viernes, abril 13, 2007

Nº 23 (Crítica)

NÚMERO 23
Dirección: Joel Schumacher
Interpretación: Jim Carrey, Virginia Madsen, Logan Lerman
USA, 2007


Sabed que vuestro pecado también os alcanzará…

Walter Sparrow (Jim Carrey) captura perros peligrosos con más o menos destreza –que para eso lleva ya unas cuantas de corte animalero- hasta que el día de su cumpleaños (ya se pueden imaginar la fecha) es mordido por uno de ellos, NED, un perro de presa de color blanco con papel propio: ser guardián de los muertos. A partir de aquí nuestro protagonista queda atrapado en la lectura de una novela regalo de su mujer que refleja y rescata, el presente y el pasado de su lector. Su esposa (Virginia Madsen) intentará evitar las supersticiones primero, calmar los ánimos después, para sorprendernos finalmente en un -poco creíble- arrojo de valentía y comprensión. Espirales obsesivas, tormentos y pesadillas, asesinatos inconfesados, sumas y restas, todo un magma de búsquedas que den explicación a los misterios novelescos de su propia vida.

Dicen que hay números con maldición y números con suerte. El 23 parece ser uno de los primeros. Nos conduce desde las letras del alfabeto a los cromosomas del genoma humano, pero lo importante para esta cinta es la fecha predicha por los mayas del fin del mundo o el number of the beast que cantaban Iron Maiden y que según este guión también esconde un 23. En suma: muerte, sexo, tormento, superstición, maldad, ocultismo… velas negras…

Joel Schumacher se ha permitido hora y media de fotogramas sugestivos inundados de blancos lechosos y rojos incendios según quiere conducirnos a la inocencia o a la lujuria. Movimientos de “cabeza caliente” subiendo vertiginosamente por una escalera para frenarlos en seco en el primer plano del actor. Todo para conseguir la elevación del tanto por ciento de ácido láctico en nuestros músculos y que según los estudios psicológicos puede llegar a inducirnos la pantalla cinematográfica.
Para ello, se ha surtido de la versatilidad de dos actores expertos: la belleza gélida y el impresionante talento dramático de Virginia Madsen (Entre copas de Alexandre Payne y la recién llegada El último show de Robert Altman) y el siempre socorrido buen hacer de Jim Carrey. A ellos se les debe en parte, que un guión lleno de carambolas y operaciones matemáticas se sostenga. Y que conste, que no lo decimos como reproche, porque a estas alturas, su director ya ha demostrado suficientemente que puede picotear en el género que le venga en gana, pero es que a veces el exceso de intriga termina con dolor de barriga.

Nº 23 es una muestra más del estilo que caracteriza a Schumacher, originalidad, rapidez de escenas y rodaje hollywodense.
Quién sabe si nuestros perros bautizados como Beckham o como Jordan puedan finalmente acarrearnos algún infierno numérico. Como oímos en Milenio: tatatachín, tachín, tachín


PUBLICADA EN www.supernovapop.com, ABRIL 2007