lunes, febrero 21, 2011

special EDGAR ALLAN POE


CUENTOS
EDGAR ALLAN POE
DEBOLSILLO, BARCELONA, 2006


* No he conocido nunca a nadie tan agudamente animado a la chanza como aquel rey. Parecía vivir sólo para las bromas. Contar una buena historia del género chusco, y contarla bien, era el medio más seguro de contar su favor. Por eso ocurría que sus siete ministros se distinguían por sus cualidades como bromistas. Seguían todos el ejemplo del rey, que era un hombre grande, corpulento, grueso, tal como son los guasones inimitables. Que la gente engorde por las bromas o que haya en la grasa algo que predisponga a la chanza, no he sido nunca capaz de decidirlo; pero es indudable que un bromista flaco es rara avis en terris. Pág. 92

* Hay ciertos temas cuyo interés es de lo más absorbente, pero que son demasiado horribles en su integridad para la legítima finalidad de la obra de ficción. Deben evitar estos temas los simples novelistas si no quieren desagradar o causar repulsión. Sólo pueden ser manejados adecuadamente cuando la severidad y la majestad de la verdad los santifica y sustenta. Nos estremecemos, por ejemplo, sintiendo la más intensa de las “voluptuosidades dolorosas”, con los relatos del paso de la Beresina, del terremoto de Lisboa, de la peste de Londres, de la matanza de la noche de San Bartolomé, o con la muerte por asfixia de los ciento veintitrés prisioneros en la Carverna Negra de Calcuta. Pero en esos relatos es el hecho –la realidad-, la historia, lo que nos excita. Como invenciones, los consideraríamos como una simple aversión.
He citado algunas de las más salientes y augustas calamidades registradas; pero en esos ejemplos es la extensión no menos que el carácter de la catástrofe lo que impresiona tan vivamente la imaginación. No necesito recordar al lector que en la larga y horripilante lista de las miserias humanas tendría yo que seleccionar muchos casos individuales más henchidos de sufrimientos esenciales que la mayor parte de esos desastres colectivos. La verdadera desgracia –el colmo de la calamidad- es personal y no general. ¡Que las angustias postreras de la agonía sean soportadas por el hombre solo, y nunca por el hombre en masa, es algo por lo que deben darse gracias a la misericordia de Dios! Pág. 244

*Y ahora, mientras escribo, ese recuerdo centellea sobre mí, que no he sabido nunca el apellido paterno de la que fue mi amiga y mi prometida, que llegó a ser mi compañera de estudios y al fin, la esposa de mi corazón. ¿Fue aquello una orden mimosa por parte de mi Ligeia? ¿O fue una prueba de la fuerza de mi afecto lo que me llevó a no hacer investigaciones sobre ese punto? ¿O fue más bien un capricho mío, una vehemente y romántica ofrenda sobre el altar de la más apasionada devoción? Si sólo recuerdo el hecho de un modo confuso, ¿cómo asombrarse de que haya olvidado tan por completo las circunstancias que le originaron o le acompañaron? Y en realidad, si alguna vez el espíritu que llaman novelesco, si alguna vez la brumosa y alada Ashtopher del idólatra Egipto, preside, según dicen los matrimonios fatídicamente adversos, con toda seguridad presidió el mío. Pág. 262

* Al volver a mi casa vi que eran las cuatro dadas, y me metí al momento en la cama. Son ahora las diez de la mañana. Estoy levantado desde las siete, escribiendo estas notas en beneficio de mi familia y de la Humanidad. A la primera no la veré más. Mi mujer es una arpía. La verdad es que estoy francamente harto de esta vida y del siglo XIX en general. Estoy convencido de que todo marcha de la peor manera. Además, siento una gran impaciencia por saber quién será presidente en el año 2045. Por eso, en cuanto me haya afeitado, y sorbido una taza de café, voy a subir a casa de Ponnoner y a hacerme embalsamar por un par de siglos. Pág. 310

* El arte humano no ha llegado nunca a más en la pintura de su belleza sobrehumana. La misma figura etérea que había surgido ante mí la noche anterior en las escaleras del Palacio Ducal, se alzaba ante mí de nuevo. Pero en la expresión de su rostro, que refulgía todo en una sonrisa, se ocultaba (¡anomalía incomprensible!) ese vago tinte de melancolía que es siempre inseparable de la belleza perfecta. Pág. 334

* Era un poeta en el sentido más amplio y noble. Comprendía, por añadidura, el verdadero carácter, el propósito augusto, la majestad y la dignidad supremas del sentimiento poético. Su instinto le decía que la más completa, si no la única satisfacción adecuada a este sentimiento, estribaba en la creación de nuevas formas de belleza. Pág. 377

