domingo, diciembre 09, 2012

LOS MISERABLES: del folletín al musical




M. Myriel debía sufrir la suerte de todo recién llegado a una población pequeña, donde hay muchas bocas que hablan y pocas cabezas que piensan. Debía sufrirla, aunque fuera obispo, y precisamente porque era obispo. Por lo demás, las habladurías en que se mezclaba su nombre no eran más que habladurías, ruido, frases, palabras; menos aún que palabras, palabrerías, como dice el enérgico idioma del Mediodía.
Sea como fuere, a los nueve años de episcopado y de residencia en D… todas estas murmuraciones, asuntos de conversación que ocupan en los primeros momentos a las pequeñas poblaciones y a las personas pequeñas, habían caído en profundo olvido. Nadie hubiera osado hablar de ellas, nadie se hubiera atrevido a recordarlas.
M. Myriel había llegado a D… acompañado de una solterona, la señorita Baptistina, que era su hermana, y contaba diez años menos que él.
Por toda servidumbre tenía una criada de la misma edad que la señorita Baptistina, llamada la señora Magloire, la cual, tras haber sido el ama de llaves del señor cura, tomaba al presente el doble título de doncella de la señorita y ama de llaves de su ilustrísima. 
La señorita Baptistina era de corta estatura, de rostro pálido, de fisonomía bondadosa: realizaba el ideal de lo que expresa la palabra respetable, pues parece necesario que una mujer haya sido madre para ser venerable. Nunca había sido bonita: su vida, que había sido una serie no interrumpida de buenas obras, había acabado por extender sobre su persona como una especie de blancura y de claridad; y al envejecer, había adquirido lo que se podría llamar la belleza de la bondad.
La señora Magloire era una viejecilla blanca, gorda, repleta, hacendosa, siempre afanada y siempre sofocada; primero a causa de su actividad, luego a causa de su asma. A su llegada instalaron a M. Myriel en su palacio episcopal con todos los honores dispuestos por los decretos imperiales, que clasificaba al obispo inmediatamente después del mariscal de campo. El alcalde y el presidente le hicieron la primera visita, y él por su parte hizo la primera al general y al prefecto.
Terminada la instalación, la población aguardó a ver cómo se conducía su obispo. Pág.12 





No obstante, una anciana que le encendía la luz cuando volvía de noche, le enseño el arte de vivir en la miseria. Detrás del vivir con poco, hay el vivir con nada: son dos habitaciones; la primera oscura, la segunda tenebrosa.
Fantina aprendió cómo se vive completamente sin fuego en el invierno, cómo se renuncia al pájaro que comía un maravedí de alpiste todos los días, cómo se hace de la saya manta, y de la manta saya, cómo se ahorra la vela tomando la comida a la luz de la ventana de enfrente. Llega esto hasta ser un talento. Fantina adquirió ese sublime talento, y recobró un poco de valor. Pág. 92





Este hombre, así en sus vestidos como en toda su persona, realizaba el tipo de lo que se podría llamar un mendigo de buna sociedad, es decir, la extrema miseria combinada con la extrema limpieza. Es una mezcla bastante rara que inspira a los corazones inteligentes ese doble respeto que se siente hacia el que es muy pobre, y hacia el que es muy digno. Llevaba un sombrero redondo muy viejo y muy cepillado; una levita raída hasta el hilo, de paño grueso color de ocre, color que en aquella época no tenía nada de extravagante; un chaleco con bolsillos de forma secular; calzón negro, vuelto gris por las rodillas; medias de lana negra y zapatos gordos con hebillas de cobre. Se hubiese dicho que era un preceptor antiguo de buena casa, recién llegado de la emigración. A juzgar por sus cabellos blancos, su frente llena de arrugas, sus labios lívidos, su rostro, en el cual todo respiraba el abrumamiento y el cansancio de la vida, se le habrían supuesto mucho más de sesenta años; pero en atención a su modo de andar, firme, aunque lento, y al vigor singular que imprimía a todos sus movimientos, se le habrían dado apenas cincuenta. Las arrugas de su frente estaban bien colocadas, y habrían prevenido en su favor a cualquiera que le hubiese observado con atención. Sus labios se contraían con un pliegue extraño, que parecía severo, y era humilde. En el fondo de su mirada tenía una especie de lúgubre serenidad. Pág. 177 




