martes, diciembre 10, 2013

GUERRA Y PAZ (adaptación)




GUERRA Y PAZ
LEON TOLSTOI
Ed. Alba, Madrid, 2002

  • Querido amigo, no te cases hasta que no hayas hecho todo lo que pensabas hacer, hasta que no hayas cesado de amar a la mujer por ti elegida, y hasta que no la hayas estudiado bien: de otro modo te engañarás cruelmente y de una manera irreparable. ¡Cásate viejo e inútil! Entonces no te expondrás a destrozar cuanto en ti haya de elevado. ¡Sí, el matrimonio todo se divide en moneda menuda! No me mires con aire de admiración. Si contabas ser algo por ti mismo, a cada paso comprenderás que todo ha concluido, que todo está cerrado para ti. Pág. 22

  • Decía que los vicios de la humanidad provenían de dos causas: la ociosidad y la superstición. Tampoco reconocía más de dos virtudes: la actividad y la inteligencia. Pág. 47

  • Por poco inclinado a reflexionar que sea uno, casi siempre se halla en formal disposición de espíritu antes de una partida o de un cambio de existencia: se dirige una ojeada hacia atrás y se hacen planes para lo venidero. Pág. 53

  • La vida del hombre es doble: una existencia es la íntima, individual, tanto más independiente cuanto que los intereses son más elevados y más abstractos; la otra es la general, la vida en el hormiguero humano, que le rodea con sus leyes, obligándole a someterse a ellas. Pág. 291

  • Mientras estuvo encerrado en la barraca, Pedro había comprendido, por todo lo que pasaba en su alma, por el género de vida a que forzosamente estaba sometido, que el hombre fue creado para la dicha está en él, en la satisfacción de las cotidianas exigencias de la vida y que la desgracia es el resultado fatal, no de la necesidad, sino de la abundancia. Una nueva y consoladora verdad se había revelado en él durante las tres últimas semanas: la de que no hay nada irremediable en este mundo, y que, de igual modo que el hombre no es nunca completamente feliz e independiente, nunca es por completo desgraciado y esclavo. Comprendió que el sufrimiento tiene sus límites, como la libertad, y que estos límites se tocan: que el hombre acostado sobre un lecho de rosas, de las que sólo una está doblada, sufre tanto como el que, durmiendo sobre un suelo húmedo, nota que gran frío le penetra. Comprendió, por fin, que, cuando creyó unirse a su esposa por propia voluntad, era tan poco libre como entonces. Pág. 512


sábado, noviembre 02, 2013

"SEARCHING FOR SUGAR ART, LA MATERIA CON LA QUE SE CONSTRUYEN LOS SUEÑOS" by Mar Gómez Hortelano





“Con todas las gilipolleces y la mediocridad que hay por todos lados, el artista es el pionero” Rick Emmerson (Construction worker colleague)

Para los productores del documental “Searching for sugar man” se trataba de una de esas piezas únicas que surgen muy de vez en cuando: un film redondo, una historia original, un final de cuento de hadas y una técnica sencilla al estilo del más puro artesano pero que ha hecho llorar al público de medio mundo.
Para su director, un joven sueco que viajaba por África y Latinoamérica en busca de reportajes para la televisión sueca, supondría mil obstáculos superados, algunas decepciones con la industria, un trabajo finalmente reconocido, merecidamente premiado, dos oportunidades y un sueño hecho realidad.
Nunca se ajustarían tanto las palabras de otro sueco, el mítico cineasta Ingmar Bergman quien decía que “ningún arte traspasa nuestra consciencia de la misma forma que lo hace el cine, tocando directamente nuestras emociones, profundizando en los oscuros habitáculos de nuestras almas”, así que desde estas líneas invitamos a disfrutar la magia de todos sus protagonistas.

Al otro lado del río, Detroit


Street boy
You`ve out too long
Street boy
Ain´t you got enough sense to go home
Street boy
You´re gonna end up alone… STREET BOY (1971)


Dicen de Detroit que es una ciudad difícil, con demasiadas casas derruidas, una ciudad que no te deja soñar demasiado, que no te deja esperar grandes cosas. Una ciudad cinematográficamente apocalíptica. Una ciudad que necesita buenas noticias.
Dicen de Rodríguez que deambulaba como un espíritu por esta misma ciudad, que era el poeta de los suburbios, un alma errante, que tenía esa cualidad mágica de los artistas genuinos para estar por encima de lo mundano, de lo prosaico… y que cogió todo el tormento y la agonía, la confusión y el dolor, y lo transfomó en algo bello, algo ilimitado, algo eterno. Pero inexplicablemente, su obra fue un fracaso. Y cuando le preguntan si después de su segundo trabajo “Coming from reality” quiso sacar más discos, contesta: “me habría gustado seguir pero nada lo habría igualado. Así que volví a mi trabajo. ¿qué hacer cuando un artista cree haber alcanzado sus propios límites?

Al otro lado del mundo, Sudáfrica         
      

I wonder how many times you`ve been had
And I wonder how many plans have gone bad
I wonder how many times you had sex
I wonder do you know who`ll be next… I WONDER (1970)


Todas las revoluciones necesitan un himno… Para Stephen Segerman, la música de Rodríguez se transformó en la banda sonora de muchas vidas. Si entrabas en casa de cualquier blanco liberal de clase media que tuviera tocadiscos encontrabas: Abbey Road (The Beatles), Bridge over troubled water (Simon y Garfunkel) y Cold Fact (Rodríguez). Para Craig Bartholomew, las letras de Rodriguez eran una liberación en pleno apartheid. Sudáfrica portaba el estandarte de la censura, de las sanciones, de los boicots… pero de la comunidad Africaans surge un grupo de músicos que inspirados por Rodríguez eligieron escribir, cantar, actuar… transformándolo en icono de la revolución.     
Todos representan la posibilidad de un sueño. Hay que elegir. Y ellos ya lo hicieron. Así que ahora pensadlo bien ¿Cuál será vuestro sueño?

