viernes, julio 20, 2007

CUATRO MINUTOS (Crítica)

CUATRO MINUTOS
Dirección y guión: Chris Kraus
Interpretación: Monica Bleibtreu, Hannah Herzsprung
Alemania
2006


En una cárcel de mujeres, la señora Krüger (Monica Bleibtreu) ofrece sus clases de piano como válvula de escape para las reclusas. La última compañera de celda de Jenny (Hanna Herzsprug) se acaba de suicidar y mientras ella, impasible, le roba los cigarrillos y afirma no haber visto ni oído nada. A partir de entonces, Jenny va a formar parte del programa musical de la vieja maestra, un encuentro entre dos titanes: la fuerza bruta y la disciplinada resistencia.

Con numerosos premios a su guión y a sus actrices, nos llega el segundo trabajo del director alemán Chris Kraus, Cuatro minutos, título traído del tiempo real que dura su pieza musical protagonista. Un escritor y periodista que llega a la cinematografía con la confianza del buen narrador y que nos ofrece una historia singular, sacada de un breve artículo de prensa y que se ha transformado posiblemente, en la próxima candidata para representar al cine alemán en los Oscar. Un cine que vuelve a mostrar las secuelas del nazismo en aquellas gentes de a pie que simplemente, se rindieron al terror. Algo que ni siquiera nos extraña, porque bien sabemos que muchos de los apellidos más brillantes de Hollywood escondían descendencia judía.

Jenny, no es uno de esos diamantes en bruto que la historia del celuloide nos ha enseñado a pulir; ella representa a esos niños talento que enamorada del hombre erróneo y violada por el padrastro que le ayuda a triunfar, decide dar portazo a todo y agredir a aquello que le rodea, incluyéndose a sí misma. Suma de sensibilidad, talento, soledad y furia, la joven se reencuentra con la música a través de la profesora de piano e intentará volver a formar parte de los buenos en el microcosmos de los malos. Las envidias, las diferentes traiciones y las condiciones de las cárceles germanas, se harán cargo de su nueva caída.

Mientras, el espectador descubre los pasados tan afines que unen a las dos mujeres, traumatizadas a su modo, y que a través del piano muestran, se reconocen, y a la vez curan, todas sus heridas.

Cinta llena de pasión y energía, que simboliza la lucha entre lo viejo y lo nuevo, lo clásico y lo moderno, y que pone de relieve la supremacía del contagio en el choque entre culturas, con la inevitable (y necesaria) mezcla entre acordes y melodías: la fusión de Mozart con el trash metal o de Beethoven con el jazz. Síntoma siempre de crecimiento y no de empobrecimiento.

En definitiva, buena dosis de suspense, intriga, ambición, ternura, potencia audiovisual y belleza natural.


PUBLICADA EN http://www.supernovapop.com/, JULIO 2007