martes, julio 01, 2014

ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO (adaptación)




ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO
KEN KESEY
Círculo de lectores, Barcelona, 1977


  • Al otro lado de la sala, frente a los Agudos, se encuentran los desechos del Establecimiento, los Crónicos. Estos no están en el hospital para que los recompongan, sino simplemente para evitar que corran por las calles y desprestigien el producto. Los Crónicos no saldrán nunca de aquí, así lo admite el personal. Los Crónicos se subdividen en Ambulantes que, como yo, aún pueden andar solos si se les alimenta, en Rodante y en Vegetales. En realidad, los Crónicos –o la mayoría de nosotros- son máquinas con fallos sin reparación posible, fallos de origen, o fallos que han ido formándose a lo largo de tantos años de darse con la cabeza contra obstáculos impenetrables hasta que cuando el hospital da con el tipo en cuestión, éste sólo es un montón de chatarra abandonada en un erial. Pág. 20


  • Como en un mundo de dibujos animados, con personajes planos de contornos negros, dando tumbos en una especie de historieta que podría ser francamente divertida si los personajes no fuesen hombres de verdad… Pág. 37

  • A la derecha e izquierda ocurren cosas igualmente horribles: cosas alucinantes demasiado absurdas y extravagantes para provocar el llanto y demasiado ciertas para poder reírse de ellas; pero la niebla ya comienza a ser bastante espesa y no tengo que seguir mirando. Alguien me está tirando del brazo. Ya sé lo que ocurrirá: alguien me arrastrara fuera de la niebla y nos encontraremos nuevamente en la galería y no quedará rastro de lo que ha ocurrido esta noche y si fuese lo suficientemente estúpido para intentar hablar de ello a alguien, dirían: Idiota, sólo fue una pesadilla; cosas tan alucinantes como una gran sala de máquinas en las entrañas de una presa en la que obreros robots abren a la gente en canal no puede existir. Pero si no existe, ¿cómo se explica que alguien las vea? Pág. 95


  • Algunas veces me había pasado hasta dos semanas deambulando aturdido después de un tratamiento de choc, sumergido en esa bruma borrosa, confusa, que tanto se parece al final deshilvanado del sueño, esa zona grisácea entre la luz y la oscuridad, o entre el dormir y el caminar o el vivir o el morir, cuando sabemos que ya no estamos inconscientes pero aún no logramos discernir qué día es ni quién somos ni de qué sirve volver a todo eso… dos semanas así. Pág. 289