Al otro lado del establishment


The mayor hides the crime rate
Council woman hesitates
Public gets irate but forget the vote date
Weatherman complaining, predicted sun,
it`s raining
Everyone`s protesting, boyfriend keeps
Suggesting
You`re not like all of the rest…  THE ESTABLISHMENT BLUES (1970)


Mil días dedicados a una película sin cobrar ni un euro es mucho tiempo. Así que Malick también tuvo que elegir. Y cuando a falta de dos meses su primer inversor se retiró porque el proyecto no le pareció bueno, eligió creer en su idea, eligió continuar con dinero prestado, eligió crear sus propias animaciones, eligió componer él mismo una sencilla banda sonora y editar todo el material…  porque tarde o temprano todos debemos hacerlo. Esto es lo que hemos aprendido: a elegir, a proteger la propia identidad, a cultivar nuestro arte, a defender nuestra voz… a ser valientes, apasionados, tenaces, pacientes, íntegros con nuestros sueños… así pues,


thanks for your time
Then you can thank me for mine
And after that`s said
Forget it… FORGET IT (1970)


PUBLICADO EN IVORYPRESS, 2013


martes, octubre 01, 2013

LOS PUENTES DE MADISON COUNTY poema del film

 
 
 
"There is a pleasure in the pathless woods,
 There is a rapture on the lonely shore,
 There is society, where none intrudes,
 By the deep sea, and music in its roar:
 I love not man the less, but Nature more,
 From these our interviews, in which I steal
 From all I may be, or have been before,
 To mingle with the Universe, and feel
 What I can ne'er express, yet cannot all conceal."
 
Lord Byron (1788-1824) 
 
 
Traducción en español: 
 
"Hay un placer en los bosques sin senderos,
hay éxtasis en la costa solitaria,
Hay sociedad donde nadie se entromete,
por el océano profundo, y la música con su rugido;
no amo menos al hombre, pero sí más a la Naturaleza,
desde ésta, nuestras entrevistas, donde robo
todo lo que yo puedo ser, o pude haber sido antes,
para mezclarme con el Universo, y sentir
lo que yo nunca pude expresar, sin embargo no todos pueden ocultar" 
 
 
 

lunes, septiembre 02, 2013

CUMBRES BORRASCOSAS (adaptación)




CUMBRES BORRASCOSAS
EMILY BRONTE
Ed. Sarpe, Madrid, 1984

-          Regreso en este momento de visitar al dueño de mi casa. Sospecho que ese solitario vecino me dará más de un motivo de preocupación. La comarca en que he venido a residir es un verdadero paraíso, tal como un misántropo no hubiera logrado hallarlo igual en toda Inglaterra. El señor Heathcliff y yo podríamos haber sido una pareja ideal de camaradas en este bello país. Pág. 21

-          Catalina le amenazó con que los libros de José responderían de los daños que pudieran sufrir los suyos, se rió al pasar al lado de Hareton y subió a su cuarto con el corazón menos oprimido que hasta entonces. La intimidad entre los muchachos se desarrolló rápidamente, aunque tuvo algunos eclipses. El buen deseo no era suficiente para civilizar a Hareton y tampoco la señorita era un modelo de paciencia, pero como los dos tendían a lo mismo, ya que uno amaba y deseaba apreciar y el otro se sentía amado y deseaba que le apreciasen, los resultados no se hicieron esperar. Pág. 346

-          Cuando se detuvieron en la puerta para mirar una vez más la luna –o, más exactamente, para mirarse el uno al otro a la luz lunar-, sentí otra vez un irresistible impuso de marcharme. Así que, deslizando un pequeño recuerdo en la mano de la señora Dean, y desoyendo sus protestas por la brusquedad con que marchaba, salí por la cocina mientras los novios abrían la puerta del salón. Pag. 368

-          No tardé en descubrir las tres lápidas sepulcrales, colocadas en un talud, cerca del páramo. La de en medio estaba amarillenta y cubierta de matorrales; la de Linton, sólo adornada por el musgo y la hierba que crecía a su pie, y la de Heathcliff, todavía completamente desnuda. Yo me detuve a su lado, bajo el cielo sereno. Y siguiendo con los ojos el vuelo de las libélulas entre las plantas silvestres y las campánulas, y escuchando el rumor de la suave brisa entre el césped, me admiró que alguien pudiera atribuir inquietos sueños a los que dormían en tumbas tan apacibles. Pág. 369



