viernes, julio 13, 2007

CAPOTE VS. CAPOTE: de la recreación a la creación (Reportaje) by MAR GÓMEZ HORTELANO



CAPOTE VS. CAPOTE: de la recreación a la creación

El estreno de "Infamous", el último intento norteamericano que reconstruye cinematográficamente uno de los periodos más fascinantes de la vida de Truman Capote, nos sirve de excusa para ofrecer una especie de retrospectiva no sólo del escritor y su relación con el arte cinematográfico sino también de las diferentes adaptaciones que se han venido realizando de sus obras y de sus biografías.

EL GENIO

Nacido en Nueva Orleáns el 30 de septiembre de 1924 Truman Streckfus Persons, niño precoz interesado (a pesar de su pobre entorno) por la literatura, la pintura, el cine y el baile, se crió en Alabama con cuatro ancianos parientes de sus padres que no lograron al parecer, entenderse nunca ni como pareja ni como progenitores. Se acostumbró al aislamiento y al chismorreo transformándolos con los años en un particular estilo de llegar, oír, vencer, escribir y finalmente vender, a los que le rodeaban.
De sus primeros escritos a los ocho años hasta sus primeros cuentos publicados a los 17, hay, sobre todo, dos diferencias: los kilométros de distancia que van de Alabama a Nueva York, y la adopción del apellido del segundo esposo de su madre: Capote. A los 21 años formaba parte de la nómina de periodistas The New Yorker y dos años más tarde escribiría “Otras voces, otros ámbitos”, obra que a pesar de los detractores hacia el tema de la homosexualidad lo consagraría como escritor y lo etiquetaría como heredero de Poe. Tras algunos títulos más que incluyen libros de viaje, colecciones de entrevistas y selecciones de cuentos, publicaría en 1958 “Desayuno en Tiffany´s”, la obra que lo catapultó a la fama.

EL DESAYUNO

Novela llevada al cine por Blake Edwards en 1961 y que su guionista, George Axelrod se encargaría de edulcorar notablemente. Por ejemplo, la confesada bisexualidad del personaje de Holly se transforma en Audrey Hepburn tan sólo en cierta ligereza infantil sexual y moral; al personaje del escritor en cambio, interpretado por George Peppard, se le añadió el hecho de estar mantenido por una adinerada algo mayor que él; y el happy end de Hollywood es entresacado de una misteriosa pero simple fotografía de la chica de provincias en Africa.
Personajes pensados en principio para Marilyn Monroe y Steve Mcqueen, dieron finalmente a sus actores un éxito quizá inesperado pero absolutamente merecido.
El estilo de Capote, siempre mordiendo la mano que le daba de comer, criticando a una sociedad que le agasajaba, se mantuvo intacto a pesar de la mezcla de géneros: comedia romántica y/o drama urbano. Candidata al mejor guión adaptado, a la mejor actriz y a la mejor dirección artística, conseguiría las estatuillas a la mejor BSO y a la mejor canción por el tema de “Moon River” de Henry Manzini.

LA FAMA

La relación de Truman Capote con el cine no acababa más que empezar, ejerciendo como guionista (The Innocents, de Jack Clayton en 1961) e incluso como actor (Un cadáver a los postres, de Robert Moore en 1976), fue sin duda su relación con toda la fauna del Hollywood clásico lo que le condujo del éxito literario al éxito social. Fauna que se mostraría recelosa cuando se leyó en “Plegarias atendidas”, obra inconclusa que destapaba todas las intimidades y vergüenzas del personal.
Personaje arrabalesco, odiado y querido a la vez, Capote no dudó en exponerse él mismo a su propio autoanálisis y en “Música para camaleones”, nos ofrece retratos con una brutal y suicida honestidad.

LA NOTICIA

Cuando en 1959 leyó la noticia de los asesinatos de la familia Clutter le faltó tiempo para marchar a Kansas con la intención de un reportaje pero que finalmente, daría a luz “A sangre fría”, un nuevo género resultado de la mejor calidad literaria y del mejor periodismo, o lo que fue bautizado como Nonfiction Novel y aunque no es cierto que fue el primero en ficcionar hechos periodísticos (“Operación masacre” del argentino Rodolfo Wals ya narraba crímenes de estado) si puede considerársele el padre del Nuevo Periodismo.

LA NOVELA

Capote diría a su editor y al mundo, que viajó a Holcomb con el propósito de realizar un estudio psicológico de cómo afectaron emocionalmente los asesinatos de la familia Clutter en la comunidad, una comunidad correcta y religiosa, en la que todos confiaban en todos. Cuando las gentes se mostraron reacias a hablar de los acontecimientos fue cuando decidió investigar a fondo y concebir “la gran obra de arte”.
Estructurada en cuatro amplios capítulos (Los últimos que los vieron, Personas conocidas, Respuesta, El rincón) el escritor describe minuciosamente cada carácter y cada vida, costumbres, creencias, profesiones, ambiciones, no sólo de los componentes de la familia asesinada (los padres Herb y Bonnie, su hija Nancy y su hijo Kenyon) sino de sus dos hijas mayores, establecidas ya fuera de la casa familiar, de sus parejas, de sus familias políticas, de la mejor amiga de Nancy, de su novio Bobby Rupp, de su perro Teddy, de los trabajadores contratados en la granja… y paralelamente e intercalando narraciones, nos introduce en los perfiles de los dos asesinos Dick Hickcock y Perry Smith: sus orígenes, sus problemas familiares, sus “trayectorias” penitenciarias, sus sueños frustrados…
Finalmente, y con igual meticulosidad, nos retrata a los policías y los detectives encargados de esclarecer el caso.
Aunque en algunas de sus páginas, hace mención a cierto periodista, la novela nos llega a través de un narrador omnisciente, que teniendo en cuenta las publicaciones posteriores, nunca fue imparcial.
El gran problema al que Truman hizo frente con su escritura, fue esperar durante casi cinco años (deseándolo y temiéndolo a la vez), el mejor y el más desgarrador de los finales literarios. Publicada en 1965 y dedicada a los escritores Jack Dunphy, su pareja en aquel momento, y a Nelle Harper Lee, su amiga de la infancia, supuso la consagración definitiva de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, reconocimiento que pagaría con su propia vida.

