EL TERROR (adaptación TV)




EL TERROR 
Dan Simmons
Editorial Roca, Barcelona, 2018


Vamos a zarpar de nuestro pequeño Hogar en el Iceberg dentro de unos minutos, y navegaremos hacia el Noroeste mientras el que parece interminable Crepúsculo Ártico nos lo permita.
Estaremos más allá del alcance de los Resistentes Balleneros a partir de este punto. Por lo que respecta al Mundo Exterior a nuestra Intrépida Expedición, como dijo Hamlet: «El resto es silencio». Pág. 62




El corredor está totalmente oscuro, excepto el resplandor que procede de la sala Común, y la cubierta está inclinada más agudamente aún en la dirección opuesta al Terror, hacia babor en lugar de hacia estribor, y hacia la popa en lugar de hacia la proa. Y aunque los buques son casi idénticos en su diseño, Crozier siempre observa también otras diferencias. El HMS Erebus "huele" diferente; de alguna manera, aparte del hedor idéntico a aceite de lámpara, hombres sucios, ropa asquerosa, meses de cocinar, carbonilla, cubos con orina y aliento humano que queda flotando en el aire húmedo y frío, huele también a algo más. No sabe por qué motivo el Erebus apesta mucho más a miedo y a desesperanza. Pág. 127




O bien eran rescatadores blancos con trajes esquimales, o bien esquimales.
Irving tuvo que bajar el catalejo; luego apoyó una rodilla en la graba congelada y bajó la cabeza un momento. El horizonte parecía dar vueltas. La debilidad física que había estado conteniendo durante semanas por pura fuerza de voluntad le inundó como círculos concéntricos de náuseas.
"Esto lo cambia todo", pensó.
Las figuras de abajo, que no parecían haberle visto aún, probablemente porque él había subido a la elevación y no sería muy visible allí, con su oscuro abrigo confundido con la oscura roca, podían ser cazadores que habían partido de algún desconocido poblado esquimal mucho más al norte, que no estuviera demasiado lejos. Si era así, los ciento cinco supervivientes del Erebus y del Terror casi con toda seguridad estaban salvados. Los nativos pondrían alimentarlos o enseñarles cómo alimentarse allí, en aquella tierra sin vida.
O bien también existía la posibilidad de que los esquimales fueran una partida de guerra, y que las rústicas lanzas que Irving había captado en el catalejo estuvieran destinadas a los hombres blancos que sabían que estaban invadiendo su tierra.
De cualquier modo, el tercer teniente John Irving sabía que su trabajo consistía en bajar, reunirse con ellos y averiguarlo.
Cerró el catalejo, lo guardó cuidadosamente entre los jerséis extra que llevaba en la mochila y, levantando un brazo en lo que esperaba que los salvajes viesen como una señal de saludo y de paz, empezó a bajar la loma hacia los diez humanos que se habían detenido de repente. Págs. 465, 466.




En el brevísimo funeral por Closson (su cuerpo quedó, sin mortaja de lona siquiera, bajo una pila de piedras sueltas, porque el Viejo Murray, el velero, había muerto de escorbuto y además no quedaba ya lona extra), el capitán Crozier no citó la Biblia que los hombres conocían, sino su legendario Libro de Leviatán.
- La vida es «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta» -entonó el capitán-. Y parece que es mucho más corta aún para aquellos que roban a sus compañeros.
El panegírico afectó mucho a los hombres. Aunque los diez botes que habían ido arrastrando y transportando sobre trineos durante más de dos meses tenían viejos nombres asignados de aquellos tiempos en que el Erebus y el Terror todavía surcaban los mares, los equipos de tiro de los marineros inmediatamente rebautizaron los tres cúteres y las dos pinazas que siempre transportaban en el período de arrastre de la tarde, la parte del día que más odiaban, ya que significaba desandar camino ya hecho con sudor durante la larga mañana. Los cinco botes se llamaban ahora oficialmente: Solitario, Pobre, Desagradable, Brutal y Corto. Pág. 555




Las nubes son espesas por encima de ellos. No hay asomo de amanecer en el horizonte, en ninguna dirección. Crozier no tiene ni idea de adónde le llevará la mujer: ¿de vuelta a la isla del Rey Guillermo? ¿Al sur, a la península de Adelaida? ¿Hacia el río Back? ¿Más lejos aún en el hielo? 
- Mis hombres -le dice. Se esfuerza por elevar la voz y hacerse oír por encima del susurro del viento, el silbido de la nievey los gruñidos del espeso hielo que tienen debajo-. Tengo que volver con mis hombres. Me estarán buscando. Señorita..., señora... Lady Silenciosa, por favor. Por el amor de Dios, por favor, lléveme de vuelta al campamento de Rescate. 
Silenciosa no se vuelve. Él no ve más que la parte trasera de su capucha y el borde de piel de oso que brilla bajo la débil luz de las estrellas. No tiene ni idea de cómo puede orientarse ella con esa oscuridad, y cómo una chica tan menuda puede tirar de su peso y el del trineo con tanta facilidad. 
Se deslizan silenciosamente hacia la oscuridad, en el laberinto de hielo que tienen ante ellos. Pág. 696




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