sábado, agosto 03, 2013

"HITCHCOCK: SIEMPRE VERDE, SIEMPRE VIVO" by Mar Gómez Hortelano






El reciente estreno de la película del director Sacha Gervasi, inspirada en el libro de Stephen Rebello “Alfred Hitchcock and the making of Psycho” nos da pie para revisitar al mejor arquitecto de la angustia de la Historia del Cine. Cierto es, que en “Psicosis” (1960)  se suman muchos de los recursos y técnicas que desarrollaría durante toda su vida como cineasta: las  imágenes nítidas, dinámicas y conmovedoras, los diseños de motivos visuales sofisticados, las secuencias combinando el movimiento de cámara y el montaje, y por supuesto, ese impulso malvado que existe en todos nosotros… Una simple ducha y una Janet Leight  aterrorizada: setenta y ocho planos reducidos a cuarenta y cinco segundos. ¡Pero qué cuarenta y cinco segundos!
“La tensión de los opuestos” lo llamó: la cordura y la locura,  lo real y lo irreal… Del mismo modo, lo que la película nos cuenta y lo que nos oculta, pero nos sugiere… y que hemos investigado.
Sabemos que en su infancia leyó literatura victoriana, como “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Stevenson, o “El retrato de Dorian Gray” de Wilde, dos novelas en las que una misma persona encarna el bien y el mal. Gracias al nacimiento del psicoanálisis a principios de siglo y el posterior reconocimiento del pensamiento de Sigmund Freud y Carl Jung, comprendimos que toda personalidad alberga luces y sombras.
También sabemos que más tarde devoró todos los éxitos novelísticos desde Chesterton a Poe, considerando precisamente a éste último como el crisol del movimiento surrealista y con el que compartiría una de sus pasiones: el asesinato. Más interesante y salvable, nos resulte ahora la secuencia del sueño surrealista ideada por Salvador Dalí en “Recuerda” (1945). Y aunque bien es cierto que como buen fetichista,  nos mostró esos deliciosos placeres sexuales que se ocultan tras las gélidas apariencias de sus protagonistas, como buen manipulador, se sirvió de su ingenio para escondernos al Hitchcock más íntimo: un tranquilo hombre de familia que iba a la iglesia cada domingo con su hija, que estaba orgulloso de su bodega y de su colección de originales (Paul Klee, Walter Sickert y otros artistas) y que sentía devoción por su esposa. “Soy Alma Reville – dice Helen Mirren en un momento de la película- y no una de esas pseudoactrices rubias a las que atormentas con tus instrucciones tan precisas”. 







Pero ¿quién fue Alma Reville?
Hubo un tiempo en el que era habitual que las mujeres escribieran guiones de películas. Cuando en 1919 un jovencísimo Alfred Hitchcock leyó que la productora Famous Players-Lasky había abierto un estudio en Londres, se personó, siendo finalmente contratado como dibujante de intertítulos de películas mudas. La productora importó algunos de los mejores talentos estadounidenses al estudio de Londres, como Eve Unsell, Margaret Turnbull, Ouida Bergere… Mujeres que sabían todo acerca de la adaptación de obras de teatro y novelas a la gran pantalla y de las que nuestro director lo aprendería todo sobre la narración de historias. Alma, un día mayor que él, había empezado a trabajar en el cine a los dieciséis años, primero como actriz, luego como chica de continuidad, y más tarde como montadora, mucho antes de que Hitchcock escribiera su primer intertítulo. Fue durante el proceso de producción de “Woman to Woman” (1923) cuando la llamó a su casa y le preguntó si le interesaría escribir el guión de la película. La conocía desde hacía 2 años, durante los cuales ella trabajó como guionista en el estudio pero ocupando una posición superior a la suya. Años después confesó que solía observarla siempre que ella no miraba. Se casaron el 2 de diciembre de 1926 y fue sin lugar a dudas su mejor “recurso”. Cada noche, cuando él volvía a casa, discutían juntos el guión y creaban nuevas ideas visuales y verbales para el rodaje del día siguiente. Su nombre aparece en los títulos de crédito de muchas de sus películas, desde el primer trabajo de 1925 hasta “Pánico en la escena” (1950), pero ahora estamos seguros que Alma SIEMPRE estuvo allí, y que su influencia era mayor de lo que sugieren los créditos.
Así pues, finalicemos este homenaje recordando una de las secuencias clave de la citada “Vértigo” (1958): la visita de la pareja protagonista al bosque de secuoyas. El corte transversal del tronco de un viejo árbol está señalado con etiquetas que demuestran cómo la historia se repite una y otra vez,  y es entonces cuando descubrimos, que “secuoya” significa “siempre verdes, siempre vivas”.


PUBLICADO EN  IVORYPRESS, 2013



miércoles, julio 03, 2013

ESPLENDOR EN LA HIERBA poema del film


William Wordsworth escribió este poema titulado “Oda a la inmortalidad”. Es recordado, sobre todo, porque una bellísima Natalie Wood lo recitaba en una clase de literatura, cuando su dolor era más fuerte que su esperanza, en la película de Elia Kazan “Esplendor en la hierba”. Pocas veces, una película, ha contribuido tanto a la popularidad, en este caso, de un autor clásico.
“Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba,
Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.
En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la
muerte.
Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas"

lunes, junio 03, 2013

EL GRAN GATSBY (adaptación)





