martes, junio 01, 2010

SEXO EN NUEVA YORK 2 (Crítica)


Quién le iba a decir a la escritora Candance Bushell que los personajes femeninos de su librito se convertirían en un fenómeno mundial abarcando casi doce años, seis temporadas de serie de televisión, una primera película (con más de 415 millones de dólares recaudados) y esta segunda parte que… ya veremos…
Cuenta su guionista-director-productor Michael Patrick King (autor también de dos clásicos como “Will & Grace” y “Murphy Brown) que “cuando se estrenó la primera película veía las colas que formaban las mujeres que iban a verla y todas estaban vestidas como si fueran a una fiesta, no al cine. Me dí cuenta de que querían celebrar ese día tan especial con sus amigas, las de la butaca de al lado y las de la pantalla. Pensé para mis adentros: quiero que la secuela sea la continuación de la fiesta. Quiero que sea la fiesta”.




Y así ha sido. Arrancan los primeros minutos de metraje con una boda de dos de los mejores amigos homosexuales de nuestras chicas, frívola y exagerada en términos inconmensurables en la que la actuación de Liza Minnelli a lo Beyoncé no tiene desperdicio. El cameo de nuestra Penélope Cruz, haciendo de una tal “Carrión”, tampoco.
Pero ¿qué es lo que tienen las historias de estas cuatro chicas, con chicos, con pasta que las hace tan… “cercanas”?
Según la opinión de otro de sus productores John Melfi “en esta película, nuestros personajes conocen un estilo de vida con el que la mayoría de nosotros sólo podemos soñar. Pero es lo que siempre ha hecho el cine, permitirnos evadirnos durante un par de horas y vivir indirectamente con una gente maravillosa en un mundo repleto de glamour que de otra forma nunca habría estado a nuestro alcance”.
En realidad, y gracias a un divertido flashblack ochentero, descubrimos la “normalidad” de estas cuatro mujeres (una camarera, una abogada, una dependienta y una niña bien) y como veinte años atrás, llegaron a la ciudad de Nueva York dispuestas a comerse la Gran Manzana y atraídas como miles de mujeres de veintitantos por la fórmula de las dos “tés”: tiendas y tíos.



Con Carrie (Sarah Jessica Parker), Samantha (Kim Cattrall), Charlotte (Kristin Davis) y Miranda (Cynthia Nixon) aprendimos que en el mercado del amor no era tan fácil reconocer las falsificaciones. Pasados los años, horas fueron y aquí vuelven ahora: todas exitosas y bien casadas, dispuestas esta vez a contarnos qué pasa después del “y fueron felices y comieron perdices”. El problema de la maternidad en una perfeccionista, el de la menopausia en una hedonista, el de la posible pérdida de identidad en una soltera independiente… Es curiosa la evolución del personaje de Miranda. La conocimos como una mujer cínica y amargada, siempre a la defensiva, de la escuela del amor libre y finalmente, madre soltera. Encontró a Steve, tuvo que superar su infidelidad; encontró un prestigioso bufete de abogados, tuvo que superar el machismo de su jefe… y ahora, más segura y más observadora y más honesta que nunca, es la que se ocupará emocionalmente de las otras tres.

A pesar de esto, Carrie, la escritora, sigue siendo esa especie de narradora de toda la historia, de alma de todas ellas, puesto que aún cuando la trama se concentra en otro personaje, la escuchamos a ella y lo vemos y lo vivimos a través de ella. Se ha pasado años escribiendo sobre la búsqueda del amor y ahora, hallado finalmente, debe hablar de aquello que viene después: cierta rutina, cierto conformismo… Un encuentro casual y mágico con su ex novio Aidan (John Corbett) le hará “recalificar” su personal cielo inmobiliario con su marido.
De alguna manera, la otra mitad del público, también pueden sentirse así identificados con los hombres que acompañan a estas mujeres, como bien los describe su creador: “los héroes silenciosos”.


Finalmente, destacar el trabajo de su director de fotografía John Thomas (”La noche que nunca tuvimos”, “Barcelona”, “Norma Jean & Marilyn”…) que hacen de Nueva York y de Abu Dhabi, respectivamente, otro personaje más. Cierto es, que todo lo que parece Emiratos Árabes esta rodado en Marrakech y parte del Sáhara, pero la medina, el zoco, las dunas… potencian la fantasía y el misterio. Y cierto es también, que hablar de la ciudad de Nueva York como personaje es ya un tópico, pero en este caso el pequeño parque que hay en la esquina de la Quinta Avenida y la Calle 59 donde los almacenes Bergdorf Goodman se encuentran con el Plaza Hotel, su luz y su ruido, son como el pulso de todo. Aaron Zigman, el prestigioso compositor de la banda sonora, es quizá el que termina de envolver este gran paquete rosa Made in Hollywood. Y para gustos, colores. Sin más.

SE ESTRENA EL 3 DE JUNIO

CRÍTICA PUBLICADA EN LA REVISTA DE CINE ENCADENADOS, JUNIO 2010