Cosette era fea, aunque si hubiese sido feliz, habría podido ser linda. Ya hemos bosquejado su pequeña figura sombría: era delgada y pálida; tenía cerca de ocho años, y apenas representaba seis. Sus grandes ojos, hundidos en una especie de sombra, estaban casi apagados a fuerza de llorar. Los extremos de su boca tenían esa curvatura de la angustia habitual que se observa en los condenados y en los enfermos desahuciados. Tenía las manos como había adivinado su madre “perdidas de sabañones”. El fuego que la iluminaba en aquel momento mostraba al descubierto los ángulos de sus huesos, y hacía su flacura horriblemente visible. Como siempre estaba tiritando, tenía la costumbre de apretar las dos rodillas una contra otra. Todo su vestido consistía en un harapo, que hubiese dado lástima en verano, y que inspiraba horror en el invierno. La tela que vestía estaba llena de agujeros, no tenía ni un mal pañuelo de lana. Se le veía la piel por varias partes, y por doquiera se distinguían manchas azules o negras que indicaban el sitio donde la Thénardier la había golpeado. Sus piernas desnudas eran delgadas y de color encendido; el hundimiento de sus clavículas hacia saltar las lágrimas. Toda la persona de esta criatura, su aire, su actitud, el sonido de su voz, sus intervalos entre una y otra palabra, su mirada, su silencio, su menor gesto, expresaban y revelaban una sola idea: el miedo. Pág. 182




"Escuchadme; voy a daros un consejo: adoraos. Yo no me ando con rodeos, sino que voy desde luego al grano: ¡sed dichosos! En la creación no hay más sabios que las tórtolas. Los filósofos dicen: “Moderad vuestra alegría”. Yo digo: Soltadle la rienda. Prendaos uno de otro furiosamente, como diablos. ¡Váyanse al diablo los filósofos! La sabiduría consiste en divertirse. Divertíos, divirtámonos. Existid el uno para el otro, embebeceos amándoos, hacednos reventar de envidia por no poder imitaros; idolatraos. Cosette, que la sonrisa de vuestro marido sea el buen tiempo; Mario, que las lágrimas de tu mujer sean la lluvia, y que no llueva jamás en vuestra casa. Sed el uno para el otro una religión. ¡Ea! Pues, amaos. Si los jóvenes no se amasen, no sé de qué serviría la primavera" Pág. 539 




LOS MISERABLES
Victor Hugo
Ed. Alba. Madrid, 2002

sábado, noviembre 03, 2012

SKYFALL: de Ian Fleming a Tennyson





Fragmento de "Ulysses" de ALFRED LORD TENNYSON 
interpretado por Judi Dench en "Skyfall. James Bond 007" 


Aunque mucho se ha ido, mucho queda,
y aunque ya no tengamos esa fuerza
que en los días pasados sacudió
cielos y tierra, esto que somos, somos:
un mismo ardor de heroicos corazones
menguado por el tiempo y el destino
pero determinado a combatir,
a buscar y a encontrar, y a no rendirse.




martes, octubre 02, 2012

HAMLET (adaptación)