EL GRAN GATSBY
F. SCOTT FITZGERALD
Ed. Sexto Piso, Barcelona, 2012


-         Si la personalidad es una serie ininterrumpida de gestos logrados, entonces había en Gatsby algo magnífico, una exacerbada sensibilidad para las promesas de la vida, como si estuviera conectado a una de esas máquinas complejísimas que registran terremotos a quince kilómetros de distancia. Tal sensibilidad no tiene nada que ver con esa sensiblería fofa a la que dignificamos con el nombre de “temperamento creativo”: era un don extraordinario para la esperanza, una disponibilidad romántica como nunca he conocido en nadie y como probablemente no volveré a encontrar. Pág. 12
-         Me miró con comprensión, mucho más que con comprensión. Era una de esas raras sonrisas capaces de tranquilizarnos para toda la eternidad, que sólo encontramos cuatro o cinco veces en la vida. Pág. 50
-         Jordan Baker evitaba instintivamente a los hombres inteligentes y perspicaces, y entonces comprendí que lo hacía porque se sentía más segura en una esfera en la que apartarse de la norma resultara prácticamente imposible. Era una tramposa incurable. No soportaba estar en desventaja y, por ese rasgo negativo, supongo que había empezado a recurrir a subterfugios desde muy joven para conservar frente al mundo aquella sonrisa fría e insolente y, al mismo tiempo, satisfacer las exigencias de su cuerpo fuerte y frío. Pág. 61
-         No hay fuego ni frío que pueda desafiar a lo que un hombre guarda entre los fantasmas de su corazón. Pág. 92
-         Es inevitablemente triste mirar con nuevos ojos cosas a las que ya hemos aplicado nuestra propia capacidad de enfoque. Pág. 102
-         Cuando volvieron a verse, dos días después, era Gatsby el que estaba exhausto y, en cierto modo, el traicionado. El lujo recién comprado de las estrellas iluminaba el porche; el sofá de mimbre se estremeció y crujió a la última moda cuando ella miró a Gatsby y él la beso en la boca, más seductora que nunca, y Gatsby era abrumadoramente consciente de la juventud y el misterio que la riqueza encierra y preserva, de la lozanía que da un buen vestuario, y de Daisy, resplandeciente como la plata, orgullosa y a salvo, por encima de las agrias luchas de los pobres. Pág. 141
-         Y, allí, pensando en el viejo mundo desconocido, me acordé del asombro de Gatsby cuando descubrió la luz verde al final del embarcadero de Daisy. Había hecho un largo camino hasta aquel césped azul y su sueño debió de parecerle tan cercano que difícilmente podía escapársele. No sabía que ya lo había dejado atrás, en algún sitio, más allá de la ciudad, en la vasta tiniebla, donde los oscuros campos de la república se extienden en la noche. Gatsby creía en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros. Se nos escapa ahora, pero no importa, mañana correremos más, alargaremos más los brazos y llegarán más lejos… y una buena mañana… pág. 168  


viernes, mayo 03, 2013

ANNA KARENINA (adaptación)





ANNA KARENINA
LEON TOLSTOI
Ed. Santillana, Madrid, 2013

*Todas las familias felices se parecen unas a otras, cada familia desdichada lo es a su manera. Pág. 21

*La mujer es un ser que por más que la estudie uno siempre resulta completamente nueva. Pág. 221

*No puede usted comprenderlo; para ustedes los hombres, que son libres y pueden escoger, está claro a quién aman. Pero una muchacha, obligada a esperar, con su pudor femenino, virginal, que los ve a ustedes desde lejos y tiene que fiarse de lo que le digan, puede experimentar un sentimiento que no pueda explicarse. Pág. 353

*Aquellos ojos eran únicos en el mundo. Sólo había un ser en la tierra capaz de concentrar para él toda la luz y todo el sentido de la vida. Era ella. Era Kitty. Levin comprendió que se dirigía a Ergushovo desde la estación del ferrocarril. Y todo lo que le había agitado en aquella noche de vigilia, todas las decisiones que había tomado, todo desapareció de repente. Recordó con repugnancia sus ilusiones de casarse con una campesina. Sólo allí, en aquel coche que se alejaba rápidamente, estaba la posibilidad de resolver el problema de su vida, que tanto lo atormentaba durante los últimos tiempos. Pág. 361

*Anna ha procedido muy bien, y no seré yo quien se lo reproche. Es feliz, constituye la felicidad de otro y no debe de estar abatida como yo. Seguramente está como siempre: lozana, inteligente, y llena de interés por todo. Pág. 762

*Aparentemente su vida era tan buena que no cabía otra mejor: había abundancia de todo, salud, tenían una hija y ambos se dedicaban a sus ocupaciones. Aun sin invitados, Anna seguía preocupándose mucho de sí misma, también leía mucho, tanto novelas como los libros serios que estaban de moda. Pedía todos los libros de los que hablaban los periódicos y revistas que recibía, y los leía con la profunda atención que se tiene solamente en la soledad. Pág. 804

*Anna no ocultó su alegría al ver a Levin. Y en la serenidad con que le tendió su pequeña mano enérgica, en la forma como le presentó a Vorkuiev y cómo le mostró a una niña, de aspecto agradable y algo pelirroja, que trabajaba en la estancia, diciendo que era su protegida, Levin reconoció los modales, que tanto le agradaban, de una mujer de sociedad, siempre tranquila y natural. Pág. 876

jueves, abril 04, 2013

CUATRO BODAS Y UN FUNERAL poema del film



FUNERAL BLUES

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He Is Dead,
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last for ever: I was wrong.

The stars are not wanted now: put out every one;
Pack up the moon and dismantle the sun;
Pour away the ocean and sweep up the wood.
For nothing now can ever come to any good.


W. H. Auden

(TRADUCCIÓN)

Parad los relojes, descolgad el teléfono.
Prevenid el ladrido del perro con un jugoso hueso.
Silenciad los pianos y, con apagado tambor,
el ataúd sacad y a las plañideras avisad.

Que los aviones den vueltas en señal de luto
Y en el cielo escriban el mensaje: "Él ha muerto".
Poned en los blancos cuellos de las palomas un crespón,
Que los guardias lleven guantes negros.

