como una roca y físicamente como un armario empotrado, y es el que sin lugar a dudas, más ha necesitado de la humanidad novelesca de Capote para hacérnoslo menos monstruo.
La cinta, en cualquier caso y como también lo fueron las anteriores, es imprescindible porque el reparto abarca todo tipo de cinefilia.




Publicada en www.supernovapop.com, Junio 2007

sábado, junio 09, 2007

RAPADO (Reseña)


RAPADO, Martín Rejtman.
Interzona Editora, Buenos Aires, 2007


Del escritor y cineasta argentino Martín Rejtman se reedita como obra casi de culto, lo que fue su primer libro de cuentos, una docena de retazos de vida de unos jóvenes, con sus extravagancias y sus normalidades, narrados a través de un género tan escurridizo como infravalorado.

La austeridad emocional de Carver, el tono nostálgico de Cheever, la ironía y la lucidez de Chéjov, o la narración minimalista de los films de Ozu, componen el universo Rejtman, no pudiendo distinguir si sus relatos son la continuidad de sus películas o éstas la continuidad de aquéllos.

Rejtman, se reafirma como adalid de su generación, ésa que en palabras de Scott Fitzgerald ya no sueña con llegar a ser un gran dictador o escritor, o dirigente religioso…
PUBLICADA EN Generación XXI, junio 2007


miércoles, junio 06, 2007

MEMORIAS DE QUEENS (Crítica)

MEMORIAS DE QUEENS
Dirección y guión: Dito Montiel
Interpretación: Robert Downey Jr., Shia Labeouf, Chazz Palminteri, Dianne Wiest
USA
2007


Flaurie (Dianne Wiest) llama por teléfono a su hijo para informarle de que su padre está gravemente enfermo. El hijo es un escritor de éxito que vive en Los Ángeles, Dito (Robert Downey Jr.), que tras 15 años de ausencia, se ve obligado a volver al barrio de Astoria, en el distrito de Queens en el que nació y creció. A Dito le atrapan todos los recuerdos de aquellas juventudes, vividas más allá del bien y del mal.

Tarea imposible parece, dejar atrás algunos pasados por muchos kilómetros que uno ponga por medio. La historia que nos cuenta Dito Montiel, su historia, puede que estemos más que hartos de verlas en las barriadas de las grandes polis, ésas tan multiculturales, tan multirraciales, tan multilingües y tan multipobres. Historias de drogadictos, de putas, de maltratos, de ajustes de cuentas, y sobre todo de desesperanza. Consecuencias todas, de eso que llaman los asistentes sociales: familias desestructuradas.

Cuenta su director Dito Montiel (músico, escritor, poeta, hijo de padre nicaragüense y madre irlandesa), que más que filmar una autobiografía, quería atrapar el espíritu de su libro “A guide to recognizing your saints”, centrarse en un par de personajes y que el espectador palpase la emoción de ese trozo de vida escondido en su memoria. Desde luego lo consiguió. Porque de Memorias de Queens se sale con el estómago encogido. Evitando mostrar lo obvio (meter la cámara en medio de agujas hipodérmicas) e intentado subrayar la posible belleza de los primeros amores, el dolor se cuela en cada fotograma.

Los responsables del logro, son los actores, que han sabido interiorizar la indiferencia del hijo, el cansancio de la madre, la amargura del padre, la frustración del amigo, la resignación de la novia… En definitiva, todas y cada una de las aristas de los perdedores.

Destacar sin lugar a dudas el rescate de Dianne Wiest, una de las musas de Woody Allen y una de las grandes en los pequeños papeles.
Publicada en www.supernovapop.com, Junio 2007