HAMLET
WILLIAM SHAKESPEARE
Ediciones Cátedra, Madrid, 2008

¡Oh, veneno del pesar profundo! Todo a causa de la muerte de su padre… ¡Oh, Gertrud, Gertrud! Llegan las penas y no lo hacen una a una, como espías, sino en tropel, como batallones… El padre de Ofelia muerto; luego, la ausencia de vuestro hijo, él mismo, autor violento de su merecido destierro. Y el pueblo agitado, turbado, suspicaz en sus rumores y pensamientos por la muerte del buen Polonio. ¡Cuán torpe nuestra conducta al enterrarle a escondidas! Y la pobre Ofelia, privada de su razón, de su preclaro juicio, sin el que no somos más que imágenes o simples bestias. Y aún es de mayor peligro lo que sigue: su hermano, llegado desde Francia en secreto, que se alimenta del asombro, escondido en las tinieblas; a quien no le faltan maliciosos que infectan sus oídos con historias pestilentes sobre la muerte de su padre; las habladurías, aunque faltas de argumento, serán implacables al acusarnos ante quienes las escuchen. Oh, Gertrud, hiéreme esto como la metralla, por todas partes, más de una muerte muriendo. Págs. 537, 539. 

domingo, septiembre 02, 2012

AMANECER (adaptación)




AMANECER 
STEPHENIE MEYER
Punto de lectura, Madrid, 2012

Era un sentimiento extraño para mí, aunque supongo que no sorprendente, puesto que todo lo sentía ahora de forma rara. Lo extraño era que lo sentía como algo natural en cierto sentido. Cuando era humana, nunca había sido la mejor en nada. Llevaba muy bien mis relaciones con Renée, pero probablemente habría mucha gente que lo hubiera hecho mejor que yo. De hecho, Phil parecía estar haciéndolo mejor que bien. Era una buena estudiante, pero nunca la mejor de la clase, y obviamente, no se podía contar conmigo para nada referido al deporte. Tampoco tenía ningún talento particular en lo artístico ni en lo musical. Nadie me dio nunca un trofeo por leer libros y después de dieciocho años de mediocridad, estaba más que acostumbrada a ser una medianía. Me di cuenta en ese momento de que hacía mucho tiempo que me había resignado a no brillar jamás en nada. Hacía lo mejor que podía con lo que tenía, pero sin terminar de encajar nunca del todo en mi propio mundo.
Sin embargo, esto era completamente distinto. Me había vuelto algo sorprendente, tanto para ellos como para mí misma. Era como si hubiera nacido para ser vampiro. Esa idea me hizo querer echarme a reír, pero también me dieron ganas de cantar. Había encontrado mi verdadero lugar en el mundo, el lugar en el que por fin encajaba, el lugar donde podía brillar. Págs. 574-575

miércoles, agosto 01, 2012

ECLIPSE (adaptación)




ECLIPSE 
STEPHENIE MEYER
Punto de lectura, Madrid, 2010

… He visto lo que siente a través de sus ojos. No hay nada romántico en todo esto, no para Quil, aún no –respiró hondo, frustrado-. ¡Qué difícil es describirlo! La verdad es que no se parece al amor a primera vista, sino que más bien tiene que ver con movimientos gravitatorios. Cuando tú la ves, ya no es la tierra quien te sostiene, sino ella, que pasa a ser lo único que importa. Harías y serías cualquier cosa por ella, te convertirías en lo que ella necesitara, ya sea su protector, su amante, su amigo o su hermano. Pág. 181-182

sábado, julio 07, 2012

LUNA NUEVA (adaptación)





LUNA NUEVA 
STEPHENIE MEYER
Punto de lectura, Madrid, 2009

Pero ¿y qué ocurriría si este agujero no llegaba a cerrarse nunca? ¿Y si las heridas en carne viva jamás se curaban? ¿Y si el daño era permanente, irreversible?
Me rodeé el cuerpo con los brazos y apreté con fuerza. Como si nunca hubiese existido, pensé con desesperación. ¡Cómo había sido capaz de hacer una afirmación tan estúpida y tan absurda! Podía haber robado mis fotos y haberse llevado sus regalos, pero aún así, nunca podría devolver las cosas al mismo lugar donde habían estado antes de que le conociera. La evidencia física era la parte más significativa de la ecuación. Yo había cambiado, mi interior se había alterado hasta el punto de no ser reconocible. Incluso mi exterior parecía distinto, tenía el rostro cetrino, a excepción de las ojeras malvas que las pesadillas habían dejado bajo mis ojos, unos ojos bastante oscuros en contraste con mi piel pálida; tanto, que si yo hubiera sido hermosa y si me miraba desde una cierta distancia, podría pasar ahora por un vampiro. Pero yo no era hermosa, y probablemente guardaba más parecido con un zombi.
Como si nunca hubiese existido. Menuda locura. Aquélla fue una promesa que él no podía mantener, una promesa que se rompió tan pronto como la hizo. Pág. 132

miércoles, junio 06, 2012

CREPÚSCULO (adaptación)