Porque él fue mi norte y mi sur, mi este y mi oeste,
Mi mediodia, mi medianoche,
Mi charla, mi canción.
Creí que el amor duraría siempre. Me equivoqué.

Ya no quiero las estrellas: apagadlas todas.
Envolved la luna, desmantelad el sol.
Vaciad los océanos. Los bosques arrasad.
Porque ya nunca nada podrá acabar bien.

martes, marzo 26, 2013

JACK Y LAS HABICHELAS MÁGICAS, o cuando los niños aún eran inocentes II (adaptación)



Periquín vivía con su madre en una pequeña cabaña del bosque. Después de que su madre se quedara viuda, la situación de la familia empeoró tanto al punto de la madre pedir a Periquín a que fuera a la ciudad para intentar vender lo único que poseían, una vaca. El niño llevó la vaca atada con una cuerda, y en el camino se encontró con un hombre que llevaba una bolsa de habichuelas. El hombre explicó a Periquín que aquellas habichuelas eran mágicas, y las ofreció en cambio de la vaca. Periquín aceptó el cambio y volvió muy contento a su casa con la bolsa de habichuelas. Su madre, disgustada, se puso a llorar. Contrariada, ella cogió las habichuelas y las arrojó a la tierra.

Al día siguiente, cuando Periquín se levantó, fue grande su sorpresa cuando al abrir la ventana notó que las habichuelas habían crecido tanto que sus ramas se perdían de vista hacia el cielo. Sin pensar dos veces, Periquín trepó por la planta, y subió lo más alto que pudo, por encima de las nubes, donde encontró a un país desconocido.

Entró en un castillo y vio a un malvado gigante que tenía una gallina que ponía huevos de oro cada vez que se la ordenaba. Periquín pensó que con aquella gallina él y su mamá podrían tener dinero para comprar comida. Entonces, esperó que el gigante se durmiera, y muy despacito, se llevó a la gallina. Llegó a las ramas de las habichuelas y descolgándose, tocó el suelo y volvió a la cabaña. Su madre se puso muy contenta. Con los huevos que ponía la gallina los dos vivieron tranquilos por mucho tiempo hasta que la gallina se murió. Periquín trepó otra vez por la planta y volvió al castillo. Escondido detrás de una cortina, él pudo observar cómo el gigante contaba las monedas de oro que sacaba de una bolsa. En cuanto se durmió el gigante, salió Periquín a recoger las monedas de oro, y se echó a correr hasta la planta, y luego hasta su casa. Con las monedas de oro, ellos tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo.

Sin embargo, las monedas también se acabaron, y Periquín escaló otra vez las ramas de la planta para ir al castillo del gigante. De esta vez vio al ogro guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la tapa, dejaba caer una moneda de oro. En cuanto el gigante salió de la habitación, el niño cogió la cajita y se la guardó. Desde su escondite, Periquín vio que el gigante se tumbaba en un sofá, mientras un arpa tocaba sola sin que mano alguna tocara sus cuerdas. Sonaba una preciosa música. Mientras el gigante escuchaba aquella melodía, se fue cayendo en el sueño, poco a poco. Periquín aprovechó la ocasión para coger el arpa y echar a correr. Pero el arpa estaba encantada. Al ser tomada por Periquín, empezó a gritar:
- ¡Eh, señor amo, despierte usted, que me roban!

El gigante se despertó de un sobresalto y empezó a perseguir a Periquín que se daba cada vez más prisa. Al llegar a la planta, el niño vio que el gigante también descendía por ella. No había tiempo que perder. Así que mientras bajaba la planta gritó Periquín a su madre, que le trajera urgentemente un hacha. Su madre acudió con el hacha y Periquín, de un certero golpe, cortó el tronco de la trágica habichuela. Al caer, el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías. Periquín y su madre vivieron felices con la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de oro.
FIN

Un cuento de Hans Christian Andersen

miércoles, febrero 13, 2013

HANSEL Y GRETEL, o cuando los niños aún eran inocentes I (adaptación)




Junto a un bosque muy grande vivía un pobre leñador con su mujer y dos hijos; el niño se llamaba Hänsel, y la niña, Gretel. Apenas tenían qué comer, y en una época de carestía que sufrió el país, llegó un momento en que el hombre ni siquiera podía ganarse el pan de cada día. Estaba el leñador una noche en la cama, cavilando y revolviéndose, sin que las preocupaciones le dejaran pegar el ojo; finalmente, dijo, suspirando, a su mujer: - ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo alimentar a los pobres pequeños, puesto que nada nos queda? - Se me ocurre una cosa -respondió ella-. Mañana, de madrugada, nos llevaremos a los niños a lo más espeso del bosque. Les encenderemos un fuego, les daremos un pedacito de pan y luego los dejaremos solos para ir a nuestro trabajo. Como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos libraremos de ellos. - ¡Por Dios, mujer! -replicó el hombre-. Eso no lo hago yo. ¡Cómo voy a cargar sobre mí el abandonar a mis hijos en el bosque! No tardarían en ser destrozados por las fieras. - ¡No seas necio! -exclamó ella-. ¿Quieres, pues, que nos muramos de hambre los cuatro? ¡Ya puedes ponerte a aserrar las tablas de los ataúdes! -. Y no cesó de importunarle hasta que el hombre accedió-. Pero me dan mucha lástima -decía.

