martes, noviembre 03, 2009

LA FERIA DE LAS VANIDADES (adaptación)








LA FERIA DE LAS VANIDADES
WILLIAM M. THACKERAY
RANDOM HOUSE MONDADORI, BARCELONA, 2007


- Un francés ha dicho con cierto cinismo que en el negocio del amor existen dos partes: una que ama y otra que condesciende en dejarse amar. Pág. 172


- Sed prudentes, muchachas, y antes de comprometeros pensadlo bien. No os abandonéis a un amor demasiado sincero. No digáis nunca todo lo que sentís, y aún será mejor que no sintáis mucho. Ved a donde conduce un amor demasiado leal y confiado, y no os fiéis de nadie. Casaos como hacen en Francia, donde los abogados son los padrinos y confidentes. No tengáis ningún sentimiento que pueda ser para vosotras fuente de amargura. No hagáis promesas que no podríais retirar en caso necesario sin que os cueste un disgusto. Ésta es la única manera de salir adelante, de hacerse respetar y de pasar por mujer de carácter en la Feria de las Vanidades. Pág. 250


- A todos puede volvernos la espalda la fortuna; todos corremos peligro de ser reemplazados en el tablero del mundo por mejores y más jóvenes bufones, y si descendemos, si perdemos nuestra posición, nuestros amigos dejarán de conocernos, o bien, cuando tropiecen con nosotros, nos alargarán los dedos de su diestra con aire protector, lo que es todavía peor, porque esos amigos luego que hayas pasado por su lado, dirán: ¡Pobre diablo! Pág. 551


- De aquí deducen las damas, con su habitual sentido de la justicia, que toda mujer bonita ha de ser, por fuerza, tonta. ¡Ah, señoras! ¡Olvidan que entre ustedes hay muchas que, además de tontas, son feas! Pág. 559


- Verdad es que existen no pocos maridos cuya misión es no saber nada o muy poco de lo que a sus mujeres se refiere, de la misma manera que la misión de no pocas casadas parece ser la de hacer muchas cosas a espaldas de los esposos. ¡Ah, señoras, señoras! ¿Quién de vosotras no guarda alguna factura secreta de la modista? ¿cuántas poseéis vestidos o joyas que no osáis lucir con la conciencia tranquila, o que al hacerlo os echáis a temblar? Y si no tembláis, cegáis con vuestra sonrisa a vuestro marido, que no sabe distinguir el vestido nuevo del viejo o el imperdible recién comprado del que usasteis el año anterior… pág. 684


- Estaban por entonces de moda en Inglaterra el entretenimiento de las charadas, importado de Francia, que no tardó en arraigar entre nosotros, sin duda porque daba ocasión a las bellas de lucir sus encantos y a las dotadas de sutil ingenio de exhibirlo. Pág. 728


- Había vivido siempre bajo la influencia de personas vulgares, como suele ocurrir a muchas mujeres. Y puesto que cada mujer es rival de sus congéneres, a juicio de éstas la timidez pasa por necedad, la dulzura por estulticia y el silencio, que puede ser una tímida negativa a las inconsideradas afirmaciones de las otras o una tácita protesta, no halla disculpa no compasión. Pág. 891