CREPÚSCULO 
STEPHENIE MEYER
Punto de lectura, Madrid, 2008


-¿Porque sería demasiado arduo para ti si yo estuviera demasiado cerca.
-Es un problema, sin duda, pero no me refería a eso. Es sólo que eres demasiado suave, tan frágil. Tengo que controlar mis actos cada instante que estamos juntos para no dañarte. Podría matarte con bastante facilidad, Bella, y simplemente por accidente –su voz se había convertido en un suave murmullo. Movió su palma helada hasta apoyarla sobre mi mejilla-. Si me apresurase, si no prestara la suficiente atención por un segundo, podría extender la mano para acariciar tu cara y aplastarte el cráneo por error. No comprendes lo increíblemente frágil que eres. No puedo perder el control mientras estoy a tu lado. Pág. 315

jueves, mayo 17, 2012

INVICTUS poema del film





Desde la noche que sobre mí se cierne
Negra como su insondable abismo
Agradezco a los dioses si existen
Por mi alma invicta.

Caído en las garras de la circunstancia
Nadie me vio llorar ni pestañear
Bajos los golpes des destino
Mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de lágrimas e ira
Yacen los horrores de la sombra
Pero la amenaza de los años
Me encuentra, y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino
Cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
Soy el capitán de mi alma

WILLIAM ERNEST HENLEY
“Invictus” (1875) 

jueves, abril 12, 2012

GRANDES ESPERANZAS (adaptación)


GRANDES ESPERANZAS
CHARLES DICKENS
Ed. Santillana, Madrid, 2005
* Al mismo tiempo se abrazó su cuerpo tembloroso con los dos brazos, apretándose como para no desmoronarse, y se dirigió renqueando hacia la tapia baja de la iglesia. Al verle marchar, eligiendo sus pasos entre las ortigas y las zarzas que circundaban los verdes montículos, se me figuró que esquivaba las manos de los muertos, que se alargaban cautelosamente desde sus tumbas para agarrarse a sus tobillos y meterle en ellas. Pág. 14
* A pesar de que me llamaba muchacho con tanta frecuencia y con una displicencia que distaba mucho de ser halagüeña, era aproximadamente de mi edad. Pero, claro, como era mujer, hermosa y poseída de sí misma, parecía mucho mayor que yo y se mostraba tan desdeñosa conmigo como si fuese una reina de veintiún años. Pág. 66
* En aquel aposento fantástico, entre aquellas extrañas influencias que de tal modo obraban sobre mí, supe que ella acababa de regresar de Francia y que se disponía a marchar a Londres. Presumida y caprichosa como antaño, de tal modo había sometido estas cualidades a su belleza, que era imposible y antinatural –al menos así me lo pareció a mí- separarlas de su beldad. En verdad, era imposible apartar su presencia de todos aquellos míseros deseos de dinero y de posición que inquietaran mi juventud, de todas aquellas desordenadas aspiraciones que por vez primera me hicieran avergonzarme de mi hogar y de José, de todas aquellas visiones que hacían surgir su rostro del fuego resplandeciente, de los hierros machacados sobre el yunque, y de la oscuridad de la noche para asomarse por la ventana de madera de la folla y huir después. En una palabra: me era imposible separarla, ni en el pasado ni en el presente, de las más recónditas emociones de mi vida. Pág. 250

jueves, marzo 01, 2012

DESAYUNO EN TIFFANY'S (adaptación)