Los dos hermanitos, a quienes el hambre mantenía siempre desvelados, oyeron lo que su madrastra aconsejaba a su padre. Gretel, entre amargas lágrimas, dijo a Hänsel: - ¡Ahora sí que estamos perdidos! - No llores, Gretel -la consoló el niño-, y no te aflijas, que yo me las arreglaré para salir del paso. Y cuando los viejos estuvieron dormidos, levantóse, púsose la chaquetita y salió a la calle por la puerta trasera. Brillaba una luna esplendoroso y los blancos guijarros que estaban en el suelo delante de la casa, relucían como plata pura. Hänsel los fue recogiendo hasta que no le cupieron más en los bolsillos. De vuelta a su cuarto, dijo a Gretel: - Nada temas, hermanita, y duerme tranquila: Dios no nos abandonará -y se acostó de nuevo.

A las primeras luces del día, antes aún de que saliera el sol, la mujer fue a llamar a los niños: - ¡Vamos, holgazanes, levantaos! Hemos de ir al bosque por leña-. Y dando a cada uno un pedacito de pan, les advirtió-: Ahí tenéis esto para mediodía, pero no os lo comáis antes, pues no os daré más. Gretel se puso el pan debajo del delantal, porque Hänsel llevaba los bolsillos llenos de piedras, y emprendieron los cuatro el camino del bosque. Al cabo de un ratito de andar, Hänsel se detenía de cuando en cuando, para volverse a mirar hacia la casa. Dijo el padre: - Hänsel, no te quedes rezagado mirando atrás, ¡atención y piernas vivas! - Es que miro el gatito blanco, que desde el tejado me está diciendo adiós -respondió el niño. Y replicó la mujer: - Tonto, no es el gato, sino el sol de la mañana, que se refleja en la chimenea. Pero lo que estaba haciendo Hänsel no era mirar el gato, sino ir echando blancas piedrecitas, que sacaba del bolsillo, a lo largo del camino.

Cuando estuvieron en medio del bosque, dijo el padre: - Recoged ahora leña, pequeños, os encenderé un fuego para que no tengáis frío. Hänsel y Gretel reunieron un buen montón de leña menuda. Prepararon una hoguera, y cuando ya ardió con viva llama, dijo la mujer: - Poneos ahora al lado del fuego, chiquillos, y descansad, mientras nosotros nos vamos por el bosque a cortar leña. Cuando hayamos terminado, vendremos a recogeros.

Los dos hermanitos se sentaron junto al fuego, y al mediodía, cada uno se comió su pedacito de pan. Y como oían el ruido de los hachazos, creían que su padre estaba cerca. Pero, en realidad, no era el hacha, sino una rama que él había atado a un árbol seco, y que el viento hacía chocar contra el tronco. Al cabo de mucho rato de estar allí sentados, el cansancio les cerró los ojos, y se quedaron profundamente dormidos. Despertaron, cuando ya era noche cerrada. Gretel se echó a llorar, diciendo: - ¿Cómo saldremos del bosque? Pero Hänsel la consoló: - Espera un poquitín a que brille la luna, que ya encontraremos el camino. Y cuando la luna estuvo alta en el cielo, el niño, cogiendo de la mano a su hermanita, guiose por las guijas, que, brillando como plata batida, le indicaron la ruta. Anduvieron toda la noche, y llegaron a la casa al despuntar el alba. Llamaron a la puerta y les abrió la madrastra, que, al verlos, exclamó: - ¡Diablo de niños! ¿Qué es eso de quedarse tantas horas en el bosque? ¡Creíamos que no queríais volver! El padre, en cambio, se alegró de que hubieran vuelto, pues le remordía la conciencia por haberlos abandonado.

Algún tiempo después hubo otra época de miseria en el país, y los niños oyeron una noche cómo la madrastra, estando en la cama, decía a su marido: - Otra vez se ha terminado todo; sólo nos queda media hogaza de pan, y sanseacabó. Tenemos que deshacernos de los niños. Los llevaremos más adentro del bosque para que no puedan encontrar el camino; de otro modo, no hay salvación para nosotros. Al padre le dolía mucho abandonar a los niños, y pensaba: "Mejor harías partiendo con tus hijos el último bocado." Pero la mujer no quiso escuchar sus razones, y lo llenó de reproches e improperios. Quien cede la primera vez, también ha de ceder la segunda; y, así, el hombre no tuvo valor para negarse.

Pero los niños estaban aún despiertos y oyeron la conversación. Cuando los viejos se hubieron dormido, levantóse Hänsel con intención de salir a proveerse de guijarros, como la vez anterior; pero no pudo hacerlo, pues la mujer había cerrado la puerta. Dijo, no obstante, a su hermanita, para consolarla: - No llores, Gretel, y duerme tranquila, que Dios Nuestro Señor nos ayudará.

A la madrugada siguiente se presentó la mujer a sacarlos de la cama y les dio su pedacito de pan, más pequeño aún que la vez anterior. Camino del bosque, Hänsel iba desmigajando el pan en el bolsillo y, deteniéndose de trecho en trecho, dejaba caer miguitas en el suelo. - Hänsel, ¿por qué te paras a mirar atrás? -preguntóle el padre-. ¡Vamos, no te entretengas! - Estoy mirando mi palomita, que desde el tejado me dice adiós. - ¡Bobo! -intervino la mujer-, no es tu palomita, sino el sol de la mañana, que brilla en la chimenea. Pero Hänsel fue sembrando de migas todo el camino.

