miércoles, julio 04, 2007

JINDABYNE (Crítica)

JINDABYNE
Dirección: Ray Lawrence
Interpretación: Laura Linney, Gabriel Byrne
Australia
2006


Una vez que Stewart (Gabriel Byrne) llega con sus amigos a un recóndito lugar en las montañas australianas dispuestos a pasar un fin de semana de pesca, se encuentran con el cuerpo de una joven aborigen flotando en las aguas. Aunque afectados en un primer momento, todos deciden continuar con los planes de su ansiado fin de semana. Pero ni la comunidad ni sus propias parejas parece que están dispuestos a perdonar tal “hazaña”.

Del reputado director Ray Lawrence nos llega Jindabyne, su tercer trabajo y su tercera adaptación (Lantana del 2002 ganó el premio al mejor guión adaptado -entre otros- del Australian Film Institute, y en 1985 ya había debutado con Espérame en el infierno basada en la novela de Peter Carey). Esta vez el australiano recupera un relato de apenas diez páginas del magnífico y corrosivo Raymond Carver “So much water so close to home” (publicado en España como “Tanta agua tan cerca de casa”) y lo transforma en más de dos horas de metraje. Y aun siendo cierto que añade y traslada (desde el río Naches a Jindabyne) la historia, la esencia literaria del escritor se mantiene intacta: parejas cortocircuitadas que se castigan y se destruyen aparentando normalidad.

Si bien todos sabemos lo que deberíamos hacer porque desde pequeños se nos educa para distinguir lo ético y lo correcto, es bastante más honesto el confesar que llegado el momento, no fuéramos capaces de actuar como lo hacen nuestros protagonistas. Ésa es la tarea del buen guionista: poner contra las cuerdas la moral del personaje y con ello cuestionar la propia moral del espectador. Desde Lantana, Ray Lawrence insiste en empujarnos al laberinto que supone las relaciones humanas, y en Jindabyne lo hace igualmente: una niña que tras la pérdida de su madre afronta la muerte como si fuera un juego infantil y perverso, unos padres y abuelos resignados que han decidido vivir el mismo drama por separado, un joven enamorado de una ex-lesbiana y que curiosamente (o no, por aquello de haber tenido que afrontar más de un reto) es la primera conciencia honrada, la familia aborigen desgajada de la comunidad. En suma, desequilibrios emocionales en todas sus variantes.

Mención especial merece la desabrida actuación de la pareja protagonizada por Laura Linney y Gabriel Byrne, que como si hubieran sido absorbidos por las adustas aguas que los rodean, se esfuerzan por mantener a flote una relación sentimental que nos recuerda irremediablemente al manotón del ahogado.

Cinta hecha a base de pausas, de ahogados silencios, de miradas en busca de comprensión, de cosas por decir, de insondables panorámicas que inquietan en vez de relajar, porque intuimos que las verdades siempre corroen desde el interior.



PUBLICADA EN http://www.supernovapop.com/, julio 2007