DESAYUNO EN TIFFANY’S
TRUMAN CAPOTE
Ed. Anagrama, Barcelona, 2007

“Siempre me siento atraído por los lugares en donde he vivido, por las casas y los barrios. Por ejemplo, hay un edificio de piedra arenisca en la zona de la Setenta Este donde, durante los primeros años de la guerra, tuve mi primer apartamento neoyorquino. Era una sola habitación atestada de muebles de trastero, un sofá y unas obesas butacas tapizadas de ese especial y rasposo terciopelo rojo que solemos asociar a los trenes un día caluroso. Tenía las paredes estucadas, de un color tirando a esputo de tabaco mascado. Por todas partes, incluso en el baño, había grabados de ruinas romanas que el tiempo había salpicado de pardas manchas. La única ventana daba a la escalera de incendios. A pesar de estos inconvenientes, me embargaba una tremenda alegría cada vez que notaba en el bolsillo la llave de este apartamento; por muy sombrío que fuese, era, de todos modos, mi casa, mía y de nadie más, y la primera, y tenía allí mis libros, y botes llenos de lápices por afilar, todo cuanto necesitaba, o eso me parecía, para convertirme en el escritor que quería ser” pág. 9.

jueves, febrero 02, 2012

special RAY BRADBURY




EL HOMBRE ILUSTRADO
RAY BRADBURY
Ed. Minotauro, Barcelona, 1986

La vida termina como el resplandor de un film, una chispa en una pantalla. Todos los prejuicios y pasiones se reducen y se encienden por un instante en el espacio, y antes que se pueda gritar: -Aquel fue un día feliz, aquel otro un día desgraciado, aquella era una cara malvada, aquella otra una cara bondadosa-, sólo quedan del film unas pocas cenizas. La pantalla se oscurece. Pág. 37.

martes, enero 03, 2012

CINE NEGRO ¿ciclo o género?

El SUEÑO ETERNO
RAYMOND CHANDLER
ALIANZA EDITORIAL, MADRID, 2001


• Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares. Pág. 7

• El anciano sacó la voz del fondo de un pozo y dijo:
- Brandy, Norris. ¿Cómo le gusta el brandy, señor Marlowe?
- De cualquier manera –dije.
El mayordomo se alejó entre las abominables plantas. El general habló de nuevo, despacio, utilizando sus fuerzas con el mismo cuidado con que una corista sin trabajo usa las últimas medias presentables que le quedan. Pág. 12

• Encendí el cigarrillo y arrojé una buena bocanada en dirección al anciano, que lo olisqueó como un terrier la madriguera de una rata. La débil sonrisa le distendió un poco las comisuras en sombra de la boca.
- Triste situación la de un hombre obligado a satisfacer sus vicios por tercero interpuesto –dijo con sequedad-. Contempla usted una reliquia muy descolorida de una existencia bastante llamativa; un inválido paralizado de ambas piernas y con sólo medio vientre. Son muy escasas las cosas que puedo comer y mi sueño está tan cerca de la vigilia que apenas merece la pena darle ese nombre. Se diría que me nutro sobre todo de calor, como una araña recién nacida, y las orquídeas son una excusa para el calor. ¿Le gustan las orquídeas?
- No demasiado –dije.
El general cerró los ojos a medias.
- Son muy desagradables. Su carne se parece demasiado a la de los hombres. Y su perfume tiene la podredumbre dulzona de una prostituta. Pág. 13

• ¿Salen juntas sus dos hijas?
- Creo que no. Me parece que las dos siguen caminos de perdición separados y un tanto divergentes. Vivian es una criatura malcriada, exigente, lista e implacable. Carmen es una niña a la que le gusta arrancarle las alas a las moscas. Ninguna de las dos tiene más sentido moral que un gato. Yo tampoco. Ningún Sternwood lo ha tenido nunca. Pág. 17

• Me senté en le borde de un sillón muy blando y profundo y miré a la señora Regan, que era merecedora de atención, además de peligrosa. Estaba tumbada en una chaise-longue modernista, sin zapatos, de manera que contemplé sus piernas, con las medias de seda más transparentes que quepa imaginar. Parecían colocadas para que se las mirase. Eran visibles hasta la rodilla y una de ellas bastante más allá. Las rodillas eran redondas, ni huesudas ni angulosas. Las pantorrillas merecían el calificativo de hermosas, y los tobillos eran esbeltos y con suficiente línea melódica para un poema sinfónico. Pág. 21