* Las paradas del barranco (entre las cuales corría el agua siempre clara y tranquila) se elevaban a una altura de ciento y a veces ciento cincuenta pies, y se inclinaban tanto una hacia otra, que no dejaban pasar la luz del día, mientras los musgos, largos y espesos como plumas, que colgaban de los arbustos entretejidos arriba, daban a todo el abismo un aire de fúnebre tristeza. Pág. 387

* No sé como sucede esto; pero esa peculiar expresión de ojos que a veces se apodera de los labios es el hechizo más poderoso, si no él único, que capta mi atención hacia una mujer. “Novelesca”, con tal que mis lectores comprendan a fondo lo que quisiera encerrar en esta palabra; “novelesca” y “femenina” me parecen términos recíprocos, y, después de todo, lo que el hombre ama verdaderamente en la mujer es su “femineidad”. Pág. 404

* Al correr los días más brillantes de su incomparable belleza, con toda seguridad, no la había amado yo nunca. En la extraña anomalía de mi existencia, mis sentimientos no me han venido jamás del corazón, y mis pasiones han venido siempre de mi espíritu. Pág. 429

* Se ha dicho muy bien de cierto libro alemán que “er lasst sich nich lesen” (que no se deja leer). Hay secretos que no admiten ser descubiertos. Pág. 444

* Por lo que respecta a las bellas artes, y en especial a la literatura, las consideraba con profundo desprecio. En esto estaba inspirado por Casimir Perder, de quien tenía la costumbre de citar la descarada pregunta “¿Para qué sirve un poeta”? con una chusca pronunciación, como si fuese el nec plus ultra de la agudeza lógica. Por eso mi personal afición a las musas provocaba su mayor desagrado. Me afirmó, un día en que le pedí una nueva edición de Horacio, que la traducción del Poeta nascitur non fit era “un indecente poeta nace para no hacer nada”, observación que me produjo un gran enojo. Pág. 470

* La erudición de Morella era profunda. Como espero mostrar, sus talentos no eran de orden vulgar, y su potencia mental era gigantesca. Lo percibí, y en muchas materias fui su discípulo. Pág. 483

* Del bolsillo de mi chaleco saqué un cortaplumas, lo abrí, cogí al pobre animal por la garganta y, deliberadamente, le vacié un ojo… Me cubre el rubor, me abrasa, me estremezco al escribir esta abominable atrocidad. Pág. 589

* Soy, o, mejor dicho, era un gran hombre. Pero no soy el autor de Junios ni tampoco el hombre de la Máscara de Hierro, ya que mi nombre es, según supongo, Robert Jones, y nací en algún lugar de la ciudad de Fum-Fudge. El primer acto de mi vida fue cogerme la nariz con las dos manos. Al ver esto, mi madre me llamó genio, mi padre lloró de alegría y me regaló un tratado de Nasología. Lo dominé a fondo antes de llevar pantalones. Pág. 660

* Hace un momento pasé ante el segundo de a bordo; poco antes, me aventuré hasta el camarote del capitán, en donde conseguí medios para escribir lo que antecede y seguirá a esto. Tengo la intención de continuar este diario de cuando en cuando. Es cierto que no encontraré ocasión alguna de transmitirlo al mundo, pero, al menos, lo intentaré. En último caso, guardaré el manuscrito en una botella y la echaré al mar. Pág. 674

* La musique est le seul des talents qui jouissent de lui même; tous les autres veulent des temoins, dice Marmontel en sus Contes moraux… (la música es la única de las artes que consigo misma disfruta a solas; las demás requieren testigos). Pág. 679

* Vosotros que me leéis, estáis todavía entre los vivos. Yo, que escribo ahora, estaré, desde hace mucho tiempo, en viaje por la región de las sombras. Pág. 727




jueves, febrero 03, 2011

ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS (adaptación)


ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS
AGATHA CHRISTIE
EDITORIAL MOLINO, BARCELONA, 1989

- Era, opino, una de esas jóvenes que saben cuidarse de sí mismas dondequiera que estén. Había prestancia en sus facciones y delicada palidez en su piel. Le agradaron también sus ondulados cabellos de un negro brillante, y sus ojos serenos, impersonales y grises. Pero era, decidió, un poco demasiado presuntuosa para ser un jolie femme… Pág. 11

- En una pequeña mesa estaba sentada, muy seria y muy erguida, una vieja dama de una fealdad jamás vista. Pero era la suya una fealdad de distinción, que fascinaba más bien que repelía. Rodeaba su cuello un collar de grandes perlas legítimas, aunque no lo pareciesen. Sus manos estaban cubiertas de sortijas. Llevaba el abrigo echado hacia atrás sobre los hombros. Una pequeña toca negra, horrorosamente colocada, aumentaba la fealdad de su rostro. Pág. 25

- Tiene usted, señor conde, las características de un peligroso delincuente –dijo Poirot con sequedad-. Una gran ingenuidad natural y una decisión sin escrúpulos para despistar a la justicia. Pág. 198