LAS VERSIONES

Curiosamente, revisando en la historia del celuloide encontramos una película española del mismo 1959, con el título “A sangre fría. Trampa al amanecer”, dirigida por Juan Bosch, e interpretada por unos jovencísimos Arturo Fernández y Carlos Larrañaga. Film que nada tiene que ver con la novela de Capote aunque se adscriba al escaso cine negro del cine español.

La primera versión pues, será la dirigida por Richard Brooks en 1967 “In cold blood”, buena muestra de thriller psicológico con Scott Wilson y Robert Blake encarnando a los protagonistas Dick y Perry. Narra desde sus salidas de prisión con la condicional hasta su ejecución en la horca, pasando por la planificación y realización de los crímenes, y su personal road movie por los Estados Unidos y México. El propio Capote participó junto al director en la elaboración del guión, un guión centrado en perfilar la personalidad de unos asesinos de medio pelo, con la ambición de robar una “imaginaria” caja fuerte y que acabarían cometiendo los crímenes como resultado de una infantil rabieta más que por maldad profesional.

Un remake de este trabajo lo encontramos en 1996 “A sangre fría”, film dirigido por Jonathan Kaplan con la actuación de Kevin Tighe, Sam Neill, Eric Roberts y Anthony Edwards. Más cercano al drama, hace hincapié en las trágicas consecuencias de los secuestradores.

Ambos trabajos pueden considerarse las adaptaciones más fieles de la novela del norteamericano, aunque cada una aprovecha el momento del estreno para poner sobre la mesa la polémica de moda: la pena de muerte, las negligencias policiales, la vida en las cárceles, la neutralidad de abogados y fiscales…

Por todo, la primera cinta que rescata datos biográficos de Truman Capote, es “Una navidad diferente” (Truman Capote´s one Christmas, 1996), dirigida por Tony Bill e interpretada por Henry Winkler y Katherine Hepburn. En ella se cuenta la infancia de Buddy, un niño de ocho años que vive en una granja familiar de Alabama. Aunque con cierto tinte de comedia, no duda en reafirmar las malas relaciones entre padre e hijo, cuestión que el propio autor confesaría en numerosas ocasiones.

Fue en los 60 cuando el biógrafo Gerald Clarke conoció a Truman Capote en una fiesta que daba, precisamente, George Plimpton, el otro biógrafo, y fue a partir de entonces cuando decidió transformarlo en personaje.
Un amigo y por aquel entonces actor, leyó la biografía y le ofreció el guión al director Bennet Miller, un guión que por supuesto, estaba obligado a prescindir de buena parte del libro de Clarke. A partir de esta especie de cruce de relaciones e intereses, se puso en marcha la maquinaria para crear el “Capote” del 2005. El equipo, desde el director de fotografía a la diseñadora de vestuario, tuvo claro desde el principio el efecto sensibilizador que debía transmitir la película. Para ello, crearon un estilo reposado, emocionalmente distante, evitando los rojos y los azules, escuetos diálogos, tonos apagados, planos limpios y escrupulosamente ordenados. Rodada en Winnipeg, ajustada temporalmente entre la caída de la hoja y la llegada de la nieve, exalta la personalidad del verdadero protagonista Perry Smith: sensible, romántico, ojeroso, retenido en la celda de las mujeres, atormentado por dolores físicos, pasados hostiles y sueños de grandeza. A su lado, Philip Seymour Hoffman, dio vida al Capote más humano.

Casi paralelamente, se rodaba “Historia de un crimen”, la última secuela que se ha estrenado con notable retraso para evitar la coincidencia cartelera. Con su sobreabundancia de colorido, su música navideña, su beat generation, y como no, su arrollador protagonista Toby Jones, único responsable de las carcajadas en la platea. El director, Douglas Mcgrath, exprime esta vez la biografía de Plimpton y nos regala un elenco difícil de imitar. Encarnando a varias de las amistades del escritor (Gore Vidal, Slim Keith, Jack Dumphy, Nelle, Babe Paley, Bennett Cerf, Diana Vreeland…), son ellas mismas las que van salpicando la narración con sus comentarios, dignos la mayoría, de ser cincelados en mármol.
Como recuerda Nelle Harper Lee (Sandra Bullock), en toda llama roja, siempre hay un toque de azul, y la cinta, a pesar de su excentricidad, nos rebela finalmente, unos personajes que se esfuerzan en esconder sus particulares miedos y miserias. Mención especial merece, la dramática secuencia de las ejecuciones, momento “retocado” por la literatura de Capote, porque ahora sabemos que Perry nunca pidió perdón.
Dicen que aquel 1959, murieron seis personas. Visto lo visto, y leído lo leído, bien podemos decir que fueron siete, porque Truman Capote, ese hombrecito obligado a ser fuerte e hijo de una dama de Park Avenue, se consagró a partir de entonces al alcohol, según él, el suicidio de los corazones débiles.
PUBLICADO EN www.supernovapop.com, JULIO 2007