La madrastra condujo a los niños aún más adentro del bosque, a un lugar en el que nunca había estado. Encendieron una gran hoguera, y la mujer les dijo: - Quedaos aquí, pequeños, y si os cansáis, echad una siestecita. Nosotros vamos por leña; al atardecer, cuando hayamos terminado, volveremos a recogemos. A mediodía, Gretel partió su pan con Hänsel, ya que él había esparcido el suyo por el camino. Luego se quedaron dormidos, sin que nadie se presentara a buscar a los pobrecillos; se despertaron cuando era ya de noche oscura. Hänsel consoló a Gretel diciéndole: - Espera un poco, hermanita, a que salga la luna; entonces veremos las migas de pan que yo he esparcido, y que nos mostrarán el camino de vuelta. Cuando salió la luna, se dispusieron a regresar; pero no encontraron ni una sola miga; se las habían comido los mil pajarillos que volaban por el bosque. Dijo Hänsel a Gretel: - Ya daremos con el camino -pero no lo encontraron. Anduvieron toda la noche y todo el día siguiente, desde la madrugada hasta el atardecer, sin lograr salir del bosque; sufrían además de hambre, pues no habían comido más que unos pocos frutos silvestres, recogidos del suelo. Y como se sentían tan cansados que las piernas se negaban ya a sostenerlos, echáronse al pie de un árbol y se quedaron dormidos.

Y amaneció el día tercero desde que salieron de casa. Reanudaron la marcha, pero cada vez se extraviaban más en el bosque. Si alguien no acudía pronto en su ayuda, estaban condenados a morir de hambre. Pero he aquí que hacia mediodía vieron un hermoso pajarillo, blanco como la nieve, posado en la rama de un árbol; y cantaba tan dulcemente, que se detuvieron a escucharlo. Cuando hubo terminado, abrió sus alas y emprendió el vuelo, y ellos lo siguieron, hasta llegar a una casita, en cuyo tejado se posó; y al acercarse vieron que la casita estaba hecha de pan y cubierta de bizcocho, y las ventanas eran de puro azúcar. - ¡Mira qué bien! -exclamó Hänsel-, aquí podremos sacar el vientre de mal año. Yo comeré un pedacito del tejado; tú, Gretel, puedes probar la ventana, verás cuán dulce es. Se encaramó el niño al tejado y rompió un trocito para probar a qué sabía, mientras su hermanita mordisqueaba en los cristales. Entonces oyeron una voz suave que procedía del interior:
"¿Será acaso la ratita
la que roe mi casita?"
Pero los niños respondieron:
"Es el viento, es el viento
que sopla violento."
Y siguieron comiendo sin desconcertarse. Hänsel, que encontraba el tejado sabrosísimo, desgajó un buen pedazo, y Gretel sacó todo un cristal redondo y se sentó en el suelo, comiendo a dos carrillos. Abrióse entonces la puerta bruscamente, y salió una mujer viejísima, que se apoyaba en una muleta. Los niños se asustaron de tal modo, que soltaron lo que tenían en las manos; pero la vieja, meneando la cabeza, les dijo: - Hola, pequeñines, ¿quién os ha traído? Entrad y quedaos conmigo, no os haré ningún daño. Y, cogiéndolos de la mano, los introdujo en la casita, donde había servida una apetitosa comida: leche con bollos azucarados, manzanas y nueces. Después los llevó a dos camitas con ropas blancas, y Hänsel y Gretel se acostaron en ellas, creyéndose en el cielo.

La vieja aparentaba ser muy buena y amable, pero, en realidad, era una bruja malvada que acechaba a los niños para cazarlos, y había construido la casita de pan con el único objeto de atraerlos. Cuando uno caía en su poder, lo mataba, lo guisaba y se lo comía; esto era para ella un gran banquete. Las brujas tienen los ojos rojizos y son muy cortas de vista; pero, en cambio, su olfato es muy fino, como el de los animales, por lo que desde muy lejos ventean la presencia de las personas. Cuando sintió que se acercaban Hänsel y Gretel, dijo para sus adentros, con una risotada maligna: "¡Míos son; éstos no se me escapan!." Levantóse muy de mañana, antes de que los niños se despertasen, y, al verlos descansar tan plácidamente, con aquellas mejillitas tan sonrosadas y coloreadas, murmuró entre dientes: "¡Serán un buen bocado!." Y, agarrando a Hänsel con su mano seca, llevólo a un pequeño establo y lo encerró detrás de una reja. Gritó y protestó el niño con todas sus fuerzas, pero todo fue inútil. Dirigióse entonces a la cama de Gretel y despertó a la pequeña, sacudiéndola rudamente y gritándole: - Levántate, holgazana, ve a buscar agua y guisa algo bueno para tu hermano; lo tengo en el establo y quiero que engorde. Cuando esté bien cebado, me lo comeré. Gretel se echó a llorar amargamente, pero en vano; hubo de cumplir los mandatos de la bruja.

Desde entonces a Hänsel le sirvieron comidas exquisitas, mientras Gretel no recibía sino cáscaras de cangrejo. Todas las mañanas bajaba la vieja al establo y decía: - Hänsel, saca el dedo, que quiero saber si estás gordo. Pero Hänsel, en vez del dedo, sacaba un huesecito, y la vieja, que tenía la vista muy mala, pensaba que era realmente el dedo del niño, y todo era extrañarse de que no engordara. Cuando, al cabo de cuatro semanas, vio que Hänsel continuaba tan flaco, perdió la paciencia y no quiso aguardar más tiempo: - Anda, Gretel -dijo a la niña-, a buscar agua, ¡ligera! Esté gordo o flaco tu hermano, mañana me lo comeré. ¡Qué desconsuelo el de la hermanita, cuando venía con el agua, y cómo le corrían las lágrimas por las mejillas! "¡Dios mío, ayúdanos! -rogaba-. ¡Ojalá nos hubiesen devorado las fieras del bosque; por lo menos habríamos muerto juntos!." - ¡Basta de lloriqueos! -gritó la vieja-; de nada han de servirte.