• A la mañana siguiente el tiempo era luminoso, claro y soleado. Me desperté con sabor a guante de motorista en la boca, bebí un par de tazas de café y repasé los periódicos de la mañana. Pág. 48

• - Bueno, ¿cómo te va la vida? –empezó. Tenía voz de persona que ha dormido bien y que no debe demasiado dinero. Pág. 48

• Me obsequió con una de esas sonrisas que los labios han olvidado antes de que lleguen a los ojos. Pág. 65

• Su voz era la voz exageradamente despreocupada de los tipos duros de las películas. El cine los ha hecho a todos así. Pág. 84

• Tipos que sólo son listos a medias –dijo con un cansado resoplido-. Eso es lo único que consigo. Nunca un tipo que sea listo de principio a fin. Ni una sola vez. Pág. 97

• Un vago atisbo de duda empezaba a nacerle en algún lugar. Aún no lo sabía. Es difícil para las mujeres –incluso las prudentes- darse cuenta de que su cuerpo no es irresistible. Pág. 163

• No me importó. No me importaba todo lo que me llamase, ni lo que nadie pudiera llamarme. Porque aquélla era la habitación en la que yo vivía. No tenía otra cosa que pudiera llamarse hogar. Allí estaba todo lo que era mío, todo lo que tenía relación conmigo, todo lo que podía recibir el nombre de pasado, todo lo que podía hacer las veces de familia. No era mucho; unos cuantos libros, fotografías, radio, piezas de ajedrez, cartas viejas, cosas así. Nada. Pero tales como eran contenían todos mis recuerdos. Pág. 164

• Un edificio muy desagradable. Un edificio donde el olor a viejas colillas de puros sería siempre el aroma menos ofensivo. Pág. 177

• A la salud de las polillas en la estola de visón, como dicen las señoras. Pág. 181

El HALCÓN MALTÉS
DASHIELL HAMMETT
ALIANZA EDITORIAL, MADRID, 2004


- Spade tenía el aspecto de un Satanás rubio. Pág. 9

- Era rubia, de poco más de treinta años. la belleza de su cara conoció probablemente su plenitud cinco años antes. A pesar de ser apretada de carnes tenía el cuerpo bien modelado y exquisito. Iba vestida de negro desde el sombrero a los zapatos. Como luto, la ropa presentaba un aire de improvisación. Así que hubo hablado, retrocedió desde la puerta y quedó esperando a que Spade entrara. Pág. 34

- Tras unos momentos en que apareció confundida y a punto de llorar, Brigid se echó a reír y dijo:
- Está bien. No me parezco en nada a la persona que pretendo representar. Tengo ochenta años, soy increíblemente malvada, y mi profesión es la de herrero. Pero si bien se trata de una postura fingida, estoy ya tan acostumbrada a ella que no debe usted esperar que la descarte por completo ¿estamos? Pág. 70

- Flitcraft había sido un buen ciudadano, un buen marido y un buen padre, no porque estuviera animado por un concepto del deber sino sencillamente porque era un hombre que se desenvolvía más a gusto estando de acuerdo con el ambiente. Le habían educado así. La vida que conocía era algo limpio, bien ordenado, sensato y de responsabilidad. Y ahora, una viga al caer le había demostrado que la vida no es nada de eso. Él, el buen ciudadano, esposo y padre, podía ser quitado de en medio entre su oficina y el restaurante por una viga caída de lo alto. Comprendió que los hombres mueren así, por azar, y que viven sólo mientras el ciego azar los respeta. Pág. 79
- El hombre gordo alzó su vaso y lo contempló al trasluz de la ventana. Meneó la cabeza varias veces en mudo elogio de las burbujas que subían.
- Bien, señor mío, brindo por las palabras francas y un claro entendimiento- dijo. Pág. 126