Por la madrugada, Gretel hubo de salir a llenar de agua el caldero y encender fuego. - Primero coceremos pan -dijo la bruja-. Ya he calentado el horno y preparado la masa -. Y de un empujón llevó a la pobre niña hasta el horno, de cuya boca salían grandes llamas. Entra a ver si está bastante caliente para meter el pan -mandó la vieja. Su intención era cerrar la puerta del horno cuando la niña estuviese en su interior, asarla y comérsela también. Pero Gretel le adivinó el pensamiento y dijo: - No sé cómo hay que hacerlo; ¿cómo lo haré para entrar? - ¡Habráse visto criatura más tonta! -replicó la bruja-. Bastante grande es la abertura; yo misma podría pasar por ella -y, para demostrárselo, se adelantó y metió la cabeza en la boca del horno. Entonces Gretel, de un empujón, la precipitó en el interior y, cerrando la puerta de hierro, corrió el cerrojo. ¡Allí era de oír la de chillidos que daba la bruja! ¡Qué gritos más pavorosos! Pero la niña echó a correr, y la malvada hechicera hubo de morir quemada miserablemente.

Corrió Gretel al establo donde estaba encerrado Hänsel y le abrió la puerta, exclamando: ¡Hänsel, estamos salvados; ya está muerta la bruja! Saltó el niño afuera, como un pájaro al que se le abre la jaula. ¡Qué alegría sintieron los dos, y cómo se arrojaron al cuello uno del otro, y qué de abrazos y besos! Y como ya nada tenían que temer, recorrieron la casa de la bruja, y en todos los rincones encontraron cajas llenas de perlas y piedras preciosas. - ¡Más valen éstas que los guijarros! -exclamó Hänsel, llenándose de ellas los bolsillos. Y dijo Gretel: - También yo quiero llevar algo a casa -y, a su vez, se llenó el delantal de pedrería. - Vámonos ahora -dijo el niño-; debemos salir de este bosque embrujado -. A unas dos horas de andar llegaron a un gran río. - No podremos pasarlo -observó Hänsel-, no veo ni puente ni pasarela. - Ni tampoco hay barquita alguna -añadió Gretel-; pero allí nada un pato blanco, y si se lo pido nos ayudará a pasar el río -.

Y gritó:
"Patito, buen patito
mío Hänsel y Gretel han llegado al río.
No hay ningún puente por donde pasar;
¿sobre tu blanca espalda nos quieres llevar?."
Acercóse el patito, y el niño se subió en él, invitando a su hermana a hacer lo mismo. - No -replicó Gretel-, sería muy pesado para el patito; vale más que nos lleve uno tras otro. Así lo hizo el buen pato, y cuando ya estuvieron en la orilla opuesta y hubieron caminado otro trecho, el bosque les fue siendo cada vez más familiar, hasta que, al fin, descubrieron a lo lejos la casa de su padre. Echaron entonces a correr, entraron como una tromba y se colgaron del cuello de su padre. El pobre hombre no había tenido una sola hora de reposo desde el día en que abandonara a sus hijos en el bosque; y en cuanto a la madrastra, había muerto. Volcó Gretel su delantal, y todas las perlas y piedras preciosas saltaron por el suelo, mientras Hänsel vaciaba también a puñados sus bolsillos. Se acabaron las penas, y en adelante vivieron los tres felices. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

CUENTO DE LOS HERMANOS GRIMM 

martes, enero 08, 2013

EL HOBBIT (adaptación)





EL HOBBIT
J.R.R. TOLKIEN
Ed. Minotauro, Barcelona, 1982

-         ¡Que el amanecer caiga sobre todos y que sea piedra para vosotros! –dijo una voz que sonó como la de Guille. Pero no lo era. En ese preciso instante, la aurora apareció sobre la colina y hubo un bullicioso gorjeo en la enramada. Guille ya no dijo nada más, pues se convirtió en piedra mientras se encorvaba, y Berto y Tom se quedaron inmóviles como rocas cuando lo miraron. Y allí están hasta nuestros días, solos, a menos que los pájaros se posen sobre ellos; pues los trolls, como seguramente sabéis, tienen que estar bajo tierra antes del alba, o vuelven a la materia montañosa de la que están hechos, y nunca más se mueven. Pág. 38

-         El dueño de la casa era amigo de los elfos, una de esas gentes cuyos padres aparecen en cuentos extraños, anteriores al principio de la historia misma, las guerras de los trasgos malvados y los elfos, y los primeros hombres del Norte. En los días de nuestro relato, había algunas gentes que descendían de los elfos y los héroes del Norte; y Elrond, el dueño de la casa, era jefe de todos ellos. Era tan noble y de facciones tan hermosas como un señor de de los elfos, fuerte como un guerrero, sabio como un mago, venerable como un rey de los enanos, y benévolo como el estío. Aparece en muchos relatos, pero la parte que desempeña en la historia de la aventura de Bilbo es pequeña, aunque importante, como veréis, si alguna vez llegamos a acabarla. Pág. 45